VERSOS QUE ILUMINAN... PALABRAS QUE QUEMAN

viernes, 24 de julio de 2015

Vivos por siempre!!! "La Gaby" Norma Arrostito y el negro Sabino Navarro" de FRANCISCO ALVERO CANTA




Vivos por siempre estaran!!! 
   "La Gaby" Norma Arrostito y el negro Sabino Navarro

Recitado:

Atencion pido al silencio
y al silencio la atencion
Quiero cantar como Fierro
dandoles mi opinion
de paisano y compañero
peronista y montonero
  
Si el peronismo no reconoce
de izquierdas ni de derechas
entonces que son esos ñatos
traidores en los setenta?
Que ahora sacan su chapa
de luchadores de pura cepa

  Con el cuco del comunismo
entregaron compañeros
Denostando a Montoneros
con fanfarria militar
y ahora dicen que al frente
 solo ellos conformaran!

Es esta mi Chacarera
Peronista y montonera
por eso no anda con vueltas
y ya se la juega entera!
 si alguno los ofendiera
no seran de la tendencia

Que se creyeron aquello
dueños del movimiento
o tal vez del peronismo
como en aquellos tiempos
Cuando el pueblo supero
aun al propio Peron

Si decimos como Cooke
 somos "el hecho maldito..." 
mas nos cruzamos de brazos
y ya los confrontamos
pasara lo que ahora pasa
perdermos los espacios

Sacan pecho los guanacos
  escupiendo de costado
pa imponer la burocracia
cipaya y parasitaria
terjiversando la esencia
de liberacion o dependencia

Mis hermanos son de abajo
mis enemigos de arriba
No vengan a dividirnos
con las antiguas rencillas
peronistas, comunistas
junto a los socialistas

I

Si estuvieran La Gaby Arrostito
o el mismo Sabino Navarro
queridos compañerazos
que su vida han entregado
a muchos de esos gorilas
los harian re cagar

Y a aquellos pre-candidatos, 
 los harían confesar
Toditas esas verdades 
que saben bien ocultar
Y asi las contradicciones
saltarian de verdad

Como dijo el innombrable
  Patiyudo e inmoral
- "Si decia la verdad
No me iban a votar"
Sera una Nueva Argentina
"no los voy a defraudar"


Por eso viven en el pueblo
y sobre todo en la lucha popular
Queridos compañerazos
de la causa nacional 
Desde siempre y para siempre 
Hasta la victoria final 


II

Nos dicen que hay  votacion
Y no nos dan eleccion
el muerto o el degollado
el sapo o el renacuajo
No queremos mal menor
Solo la liberacion

Unos, cuentan con el aparato 
Otros, con el monopolio 
no hace falta ser un genio
para descubrir el moño
ambos engañan con saña
y se hacen los dolobu


Tan solo ansian poder,
por el poder, nada mas
no tienen ni compromiso
ni ideales, eso jamas!
solo su cara de piedra
les permitiria avanzar

Si llegan a la Rosada, 
  Ay, que triste calamidad
de sus hermosas promesas
muy pronto se olvidaran 
Y como en el dos mil uno
el pueblo los echara!!!




 Si estuvieran los comandantes
 Gaby Arrostito y Sabino Navarro 
A esos payasos farsantes
Los desenmascarian mal
Por eso para nosotros,
siempre vivos estaran! 


Vivos por siempre, estaran!





Si lo viera o escuchara William Cooke...



Señor comunista...¡¡¡Renuncie!!!
Señor comunista...¡¡¡Renuncie!!!
Su afán por posicionar a Julián Domínguez, a quien acompaña en la fórmula, lo lleva a la permanente provocación.
Ya le dijo a Aníbal Fernández que se baje, que se pegue un baño de humildad, que no mide, que no tiene fiscales, que se deje de molestar y tantas otras cosas más.
Es parte del folklore. Nada nuevo para una interna del PJ bonaerense, que no se ha caracterizado en todos estos años precisamente por la diplomacia.
Pero en los últimos días Fernando Espinoza -de él se trata- traspasó un límite que remite a lo peor de la historia peronista.
"Acá no hay ninguno que sea de la Federación Comunista ¿no?", se preguntó con cierto aire ramplón en la apertura de un acto en Merlo.
Lejos de la pretendida tercera posición, de mostrar equidistancia de comunistas y liberales, el sindicalismo ostentaba un discurso reaccionario y macartista contra el activismo fabril.
La chicana, aplaudida por los concurrentes, apuntaba al pasado combativo de Martín Sabbatella, un viejo detractor de los "barones del conurbano" que se convirtió en competidor directo por la candidatura a vicegobernador haciendo dupla con Aníbal Fernández.
Si Espinoza pudiera hacer una adaptación de Bombita Rodríguez, aquel desopilante personaje de Diego Capusotto, increparía al titular de la AFSCA al grito de "Señor comunista... ¡¡¡Renuncie!!!".
En los ´70 la burocracia sindical acuñó aquel "ni yanquis ni marxistas, peronistas" como un grito de guerra contra el crecimiento de la izquierda en el movimiento obrero.
Lejos de la pretendida tercera posición, de mostrar equidistancia de comunistas y liberales, el sindicalismo ostentaba un discurso reaccionario y macartista contra el activismo fabril.
Los memoriosos recuerdan "el operativo contra la serpiente roja del Paraná". Fue la denominación de un acción represiva en tiempos de Isabel Perón que descabezó a los cuerpos de delegados y conducciones obreras del cordón industrial de Rosario.
Las detenciones se hicieron en base a listas confeccionadas por las patronales y la dirigencia nacional de la UOM, que conducía Lorenzo Miguel.
Nadie olvida el rol protagónico que adquirió la Triple A en el preámbulo de la dictadura. Esa Asociación Argentina Anticomunista ideada por el influyente ministro José López Rega practicaba atentados y asesinatos selectivos para frenar la influencia de la izquierda en elperonismo.
Como una rémora de ese pasado, en 2009 el metalúrgico Juan Belén se refirió a la "zurda loca" para criticar la militancia combativa de la CTA, lo que le valió un fuerte repudio social.
Durante el conflicto del campo, la Sociedad Rural también exudó ese discurso vetusto cuando equiparó las banderas del kirchnerismo con las de "un sucio trapo rojo".
Espinoza retomó es línea al referirse de manera despectiva a la militancia juvenil de Sabbatella. Lo hizo flanqueado por Raúl Othacehé, el perenne intendente de Merlo que ya se había quejado de los "comunistas" que cobija el gobierno.
La idea de la pureza peronista sobrevoló durante un acto cargado de elogios a Néstor y Cristina Kirchner, justamente quienes sumaron al proyecto nacional y popular a las distintas vertientes de izquierda y centroizquierda bajo el paraguas de la transversalidad.
Fue toda una paradoja pero no la única. Espinoza también dio allí su apoyo irrestricto a Daniel Scioli sin percatar que el candidato presidencial lleva como compañero de fórmula a un ex militante maoísta. ¿Si Sabbatella le resulta revulsivo qué opinará de Carlos Zannini y su pasado marxista-leninista?
Nadie sabe si el intendente de La Matanza trocará su inflexible discurso por otro más integrador conocidas, ahora, las generosas palabras que se prodigaron Scioli y Raúl Castro enCuba.
Acaso relativice aquella foto regional y mantenga en alto su férreo anticomunismo. Ahora bien ¿qué dirá cuando el 9 de agosto vaya a votar y vea que en la tira de boletas del Frente para la Victoria, entre los candidatos a legisladores del Parlasur, figura Patricio Echegaray, actual secretario general del Partido Comunista de Argentina?






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 El pre candidato a vice presidente y actual intendente Espinoza volvió a pegar palitos a Sabbatella. "No hay nadie de la Federación comunista aca. Aca somos todos peronistas" Este tipo sabra que el FPV son 14 partidos, incluyendo a NE ya una parte del PC?
Como se sienten los pibes del PC Congreso extraordinario, que son parte del FPV desde hace muchos años? Que son parte DE ESTE frente anotado para estas elecciones? AÑOS en la plaza, sus banderas codo a codo con las banderas de las orgas peronistas. No me van a decir que no han visto en la Plaza las vanderas rojas con la hoz y el martillo. Yo las vi durante la 125. Las ví el dia de la muerte de Néstor, en la Plaza. Y ahora no son mas dignos de estar en el espacio? No son iguales? No tienen derecho a participar en las listas?! Son comparsa, acompañantes de quinta?!
El 1º de Marzo en el Congreso, las banderas de Nuevo Encuentro copaban toda la esquina de Entre Rios, justo al Congreso. Cuantas vecs hemos visto la plaza inundada de banderas celestes de NE? Ahora no sirven mas esos pibes?!
Como se pueden sentir, cuando dicen que si una formula lleva a alguien que tildan de comunista no sirve? Patricio Echegaray, comunista efectivamente, va en la lista de nuestros legisladores para el ParlaSur. Listas nacionales armadas por Cristina. Como se puede sentir la propia Cristina, cuando el tipo que le dijo "Yo no me bajo nada Cristina" (Espinoza) sigue con sus macarteadas? El FPV son CATORCE partidos, incluidos NE y parte del PC.
Lo de Kunkel, Espinoza y Dominguez NO SE HACE, porque se insulta a ALIADOS. Gente que ESTUVO cuando los peronistas de Perón se rajaron e hicieron el Peronismo disidente o el Frente Renovador. NO SE HACE. Asi es al menos como lo entiendo yo.
 

  •  ESTOS PIBES DE NUEVO ENCUENTRO TIENEN CONVICCIONES PROPIAS NO SON VENDIDOS COMO MUCHOS QUE SE DICEN SER PERONISTAS O KIRCHNERISTAS Y TIENEN LA CAMISETA PUESTA EL FPV A GIRADO HACIA LA DERECHA CON ESTOS CANDIDATOS QUE SALIERON AHORA COMO LOS BUITRES A SACAR LA CABEZA DE SUS MADRIGUERAS, COMO EVITA DIJERA... 

  •  La plaza , con gente que se movilizaba sola o en familia, con chicos, en paz , ya no volverá. Las próximas van a ser plazas de "aparato", movilizados desde intendencias , organizaciones , sindicatos. Con cadenas humanas para no mezclarse, con sus pancartas que dirán Scioli y mengano conducción. Habrá tensión , y maniobras para ubicarse en lugares estratégicos y violencia latente. Eso es lo que ha quedado, luego de los manejos torpes de Cristina en esta coyuntura.







Fragmentos de una historia
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Juan Gelman - Ajá (2001)   |    Gonzalo Chaves - "La Triple A hizo el trabajo de cortar los puentes entre los viejos y nuevos peronistas"
Roberto Cirilo Perdía - "El poder económico tuvo una responsabilidad directa en promover al Golpe de Estado"
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Montoneros - Documentos internos y partes de guerra  |  Diccionario de los 70
Entrevista a Roberto Perdía, marzo 2011   |  Movimiento Peronista Montonero - Documento de Roma
 


Montoneros: El llanto para el enemigo 

"Hoy, 29 de mayo, a las 9.30 horas, nuestro Comando procedió a la detención de PEDRO EUGENIO ARAMBURU, en cumplimiento de una orden emanada de nuestra conducción, a los fines de someterlo a JUICIO REVOLUCIONARIO.

"Sobre Pedro Eugenio Aramburu pesan 108 cargos de TRAIDOR A LA PATRIA Y AL PUEBLO Y DE ASESINO DE 27 ARGENTINOS.

"Oportunamente se darán a conocer las alternativas del juicio y la sentencia dictada".

Era el comunicado número 1 de los MONTONEROS: una bomba política que sacudió a la Argentina y expandió sus ondas por el mundo entero. Aramburu era en ese momento, el eje de una amplia maniobra política que le tenía prácticamente asegurada la presidencia argentina.

Ahora este muchacho, dirigente nacional de los Montoneros, que maneja con precisión su Chevrolet por las calles congestionadas de un Buenos Aires inoportunamente primaveral, me va a contar por qué secuestraron y ejecutaron a Aramburu, cuál es la ideología y la estrategia del Movimiento, por qué son peronistas, cómo entienden la revolución a escala latinoamericana, qué piensan de la Revolución Cubana; me dirá, por fin quiénes son realmente los MONTONEROS.
Las versiones que se manejan sobre las motivaciones que ustedes tuvieron para secuestrar y ajusticiar a Aramburu van desde que cumplieron una especie de "castigo bíblico", hasta las de un revanchismo anacrónico. ¿Cuáles fueron realmente las motivaciones del Movimiento?
Sabemos que corren todas esas versiones. Pero antes de responderle quiero darle algunos antecedentes. MONTONEROS se había desarrollado, previamente a esta operación en una larga etapa de organización y preparación, durante la cual nos fogueamos en el combate y realizamos numerosas operaciones. Así, una vez que consideramos que habíamos logrado un desarrollo organizativo mínimo, una consolidación política y una técnica militar y, sobre todo, que el proceso del pueblo argentino había madurado lo suficiente como para prestar una adecuada receptividad a las acciones armadas, decidimos dar un paso más delante en lo que hace al grado de violencia ofensiva. O sea, avanzar en la escalada político-militar que se iniciara con atentados, asaltos a policías de parada, a postas militares, a polígonos de tiro, a armerías, entre otras cosas hasta llegar a la toma de bancos y destacamentos policiales. Por eso planificamos entre otras, esta operación de envergadura nacional.

¿Y las motivaciones concretas de la operación Aramburu?

Fueron varias y la consideramos absolutamente cumplidas.

"No quiero entregarme viva". Revista Evita Montonera
 Nº 13, abril-mayo de 1976. Clic para agrandar
Primero: aplicar la justicia revolucionaria. Como tal, consideramos que este hecho, que abarca la detención, juicio, sentencia y ejecución de Aramburu, significa el desconocimiento absoluto de la justicia del régimen y el comienzo de la instauración del poder popular. En segundo lugar queríamos privar al régimen de su carta más importante para la salida demoliberal, dando con ello un golpe durísimo al sistema. Creo que esto queda certificado por la reacción posterior de la "Unión Democrática". Aramburu era el hombre de recambio del régimen, contando para ello con él apoyo de los generales y los oligarcas, su prestigio entre los sectores gorilas e imperialistas y su intentona populista de acercamiento al peronismo apoyada por la traición cómplice de algunos tránsfugas.

¿Qué consecuencias estiman que tuvo la operación?

Creemos que es el primer hecho militar realizado por una organización revolucionaria que implica por sí sólo definirse políticamente. Ya asaltar un banco o tomar un destacamento militar no define políticamente a nadie. Y por otra parte, la ejecución provocó una agudización de las contradicciones internas del régimen, de las cuales el resultado es el cambio de Onganía por Levingston y dejó en evidencia que la verdadera disyuntiva del país es peronismo o antiperonismo.

¿Ustedes siguen creyendo en la antinomia peronismo-antiperonismo? El propio Paladino, miembro del Consejo Superior del Movimiento Nacional Justicialista, vocero político del peronismo en el país, declaró que "la antinomia peronismo-antiperonismo ha desaparecido".

Nosotros consideramos no sólo vigente esa contradicción sino cada vez, más profunda. Los que han cambiado no son los términos de esa contradicción, sino la configuración de sus elementos. O sea, que el cambio se ha dado en la conformación de esas fuerzas, ya que sectores de una se han pasado a la otra y viceversa.

Así es que el antiperonismo se ha visto engrosado con los sectores burgueses y las burocracias sindicales del Movimiento, que desde 1955 vienen pasándose al campo enemigo, unos enrolándose en el frondifrigerismo desarrollista y otros en el neoperonismo o peronismo sin Perón. Tendencias ambas que andan convergiendo en estos días. Mientras que por otro lado, también las Fuerzas Armadas purgaron todos sus elementos peronistas a través de los fusilamientos y bajas resultantes de cada levantamiento peronista. Por ejemplo el Movimiento de Recuperación Nacional de 1956 encabezado por los generales J. J. Valle y R. Tanco; la sublevación del General Iñiguez, en Rosario, en 1960. De esta manera se han perfilado en ellas dos alas: una pro-yanki dependiente del Pentágono, y otra nacionalista, sin pueblo, que siempre termina haciéndole el juego a la otra. Aún así, no negamos la existencia de posibles excepciones y es a tales excepciones que convocamos a que participen de la lucha del pueblo.

Por otro lado, sectores antiperonistas o no peronistas hace quince años, se han acercado e integrado al peronismo, como es el caso de sectores cristianos, laicos y clericales, el estudiantado universitario y nacionalistas izquierdistas que comprendieron el carácter revolucionario del Movimiento.

Volviendo a la operación de Aramburu. Hay sectores de opinión que insisten en que hubo participación, por la menos indirecta, de los Servicios de Inteligencia del Estado (SIDE). ¿Qué hay de cierta en esto?

Esos sectores a los que usted se refiere, están interesados en negar la posibilidad de la existencia de una organización armada peronista capacitada política y militarmente, como para realizar una operación de esta envergadura. Además lo niegan en función de las contradicciones internas del régimen.

De todas formas hay, o por lo menos, así se presentan, una serie de puntos confusos...

Todo es parte de una maniobra confusionista del régimen, apoyada por los eternos "revolucionarios de café", pero, nos consta que para el pueblo no hay puntos confusos y eso nos basta.

No quisiera quedarme con ninguna reserva y voy a hacerle algunas otras preguntas sobre esto. Ni Maza, ni Abal Medina, ni Ramus fueron reconocidos por los familiares del Teniente General Aramburu como participantes en el primer aspecto de la operación: el secuestro. ¿Cómo se explica esto?

Lo que afirmen o nieguen los presuntos testigos del hecho, es problema de ellos, no nuestro y no nos importan los distintos intereses que los llevan a afirmar o negar determinados datos.
En cuanto a la aparición del cadáver de Aramburu se ha señalado como extraño que fuera sepultado en la propia casa de Ramus sin tomar precauciones mínimas que dificultaran su identificación, como hubiera sido sacarle la sortija matrimonial y la prótesis dental.

Le pido me disculpa que no conteste ahora a esa pregunta, pero su respuesta afectaría normas de seguridad y compartimentación.

Quisiera preguntarle una última cosa sobre esto: el episodio de William Morris, donde mueren Abal Medina y Ramus, ¿fue producto de una delación? Toda la operación parece más bien dirigida a exterminarlos que a capturarlos con vida, siendo como eran, elementos muy importantes para el esclarecimiento de todo este asunto.

No creemos que la policía tuviera el dato preciso de quiénes estaban allí porque en ese caso hubiera actuado de otra manera: sin duda llevando más efectivos, etc, Por otro lado era imposible capturar con vida a los compañeros que ahí estaban, salvo los que se encontraban desarmados que es el caso del compañero detenido porque tenían la consigna de resistirse hasta escapar o morir.

Le reitero, finalmente, que pensar que Montoneros tiene alguna vinculación con el SIDE es no sólo erróneo, sino absurdo. Detrás nuestro, no hay ningún cerebro maquiavélico como pretende el gorilaje, ningún general oportunista, ninguna potencia extranjera. Detrás nuestro sólo pueden estar el pueblo y el General Perón.

Entre las críticas que se le han hecho a la operación Aramburu, desde posiciones revolucionarias, está la de que, dada su magnitud, les creaba a ustedes un problema respecto a cómo garantizar la continuidad y progresión de acciones futuras.

Cuando se realizó la operación Aramburu, estaba suficientemente garantizada la continuidad, lo que quedó demostrado al realizarse la toma de La Calera un mes más tarde. Recién luego de esta operación, comenzaron los problemas que son propios de la etapa en que se encuentra la resistencia armada en la Argentina, ya que no podemos suponer que somos invulnerables y que nunca vamos a tener presos y muertos.

Todos sabemos que es la primera etapa de la lucha, la más dura y peligrosa y que los que toman la delantera a menudo, deben pagar con su vida, la experiencia que aprovecharán los demás.

Aún así se podría disentir con respecto a si el momento era el adecuado o si realmente era necesario afrontar los riesgos que afrontamos en esta etapa.

¿Cuál es el balance que finalmente hacen?

A pesar de todos los problemas sufridos, consideramos un acierto haber realizado hechos de tal volumen, porque abrieron nuevas perspectivas al movimiento armado, tanto en lo político como en lo militar, lo que se comprueba en la creciente expectativa popular y la ola de acciones armadas desencadenadas en estos momentos.

¿Ustedes buscaban también ese efecto?

Intentábamos con estos golpes dar un paso adelante en lo que se refiere a la capacidad ofensiva de las organizaciones armadas, demostrando que eran posibles, hechos de envergadura y que el régimen era vulnerable a los mismos, con lo cual la lucha armada en la Argentina podría trasponer el tope a que había llegado y entrar de lleno a pesar sobre la realidad política. Consideramos haber logrado esos objetivos puesto que no perdimos totalmente nuestra continuidad, provocamos un alza de las acciones armadas y, por tanto redujimos el margen de maniobra del régimen, como lo demuestra el golpe del 8 de junio, el aplazamiento del proceso electoral fraudulento hasta tanto no se pacifique el país, etc.

¿Cuál es la ideología del Movimiento? Entendemos que algunos de sus componentes son el cristianismo y el peronismo ¿cómo entienden estas concepciones?

Somos peronistas aunque provengamos de distintos orígenes y formaciones. El peronismo tiene una doctrina creada en 1945, que se fue reelaborando y actualizando durante los 25 años posteriores. Esta doctrina se sintetiza en las tres banderas del Movimiento: Independencia Económica, Justicia Social y Soberanía Política. .

Estas tres banderas en 1970 se expresan a través de la necesidad de lograr un desarrollo económico independiente y una justa distribución de la riqueza, dentro del marco de un sistema socialista que respete nuestra historia y nuestra cultura nacional.

Por otro lado, la doctrina fue definida por su creador, el General Perón, como profundamente nacional, humanista y cristiana, respetuosa de la persona humana sobre todas las cosas.
¿Cuál es la estrategia revolucionaria de la organización?

La de la Guerra Popular. Esta presenta distintas características, debe ser total, nacional y prolongada. Le digo total, porque supone la destrucción del Estado capitalista y de su ejército, como previos a la toma del poder por el pueblo. Hablamos de nacional, porqué su sentido es el de la emancipación del dominio extranjero, a la par que la reivindicación del pueblo argentino. Y por último, la calificamos de prolongada, porque hay que formar el Ejército Popular, lo que implica tiempo para desarrollarlo y además, debido a las características del ejército enemigo al cual no es posible derrotar en un combate y sí, en cambio, desgastarlo en la lucha a través del tiempo.

¿Cuál es la relación de los Montoneros con las otras organizaciones armadas argentinas y cómo ven sus estrategias, en cada caso?

Las estrategias de las organizaciones armadas de la Argentina, son básicamente similares. Esa similitud se expresa en los puntos mínimos de coincidencia que creemos indispensables para desarrollar más adelante una tarea conjunta. Tales puntos son el desarrollo de la guerra popular como único método para lograr la liberación de nuestra patria; la convicción de que esa liberación sólo es posible conjuntamente con la del resto de América Latina y que el movimiento de masas que expresa y encarna esta vocación revolucionaria en la Argentina, es el peronismo.

Es cierto que existen diferencias de apreciación política y hasta de ideología en algunos casos. Indudablemente con quien tenemos mayor afinidad es con las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). Pero nuestras relaciones con todas las organizaciones hermanas son de solidaridad y respeto, el que se merecen todos los que luchan honestamente.

¿Cómo ve la revolución a escala latinoamericana? ¿Consideran la necesidad de una estrategia continental?

El General Perón sentó, hace muchos años, la Doctrina de la Tercera Posición. Esto nosotros no lo vemos, por supuesto, como una equiparación del campo imperialista y del socialista, sino como una forma de vinculación solidaria activa con los pueblos latinoamericanos, asiáticos y africanos, los del llamado Tercer Mundo, explotados por el colonialismo y el imperialismo. En cuanto a Latinoamérica, no sólo la doctrina sino también la historia común, determina los lazos fraternos entre nuestros países. Por eso al igual que San Martín y Bolívar, como otros próceres hispanoamericanos, necesitaron unirse para independizar a América del dominio español, también hoy nosotros necesitamos unirnos a escala continental, para liberarnos del yugo yanqui, y de las oligarquías nativas.
José Sabino Navarro, "El Negro"
Un revolucionario que no era careta

Hacia fines de 1971 julio cae en combate José Sabino Navarro, "El Negro", uno de los fundadores de Montoneros, en medio de un hecho tan espectacular como su relativamente corta existencia.

La fragua de un héroe

Cuenta la crónica que nació en un humilde hogar peronista correntino el 11 de diciembre de 1942, que fue obrero metalúrgico, que militó en la Juvetud Obrera Católica, que luego fue un respetado delegado y líder sindical de Smata y que alguna vez se trenzó a trompadas con el un rompehuelgas llamado José Rodríguez.

A raíz de su paso por la JOC y su adhesión al cristianismo revolucionario se relaciona con Juan García Elorrio y los grupos reunidos en derredor de la mítica revista Cristianismo y Revolución. A través de esos contactos, en distintos plenarios, encuentros y congresos, contacta con quienes en Buenos Aires y otros lugares estaban reuniéndose para dar nacimiento a lo que sería la organización político-militar Montoneros.

La historia de los inicios de Montoneros ha sido contada y analizada por distintos autores, rescatamos al médico, escritor y ex militante fundacionalJosé Amorín; al historiador Lucas Lanusse y al filósofo y escritor José Pablo Feinmann, entre otros.

En general se coincide en la avasalladora personalidad y el ímpetu combatiente de Sabino Navarro. Las características de sus orígenes genuinamente obreros y la militancia sindical explican en parte su forma democrática de consultar a los compañeros en las decisiones fundamentales. Sabino no provenía de padres profesionales de Barrio Norte ni había estudiado en un prestigioso colegio, por el contrario su padre era analfabeto y obviamente muy pobre. Tampoco venía de Tacuara ni era un "cristianuchi" -como dice Feinmann - , o sea un chupacirios convertido en revolucionario, sin que esto signifique en absoluto una afrenta para los chupacirios convertidos en revolucionarios.

Una vez conformada la organización Montoneros, e integrado a ella, Sabino Navarro fue uno de sus principales líderes y referentes. En septiembre de 1970 la incipiente organización se enfrenta con la policía en William Morris, donde caen dos de sus fundadores: Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus. En esa acción Sabino logra escapar milagrosamente. Fue buscado intensamente por la dictadura de Lanusse, es detectado en Villa Ballester donde se enfrenta con una patrulla y caen dos policías a quienes quita sus armas. Para entonces Sabino ya era casi leyenda.

En 1971 es sancionado por la organización y obligado a trasladarse a la Regional Córdoba con la orden de reorganizarla tras su debilitamiento después de la toma de La Calera. Es interesante resaltar el motivo de la sanción disciplinaria que recae sobre Sabino Navarro: no se le perdonó una canita al aire que El Negro se tiró con una mina ajena a la organización. Tampoco se le perdonaría, varios años después, idéntica "inconducta revolucionaria" al poeta Francisco "Paco" Urondo, quien fuera obligado a trasladarse a Mendoza, donde finalmente caería en manos de la represión. Si alguien sostuviera que nos encontramos ante un severo tribunal inquisitorial, que pregona el sagrado orden natural contra las aberraciones modernas, no se equivocaría en absoluto, pero eso es otra historia.

Caída en combate
El julio de 1971 un grupo de compañeros realizan una operación de apoyo de los trabajadores de Fiat en conflicto, sustraen dos vehículos y se dirigen a Córdoba. La policía es alertada y se montan operativos de control en toda la ruta de Río Cuarto a Córdoba y comienzan los enfrentamientos. El grupo logra superar los primeros cercos pero deben abandonar uno de los vehículos, en uno de los tiroteos cae Juan Antonio Díaz, y sin movilidad se internan en el monte, que por características ofrece poca protección. Cecilio Salguero se queda cuidando la retaguardia para que el resto pueda eludir el cerco, es detenido al día siguiente. Sabino y Cottone, acorralados, siguen huyendo y obtienen provisiones en las pocas casas que encuentran. A esa altura son rastreados por helicópteros y la infantería. Se movilizan de noche y en cada intento de salir a la ruta se ven obligados a combatir y regresar al monte. En el camino que conduce al dique Los Molinos roban un Citroen, pero son insistentemente perseguidos, Sabino es herido en el hombro. Para avanzar roban un colectivo que maneja Sabino, mientras continúa la persecución y los tiroteos, chocan y se internan de nuevo en el monte.

Sufren más de una semana de persecución, sin alimentos, con escasas municiones y El Negro, que había perdido mucha sangre por la herida en el hombro, sin atención médica. Entonces Sabino le pide a Cottone que huya e intente salvarse. Ante la negativa de Cottone a abandonarlo, Sabino, superior en el escalafón montonero, lo conmina "¡Es una orden!". A los 200 metros -contaría después Cottone- escuchó un disparo. Según este testimonio, para no caer vivo en manos de los perseguidores Sabino decide quitarse la vida.

La policía lo siguió buscando durante semanas, hasta que lo encuentra muerto en una cueva, escondido entre las piedras y con el arma, un 38, en su mano derecha. Para dificultar su identificación, o quizás como trofeo, le cortan las manos y esconden su cuerpo, enterrándolo debajo de otra sepultura. Tenía 28 años.

En 1974, Oscar Bidegain y Ricardo Obregón Cano, gobernadores de laTendencia Revolucionaria de las provincias de Buenos Aires y Córdoba, consiguen la información del lugar en el que se encontraban los restos de Sabino Navarro. Arnaldo Lizaso, otro histórico dirigente peronista, colaboró con el traslado de sus restos al cementerio de Olivos, donde se encuentran actualmente.

El Negro no era careta

El rápido crecimiento de Montoneros, la urgencia de los tiempos y la caída en combate de sus principales referentes confluyeron en que la conducción de la organización terminara recayendo en Mario Firmenich, quien al decir deJosé Amorín tuvo como error principal no tanto la apuesta al militarismo sino su falta de visión política. Aunque es imposible volver atrás el reloj de la historia, se especula con que de haber sobrevivido y estar a cargo de la conducción de Montoneros, tal vez no se hubiera producido el tajante enfrentamiento con Perón y sus nefastas consecuencias; el abandono de lo político en aras del militarismo y el desastroso pase a la clandestinidad, que en definitiva selló la suerte de una organización revolucionaria que supo interpretar los anhelos de un pueblo y el horizonte político de toda una generación.
Tal vez. Lo que es seguro es que Sabino Navarro, como tantos otros, luchó por un mundo mejor. Y que no era para nada careta.
¿Cuál sería el momento de continentalizar esa estrategia?

Por ahora nosotros pensamos que la mayor utilidad que le podemos brindar a la Revolución Latinoamericana es la de ir haciendo la revolución en nuestro país, respetando los procesos particulares de los países hermanos, evitando de esta manera imponer formas y métodos que puedan no corresponder a otras realidades. Igualmente consideramos que para que la Revolución se consume y consolide, deberá extenderse a todo el Continente.

¿Se consideran los Montoneros la vanguardia armada de la revolución Argentina?

Indudablemente no.

Entonces, ¿cómo habrá de constituirse esa vanguardia?

Entendemos que la constitución de la vanguardia armada de la revolución en la Argentina se va a dar con la unificación de todas las organizaciones armadas del país. Tal unificación se dará como una necesidad imperiosa de la lucha. Por eso es que sostenemos el principio de unidad en la acción.

¿Cómo valoran la Revolución Cubana?

La valoramos con respeto y admiración hacia el procesó vivido por el pueblo cubano que es ejemplo para nuestros pueblos. El hecho de que no haya conseguido aún la concreción de la prosperidad económica, sólo significa que si la lucha por la toma del poder es difícil, la creación del Estado Revolucionario y la consolidación de su economía, son más difíciles aún. Evidentemente para consolidar ese proceso revolucionario, al igual que en el resto del continente es necesario hacer la revolución en nuestros países. Entendemos que Cuba necesita la integración geopolítica con una latinoamérica revolucionaria.

Nuestra solidaridad y simpatía por la Revolución Cubana expresan el reconocimiento a su valioso aporte en esta segunda etapa de la independencia de nuestras naciones, lo cual no significa que pensemos que para la Argentina haya que copiar exactamente su modelo. Cada pueblo tiene sus propias características que deben ser tenidas en cuenta.

¿Tienen los montoneros alguna relación con la ejecución de Vandor?

Con la ejecución de Vandor no tenemos ni tuvimos ninguna relación. Ni siquiera sabemos a ciencia cierta cuáles fueron los móviles de la acción, ya que nunca nadie intentó capitalizarla políticamente, al menos en forma pública.
¿Y con la de Alonso? El comunicado emitido por los autores de la operación estaba firmado por un "Comando Montonero Maza'

En cuanto a la ejecución de Alonso y el comunicado a que usted se refiere quiero decirle que el nombre de nuestra organización corresponde a la historia argentina y que fue creado por aquéllos que disputaron las primeras luchas nacionales y populares por nuestra independencia en el siglo pasado. Por lo tanto no nos consideramos propietarios, entre comillas del sello y sostenemos que montonero es todo aquel que lucha sin cuartel por las banderas populares con todos los medios que su puesto de acción le ofrece. De esta manera todo argentino honesto que participe de nuestra lucha, tiene derecho a llamarse montonero y cuenta con nuestro apoyo y solidaridad.

¿Cuál es la política de los Montoneros ante los dirigentes que llamándose peronistas se han distanciado de las masas y aún han llegado a traicionarlas pasándose a la oligarquía y al imperialismo?

Como bien dice usted, los dirigentes que llamándose peronistas han traicionado a las bases Se han pasado al campo de la oligarquía y del imperialismo de esa manera han dejado de ser peronistas aunque pretenden seguir disfrazándose de tales para no ser repudiados por las bases. Pero éstas son conscientes del truco, de ahí que esos dirigentes fraudulentos carezcan totalmente de representatividad.

Por eso nuestra política es la de no preocupamos por ellos en tanto su traición a la función de dirigentes no se transforme en clara traición a las luchas que encara el pueblo en estos momentos. En caso de que sí lo hagan recaerá sobre ellos la pena correspondiente, que en todos los movimientos revolucionarios del mundo ha sido y es siempre la misma.

¿Se consideran una organización político-militar?

Lo somos.

¿Cómo encaran el problema clave de la relación con las masas?

Consideramos que la tarea militar no está divorciada en ningún momento de la tarea de organización del pueblo. Y que ésta, no se agota con la construcción de una infraestructura que nos permita funcionar militarmente en forma eficaz, sino que además se dirige a abrir canales de comunicación, a ganar lo favorable y neutralizar lo desfavorable, a extender la organización a todos los niveles o frentes de acción: el político, el sindical, el estudiantil.

¿Cómo se concreta esto?

En esta etapa a través del intento de incorporara las luchas de masas, por medio del ejemplo, las formas organizativas y los método de lucha propios de una organización armada. Es lo que se ha dado en llamar propaganda armada.

¿Han pensado en alguna forma organizativa específica?

Nos hemos organizado y preparado para transmitir toda una serie de experiencias que pueden resultar muy valiosas para el frente de masas, en tanto éste deba soportar la creciente represión del régimen.

¿Qué resultados esperan?

Creemos que de la adopción de las formas organizativas y de los métodos de la lucha armada y la asimilación de la experiencia clandestina sumadas a una correcta línea política, surgirá la incorporación paulatina y organizada del pueblo a las organizaciones armadas.

¿Otra acción importante de la organización fue la torna de La Calera, ¿qué motivaciones tuvo?

Bueno, muchas. Queríamos dar continuidad a la acción iniciada con la ejecución de Aramburu, demostrando con hechos la línea montonera; queríamos golpear al más alto nivel militar en el interior del país, demostrando simultáneamente que la organización existe a escala nacional y se puede llevar adelante la guerrilla urbana en el interior.

Estos eran algunos aspectos. Otros: demostrar que los hechos militares de envergadura son posibles y que el enemigo es vulnerable; demostrar la capacidad militar, disciplina y responsabilidad de las organizaciones y sus combatientes en operaciones de volumen y varias más: dar testimonio concreto de nuestra solidaridad combatiente con los mecánicos cordobeses reprimidos por la patronal y el gobierno; recuperar armas y dinero, desarrollar la propaganda armada: marcar el ingreso en la etapa de la consolidación organizativa nacional y la intensificación del método de luchas a llevar a cabo. Creemos que La Calera significó un avance en la escalada político-militar contra el régimen.

Y comparativamente con la operación Aramburu, ¿como la ven?

Entendemos que ambas operaciones se complementan mutuamente, dándose sentido una a otra y señalan una clara proyección en el desarrollo político-militar de la resistencia armada nacional.

¿Creen posible una salida electoral, del tipo de la que parece estarse gestando, incluso por personeros del peronismo?

No podemos esperar nada de ninguna farsa electoral. Ya nuestra experiencia nos dice con toda claridad que cuando no nos proscribieron, nos anularon las elecciones que habíamos ganado. De ahí que digamos que no estamos ni con el golpe gorila, ni con las elecciones fraudulentas y que reiteramos que sólo el pueblo salvará al pueblo.

Finalmente una pregunta que debió ser hecha al principio: ¿cuáles son los antecedentes de la organización, cómo surge, cuál es su composición?

Somos una unión de hombres y mujeres argentinos y peronistas que nos sentimos parte de la última síntesis de un proceso histórico que arrancó 160 años atrás y que con sus avances y retrocesos da un salto definitivo hacia adelante a partir del 17 de octubre de 1945, que en estos últimos 15 años se ha expresado en la Resistencia, la Revolución del 56, los Uturuncos, los Conintes, los Planes de Lucha, el Ejército Guerrillero del Pueblo, el Movimiento Revolucionario del Pueblo, la Central General de Trabajadores, el Peronismo Revolucionario, Taco Ralo. Todo este proceso ha influido en nuestra formación y es el que le otorga sentido y proyección a nuestra lucha. Luego de haber militado en los distintos frentes del Movimiento, varios grupos de diversas partes del país nos organizamos para llevar adelante una guerra Iarga de Resistencia Armada contra el régimen gorila. Proveníamos de distintos sectores y orígenes, obreros, estudiantes y profesionales de tradición peronista, cristianos, nacionalistas e izquierdistas. Pero nos unieron la convicción y el sentimiento, ya comunes, de la necesidad de luchar con las armas en la mano por la toma del poder con Perón y con el pueblo y la construcción de una Argentina libre, justa y soberana.

Concientes de que carecíamos de medios y experiencias, nos dedicamos largo tiempo a entrenarnos y disciplinarnos, preparando minuciosamente las primeras operaciones, destinadas a recuperación de armamento, municiones, explosivos, etc.

Así fue como se asaltó el Tiro Federal de Córdoba; se asaltaron depósitos de canteras; se tomaron varios destacamentos policiales y postas militares; se realizaron varias operaciones de recuperación de dinero en bancos y de reducción de agentes. Todo este accionar se desarrolló en diversos lugares del país, simultáneamente. Así nos fuimos consolidando como organización político-militar con la característica fundamental de ser una organización de alcance nacional.

En estas condiciones es que decidimos salir del anonimato como organización bajo el nombre de Montoneros con los hechos conocidos porque consideramos que había que pelear porque ya era hora de que dejáramos de llorar nuestros caídos; era la hora de que cayeran los de enfrente; hora de que llorara el enemigo.

[América Latina en Armas, Ediciones M.A., Buenos Aires, Enero de 1971]

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Estremecedor informe de inteligencia militar durante la dictadura 

Lo que sabía el 601

Por Miguel Bonasso

Son 93 carillas secretas preparadas en junio de 1980 por el Batallón 601 que analizan la segunda contraofensiva de Montoneros. El nivel de detalle es estremecedor: hasta figura quién es la maestra de sus hijos en La Habana. Tanto conocimiento hace preguntarse quién o quiénes fueron las fuentes. Ahora, estos papeles son parte central de la causa del juez Bonadío.

Un documento secreto de la inteligencia militar (Batallón 601), nunca publicado hasta este momento, revela que el Ejército tenía un conocimiento casi perfecto sobre la intimidad organizativa de Montoneros y sus planes políticos y militares. A tal punto, que sugiere la posibilidad siempre enunciada y nunca probada de una infiltración en los altos niveles de la organización guerrillera peronista. El extenso informe (93 carillas) está caratulado "estrictamente secreto y confidencial", fue elaborado en junio de 1980 por la "Central de Reunión" y forma parte del corpus estratégico de la causa 6859, a cargo del juez federal Claudio Bonadío, que investiga el secuestro y desaparición de 18 militantes montoneros, de los cuales solamente sobrevivió Silvia Tolchinsky, actualmente residente en España.
El proceso judicial, que ha causado inquietud en los medios castrenses, le ha significado el procesamiento y la orden de prisión a casi cuarenta represores, empezando por el ex dictador Leopoldo Fortunato Galtieri, recientemente operado de una enfermedad terminal. El texto elaborado en Viamonte y Callao, se complementa en la causa con otro informe de la Dirección General de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (D.G.I.P.B.A./ Div. CR.Extr. nº 605, de marzo de 1980), que firma el comisario mayor Alberto Rousse, Subdirector General de Inteligencia. El documento detalla las caídas de los militantes montoneros y revela que la fuente es el Batallón 601 (el Servicio de Informaciones del Ejército). El comisario Rousse evalúa la información como A-1, el rango máximo de seriedad en el argot de los servicios. Lo mismo puede decirse del análisis principal, compuesto por diversos informes parciales, pero redactado posiblemente por una mano única, una rara avis en el mundo de la "inteligencia": un espía realmente inteligente.
La "segunda contraofensiva"
En marzo de 1980, a despecho de las pérdidas estratégicas sufridas en 1979, durante la primera etapa de la llamada "contraofensiva popular", la Conducción Nacional de Montoneros (CN) lanzó una segunda oleada de jóvenes militantes sobre el país. Varios de ellos, que integraban la estructura militar de las TEI (Tropas Especiales de Infantería), fueron secuestrados con sugestiva velocidad; en algunos casos a menos de una semana de haber ingresado clandestinamente a la Argentina. Todos continúan desaparecidos.

Las TEI y las TEA (Tropas especiales de Agitación), eran los instrumentos con los que la CN, cada vez más cegada por una visión militarista, pretendía actuar como motor de arranque de un levantamiento popular que no se produjo. Desgraciadamente, a pesar de las escisiones y las fuertes condenas internas, la Conducción no había hecho una autocrítica de la "Primera Contraofensiva" de 1979, cuestionada por acciones "comando" espectaculares y cruentas, que causaron más espanto que aprobación en la sociedad civil. El resultado para Montoneros fue catastrófico: perdió el 75 por ciento de los militantes enviados desde el exterior, empezando por un miembro de la Conducción Nacional (Horacio Mendizábal), seis miembros del Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero, entre los que se contaba el ex diputado Armando Croatto; valiosos y experimentados dirigentes políticos como el puntano Julio Suárez; dirigentes sindicales de base, como José Dámaso López o juveniles, como Jorge Gullo, hermano del líder de la JP, Juan Carlos Dante Gullo.

Ya antes de la Contraofensiva, en febrero de 1979, el Movimiento peronista Montonero (MPM), había sufrido una importante escisión conducida, entre otros, por Rodolfo Galimberti. En diciembre de ese mismo año, otro grupo que incluía la mitad del Consejo Superior del MPM rompió con la CN, criticando el "militarismo y aparatismo" de la trágica maniobra. A pesar de las divisiones y señalamientos, la CN insistió con su estrategia y envió otro contingente de militantes al país, encuadrados preferentemente en las TEI y las TEA. El resultado volvió a ser letal y Montoneros ingresó a partir de entonces en un plano inclinado del que no se recuperaría nunca. Este es el contexto histórico en el cual uno o más miembros del 601, escribieron (¿con ayuda de algún infiltrado? ¿con el trabajo esclavo de algún prisionero al que luego igual asesinaron?) su extenso análisis acerca de la BDT ("Banda de Delincuentes Terroristas") Montoneros.

El Informe
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El largo análisis del 601, comienza haciendo referencia a otro documento, del 15 de octubre de 1979, donde registraban ya la "crisis interna de la BDT", "causada por la decisión de la CN de lanzar la maniobra de la contraofensiva en el país". Recuerda que "un conjunto de intelectuales del ‘MPM’ se hallaba elaborando una propuesta política llamada ‘proyecto nacional revolucionario’, que se presentaría ‘a personalidades extranjeras’". "En general tendía hacia los postulados de la socialdemocracia europea, por considerar que era lo más potable para EUROPA, los ESTADOS UNIDOS y países socialistas". Tras analizar, sin triunfalismos, que los réditos políticos de la "contraofensiva" fueron "escasos", el anónimo redactor (o los anónimos redactores) subrayan que la "BDT" "sigue adjudicándose el liderazgo de los movimientos de fuerza ocurridos en el país, por diversas causas, durante el año pasado". Luego comenta, con el mismo tono, la escisión del DT ("delincuente terrorista") Rodolfo Galimberti y un "grupo de adherentes" que, además del daño político, obliga a la organización a enviar al país "otros miembros de nivel, para cubrir los claros dejados por el grupo disidente". Lo cual a su vez le supondrá a la organización las graves bajas detalladas más arriba.

"Aproximadamente en noviembre de 1979, los militantes prófugos se repliegan al exterior", dice el documento y añade un dato logístico que tendrá consecuencias letales para los integrantes de la segunda contraofensiva: "El material salvado de la acción de las FFLL (‘fuerzas legales’) es depositado en empresas guardamuebles previendo su retiro, para continuar la actividad, entre Feb/mar 80, lo cual es desbaratado al efectuarse procedimientos sobre dichas empresas", en diversos puntos del país y secuestrar "la casi totalidad del material", que incluía elementos para la propaganda y las comunicaciones, armamento y explosivos, obviamente "embutidos" en muebles y objetos aparentemente inofensivos. Material comprado preferentemente en el exterior que ingresó "desde países limítrofes como Chile, Bolivia y Brasil (...) mediante el empleo de personas no encuadradas en la BDT, que lo transportaron ‘embutido’ en casas rodantes o trailers..." En los guardamuebles cantados, los operativos del Ejército (y en algún caso de la ESMA) montarían guardia para secuestrar a quienes regresaban o venían por primera vez, para la segunda contraofensiva.

Después de evidenciar un conocimiento minucioso del modus operandi de la "BDT", lo cual finalmente es menos llamativo, el documento ingresa en un plano íntimo, anecdótico, que sí llama profundamente la atención al que conoce la materia. El terrible "narrador omnisciente" relata pormenores del encuentro que mantienen en "la Comandancia" (por entonces ubicada en la escasamente penetrable Habana), el secretario general del Partido Montonero y Comandante en Jefe del Ejército Montonero, Mario Eduardo Firmenich, con el jefe del Comando Táctico que fue al país, comandante Raúl Clemente Yaguer (NG; es decir "Nombre de Guerra") "Roque". Yaguer, que según el 601 ha presenciado "uno de los atentados realizados por las TEI, el cometido con el señor (Francisco) Soldati", donde hay bajas montoneras, "pone de manifiesto su escepticismo en cuanto a la eficacia de las TEI instruidas en MEDIO ORIENTE, pues le dice a éste (Firmenich) que ‘los cursos Pitman no van’". El humor negro, tajante para volcar la crítica, era típico de Yaguer. La exactitud de la observación también: no había muchos puntos en común entre el conflicto armado palestino-israelí y la lucha popular (eminentemente política y social) contra una dictadura que hablaba el mismo idioma y usaba los mismos símbolos.

Los servicios argentinos andaban por todo el mundo, ya se sabe, no es raro entonces que supieran cómo se reclutó a quienes irían, con indudable coraje y entrega, a la gigantesca sartén que era la Argentina de 1979. "La responsabilidad de esta tarea la tenía el Departamento Europa de la SRE (Secretaría de Relaciones Exteriores de Montoneros) (...) Otro centro importante se encontraba en México y funcionaba allí en la llamada ‘casa del MPM’". El Informe del 601 abunda en datos sobre la relación militar entre Montoneros y Al Fatah, que había sido imprudentemente publicitada en una entrevista concedida al semanario español Cambio 16, por el jefe de la estructura militar, Horacio Mendizábal, quien luego caería en combate, durante la primera Contraofensiva. La revelación de "Hernán" o "el Lauchón", como se conocía a Mendizábal en Montoneros, causó alarma en el alto mando palestino y atrajo definitivamente sobre los guerrilleros argentinos la inquietante mirada del Mossad israelí. Que, según algunas fuentes, nutrió con información al 601.

Lo que inquietaba al Mossad

"Posteriormente .prosigue el Informe- los militantes convocados para realizar cursos en el Líbano, realizaban un curso completo (de dos meses de duración) de adoctrinamiento político, en base del ‘Manual Roqué’, en Madrid y luego viajan para realizar la instrucción militar en Medio Oriente". El "Manual Roqué", que llevaba como título formal "Curso de formación de cuadros del Partido Montonero", había sido escrito en México por el comandante Julio Iván Roqué ("Lino"), que en 1977 regresaría clandestinamente al país y se batiría, en absoluta soledad, contra una nutrida patota de la ESMA, a la que le causó tres bajas. Para que no lo reconocieran y supieran que era un miembro de la Conducción Nacional, cuando se le acabaron las municiones se voló a sí mismo con una bomba de exógeno. Los propios marinos quedaron impresionados por su heroísmo. El "Cuervo" Alfredo Astiz, en su célebre charla con la periodista Gabriela Cerutti, le confesó que nunca sintió tanto miedo como en ese combate contra un hombre solo. El "Puma" Jorge Perrén, jefe operativo del GT33/2 y jefe del operativo contra Roqué, desalentó la nauseabunda euforia de un prisionero que se había pasado de bando e intervenido en el tiroteo: "Yo no festejo la muerte de un enemigo que combate de esa manera".

"La instrucción militar que brinda Al Fatah a la BDT prosigue el 601- obedece a convenios firmados en 1978 por el DT (NL) Horacio Alberto Mendizábal (NG) ‘Hernán’ y el responsable militar de Al Fatah, Abou Jimad. En estos convenios constan los compromisos, por parte de ésta, de prestar ayuda en cuanto a la instrucción militar y la compra de armamento y, por la BDT, de instalar una planta de elaboración de explosivo plástico (exógeno), disponibilidad de personal técnico para ello, mantenimiento y producción (esta última de propiedad exclusiva de la OLP-Al Fatah)". Al "Instituto" no le preocupaba mucho la solidaridad política de Montoneros con la causa palestina; inclusive el hecho notorio de que sus representantes en Asia, Africa y Medio Oriente fueran "en alguna medida, los portavoces oficiales de los palestinos en cuestiones relacionadas con el Depto AMERICA de Al Fatah". Pero alguna vez lo advirtió- no iba a tolerar una alianza militar.

El detalle revelador

El capítulo referido a la Conducción Nacional, sus distintos instrumentos organizativos y sus propuestas tácticas y estratégicas, es interesante para el especialista pero puede ser obviado ante los lectores, en lamedida en que su información podía ser recogida a través de la nutrida prensa pública del Partido, el Movimiento y aún el Ejército Montonero, que editaba su revista "Estrella Federal". Más significativas son algunas reflexiones que hacen al ánimo interno de los Montoneros que estaban en el exterior, tras el desastroso resultado de la primera contraofensiva. El documento no sólo detalla cambios organizativos que dan por superado su anterior análisis informativo (el IIE del 15 de octubre de 1979).

"La reorganización y reestructuración actual, está más acorde con la realidad que vive la BDT; se ha dejado de lado la ampulosidad que la caracterizaba en épocas pasadas; influye en esta nueva organización la falta de cuadros partidarios que reemplacen las bajas producidas, las deserciones y las figuras que, en franca disidencia con la CN, han abandonado sus filas para generar nuevas organizaciones que si bien no divergen en lo ideológico, no comparten los puntos de vista de la CN en cuanto a la apreciación de situación y metodología a emplear para el accionar -’militarismo’-; otra causa de las disidencias y escisiones la constituyen ‘la falta de democracia interna’ y ‘elitismo’ reinante en el seno de la banda, lo que molesta y causa desagrado en los niveles inferiores (capitanes, hasta tenientes, especialmente)".

El conjunto del documento es riguroso en cuanto a personas, nombres legales y de guerra, fechas y circunstancias; las erratas son las mínimas que se pueden encontrar en 93 carillas a un espacio, hablando de una sociedad secreta. Pero donde la minuciosidad se torna más que inquietante, es en la descripción de un ámbito que se suponía más que hermético para esas fechas: la Secretaría General y sus distintas dependencias: Comunicaciones, Seguridad Personal, Técnica, etcétera. El documento, tal como llega a manos de Página/12 (que, conviene aclararlo, no es gracias a ninguna fuente tribunalicia), registra anotaciones de puño y letra de otro personaje de la tiniebla que corrige y perfecciona la información. Sobre todo la "operativa", la que les permitirá vigilar "el objetivo" y caer sobre su presa. Así, por ejemplo, donde dice a máquina "Comunicaciones: a cargo del DT (NG) ‘MARTIN’", el misterioso lector añade: "Gurí", como nuevo nombre de guerra.

"La Secretaría Técnica tiene como responsable a la DT (NL) Silvia Tolchinsky de Villareal (NG) Chela, de nivel Tte. 1º. Le dependen directamente un centro de computación de datos, el archivo, la guardería y la oficina de la comandancia". Una fuente ignota detalla que en el centro de computación de la Comandancia, en algún lugar de La Habana, puede encontrarse "una computadora TRS 2 Sistem, con consola de mando, pantalla, impresor y cuatro aparatos para discos ‘TRS 2’ o ‘Basic Disk’; a esta computadora se le pueda anexar teléfono y grabador; hasta los primeros días de 1980, estaba programada para trabajar con información de los legajos personales de los militantes". "El archivo a cargo de la DT (NG) ‘Raquel’ (‘Mac Donald’, añade tras una breve flecha el de las anotaciones manuscritas), Tte, contiene los documentos de la BDT e información necesaria para sus actividades".

¿Quién conoce ese ámbito reservado? Cuba mantiene en aquel momento relaciones diplomáticas con la Argentina. Es lógico que su gobierno, de por sí discreto y cuidadoso en este tipo de actividades, no permita que haya filtraciones. ¿Quién ha logrado traspasar la severa vigilancia de las Tropas Especiales, que hasta le sirve la comida a la Comandancia Montonera, para evitar indiscreciones? ¿Quién puede perforar la malla de esa tropa de élite que responde directamente al Comandante en Jefe, Fidel Castro? Alguien lo hace. Alguien que ha caído en manos de los "horribles" o, lo que es peor, que está perfectamente libre y sabe de que habla. Pero ¿quién? Su sombra se destaca en un tema aparentemente menor, que es la guardería de La Habana. Allí conviven "los hijos de los compañeros". De los compañeros que están transitoriamente en Cuba como el propio ‘Pepe’ Firmenich, cuya hija está en la guardería- o de algunos compañeros que "han caído" en Argentina.
El Informe, una vez más, es aterradoramente preciso: "La guardería está a cargo de la DT (NL) Susana Brandinelli de Croatto (que ha ido allí, tras la caída de su compañero Armando Croatto en la primera contraofensiva). Está solventada por las Tropas Especiales Cubanas, en cuanto alimentación y personal. Fidel Castro regaló un vehículo ‘combi’ para el traslado de los niños hasta los ‘círculos’ (jardines de infantes) donde concurren los hijos de madres trabajadoras. (El corrector de la tiniebla ha trazado un círculo alrededor de ‘combi’ y ha subrayado los nombres y la palabra ‘círculos’). Los hijos de los DDTT (‘Delincuentes Terroristas’) que ahí se alojan son atendidos de sus problemas de salud en el Hospital Centro de La Habana; el equipo médico encargado de esta labor está a cargo del Dr Valdez Martin. Esta guardería cuenta con una asesora pedagógica, Hilda Coronel y una psicóloga conocida como Ruth, las que hacen visitas mensuales a la instalación. En forma permanente se desempeña una enfermera de Salud Pública llamada Lidia. La asesora pedagógica es quien se encarga de matricular a los hijos de los DDTT en los ‘círculos’".

Es imposible citar todo lo que el documento enumera. Pero no hay detalle orgánico que se les escape: hay precisiones sobre los cursos que se dan en la "Orga", sobre su producción de armas y explosivos y un engendro que les preocupa mucho: la emisora de onda corta -"Radio Noticias del Continente"- que la "BDT" ha montado en Costa Rica para perforar el cerco informativo en Argentina. La emisora sufre ataques armados y, finalmente, una fuerte presión del gobierno militar, hará que los costarricenses anulen la licencia. La información interna de la radio es impecable. Con detalles que demuestran la permanente actualización operativa de los datos: al lado del nombre de uno de sus ejecutivos, Carlos Suárez, el misterioso comentarista, escribe: "Cap Fed". Tiene el dato preciso: el hombre está clandestinamente en Buenos Aires.

Por las incontables carillas desfila toda clase de nombres. Tanto los de los militantes, como los de las personalidades, nacionales y extranjeras, con las que Montoneros ha tenido o tiene contacto. También rompe una regla de oro de esta clase de informes, que suele ser la jactancia y el autobombo del burócrata del terror que lo perpetra. Cuando no sabe algo, el informe lo dice; como en el caso de la sección "Editorial": "No se posee abundante información sobre este ámbito de la secretaría de relaciones exteriores". Lo único gordo que se le pasa es la reunión de Managua, de marzo de 1980, donde se parte en dos el Consejo Superior del MPM. Registra la agitada reunión y sus conclusiones, pero admite que no sabe en qué país latinoamericano fue realizada.

Las caídas

Como ya se dijo, el 601 compartió su información acerca del grupo de las TEI con Inteligencia de la Bonaerense. Este informe es mucho más corto y puntual, pero acerca un dato estremecedor a la investigación del juez Bonadío: la velocidad con que fueron cayendo los militantes al ingresar al país. Según este documento Angel Carbajal (Quique), entró a la Argentina el 5 de febrero y fue secuestrado el 21. Julio César Genoud (Facundo o Raúl) entró el 26 de febrero y fue detenido el 27. Mariana Guangiroli (Toti) lo mismo. Verónica Cabilla (Cecilia) igual que los anteriores. Ernesto Emilio Manuel Ferré (Chino), jefe del grupo, que había reingresado el 10 de febrero fue capturado el 28. Miriam Antonio (Gringa o Lucía), sobrina de Jorge Antonio, igual que el Chino. Raúl Milberg (Ricardo), pasó la frontera el 5 de febrero y fue detenido en la misma casa en que cayeron los anteriores. Ricardo Marcos Zucker (Pato), hijo del actor cómico MarcosZucker, regresó de España a comienzos del 80 y cayó en una cita el 29 de febrero. Marta Libenson (Ana), igual que el Pato Zucker. Matilde Adela Rodriguez había regresado poco antes de su caída, el 29 de febrero de 1980. Según el informe, la inteligencia montada a partir de los guardamuebles fue decisiva para "tirar de la piola" y que fueran cayendo. Alguien en el ámbito judicial explora otras hipótesis.

Rodolfo Puiggrós (1906-1980)
El 12 de noviembre de 1980 fallece en La Habana, Cuba, Rodolfo Puiggrós, quien fuera uno de los más destacados intelectuales del campo nacional y popular de Argentina. Formado en las ideas marxistas de las primeras décadas del siglo XX, Rodolfo militó en el Partido Comunista, organización con la que entró en conflicto al producirse la gran eclosión popular del 17 de octubre de 1945. De allí en más participó activamente en las luchas del Movimiento Peronista, manteniendo siempre su decidida adhesión a las grandes mayorías que a partir del golpe gorila de 1955 enfrentaron a la reacción dictatorial.

Historiador lúcido del proceso iniciado en 1492 con la conquista europea que significó el saqueo de Nuestra América y el genocidio de los Pueblos Originarios, Puiggrós cuestionó siempre desde sus libros, del periodismo combativo, la cátedra y la acción política, a todas las expresiones del liberalismo que aceptaban acríticamente el dominio del pensamiento eurocentrista. En tal sentido, coincidió con los hombres que desde FORJA bregaron en la década del 30 por la construcción de un proyecto nacional revolucionario, alejado tanto de los modelos anglo norteamericanos como de un mecanicismo sedicentemente izquierdista que pretendía trasladar a los países del Tercer Mundo las contradicciones entre las potencias occidentales y la Unión Soviética. No aceptó entonces, ni aceptaría nunca, los "pensamientos únicos", las autodesignaciones de vanguardias revolucionarias, las pretensiones de igualar realidades sociales y políticas singulares a las condiciones particulares de Argentina y del subcontinente latinoamericano.

Legítimo heredero de las concepciones revolucionarias del nacionalismo popular latinoamericano, expresado desde la gesta sanmartiniana, bolivariana y antigüista por las montoneras federales rebeladas contra el proyecto de conformar en la región rioplatense una semicolonia pastoril, Puiggrós coincidió en la práctica con lo afirmado por José Carlos Mariátegui: "Todos los pensadores de Nuestra América se han educado en una escuela europea. No se siente en su obra el espíritu de la raza. La producción del intelectual del continente carece de rasgos propios". Fue por ello que planteó: "Las izquierdas comparten con el liberalismo y el nacionalismo de minorías el hábito mental de conceptuar conceptos, en lugar de conceptuar los hechos y la historia de la realidad argentina".

Autor prolífico, periodista talentoso, profesor que enseñaba escuchando, Rodolfo Puiggrós no se refugió nunca en las torres de marfil de las intelectualidades ajenas a las luchas de los trabajadores y el pueblo, sino que en las duras jornadas de la resistencia peronista afrontó los riesgos de una consecuente militancia. En los años que van de 1958 a 1973 da a conocer gran parte de su obra, desnudando los fundamentos de las sucesivas caricaturas "democráticas" que abrieron el camino a las dictaduras de 1966 y 1976.

Tras su breve pero inolvidable paso por el rectorado de la Universidad de Buenos Aires, se vio obligado a exiliarse en ese México solidario y fraternal para muchos miles de argentinos que allí reencontraron o descubrieron la auténtica esencia latinoamericana. En conjunto con amplios sectores de los trabajadores y la juventud combatiente se sumó a lasa filas del Movimiento Peronista Montonero, demostrando con su actitud que no participaba del nutrido sector intelectual del "animémonos y vayan", ni tampoco de los grupos de inspectores de revoluciones a prudente distancia de la represión dictatorial.

La muerte lo encontró en La Habana, Cuba, donde se había dado cita con otros compañeros para discutir sobre las mejores formas de proseguir la lucha antidictatorial. Llevado a México, permaneció en aquella tierra que tanto quiso hasta su repatriación a la argentina en la década del 80. Los homenajes que de allí en más se le tributaron han sido desde luego importantes, pero entendemos que insuficientes. Por eso, un conjunto de argentinos de diversas expresiones ideológicas, partidarias y sociales, nos reunimos en esta Comisión de Homenaje que impulsará un programa de actividades para recordar a Rodolfo Puiggrós, pero fundamentalmente con el objetivo de difundir su pensamiento y su obra en el ámbito nacional y latinoamericano.
La Fogata, 2002
Sobre Rodolfo Puiggrós
El historiador argentino Rodolfo Puiggrós (1906-1980) fue uno de los principales intelectuales enrolados en la izquierda peronista. Su primera militancia la realiza en las filas del Partido Comunista (PCA) durante la década del '30 y comienzos del '40. Como miembro de esa organización publica textos clásicos de historiografía. Entre otros: Rosas el pequeñoLos Enciclopedistas y De la colonia a la revolución . Dirige entonces la revista de teoría marxista Argumentos. Más tarde, a mediados de los años '40, se escinde del PCA y funda el Movimiento Obrero Comunista (MOC). Adhiere entonces al peronismo y comienza a editar el periódico Clase Obrera. Luego del golpe de estado de 1955 se exilia en México. Allí, en el periódico mexicano El Gallo Ilustrado, mantiene durante 1965 un prolongado debate teórico con André Gunder Frank, uno de los máximos impulsores de la teoría de la dependencia. Siempre en el exilio, reúne sus principales textos sobre historia argentina -varios tomos- en una obra gigantesca titulada Historia crítica de los partidos políticos argentinos. Más tarde, regresa a la Argentina y en 1973 es nombrado - durante el corto gobierno de Héctor J. Campora- rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Perseguido y amenazado por el grupo parapolicial y paramilitar Alianza Antocomunista Argentina (AAA), Puiggrós marcha nuevamente al exilio mexicano. Completamente desgarrado por el asesinato de su hijo Sergio (joven militante de la organización Montoneros), Rodolfo Puiggrós termina sus años del exilio militando orgánicamente en Montoneros y encabezando campañas de solidaridad con la revolución cubana, con la naciente revolución sandinista y denunciando internacionalmente las violaciones a los derechos humanos de la dictadura del general Videla y sus cómplices. Muere durante un viaje a La Habana en 1980.

El siguiente texto -inédito- recoge el manuscrito de archivo [tipeado a máquina], base de la intervención oral de Puiggrós, realizada en México el 16 de julio de 1977, en homenaje a Mario Roberto Santucho (1936-1976), líder máximo del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), quien cayó combatiendo a la dictadura militar un año antes de este homenaje (19 de julio de 1976).

Creemos que la lectura de este documento histórico puede resultar sumamente útil para las nuevas generaciones y, sobre todo, en momentos políticos como los que actualmente vive la Argentina. Cuando desde el gobierno de Néstor Kirchner y su entorno ideológico se intenta reflotar -una vez más- el clásico discurso nacional-populista... mientras se vuelve a insistir con la típica prédica maccartista, ayer dirigida contra la guerrilla marxista, ahora enfocada contra "los piqueteros duros", contra "los piqueteros rebeldes", contra "los piqueteros intransigentes", etc.

Bien vale la pena entonces releer a Puiggrós, quien lejos de todo maccartismo y a pesar de estar enrolado en la izquierda peronista (y de ser uno de sus principales ideólogos...), no deja de rendir tributo y explícito reconocimiento a la izquierda marxista revolucionaria.
Discurso de Rodolfo Puiggrós en homenaje a Mario Roberto Santucho, México, 16 de julio de 1977
El sábado anterior, con motivo de celebrarse el 161 aniversario de la declaración de la Independencia Argentina un ministro de la tiranía, cuyo nombre olvidará la historia evocó "con nostalgia desde la pequeñez actual -así se expresó- los tiempos pasados". Dijo: "Como Diógenes buscamos hoy desesperadamente, con un candil que ya se apaga, al hombre arquetipo, y encontramos sólo espectros que nos consolidan en el convencimiento de una verdad dura e irrefutable: ¡A qué bajo nivel hemos llegado!. Las cenizas de nuestros antepasados seguramente crepitan de vergüenza al comprobar que hemos dilapidado un patrimonio moral de valor inestimable...La república argentina necesita avivar ese fuego regenerador para que en él se consuma la mediocridad, el oportunismo, la obsecuencia, la cobardía y el egoísmo, y para que renazca una nueva República".

El crepitante ministro ofreció con sus palabras un dramático y exacto cuadro del medio social en que se mueve y de la baja condición moral y cultural de los hombres que ocupan posiciones públicas, hombres que dicen representar al "ser nacional" y son, en verdad, la "nada nacional". El Diógenes ministerial no encuentra, con "un candil que ya se apaga", en los altos círculos que frecuenta y lo enajenan, los personajes que salven a la Argentina de "la dimensión de nuestra crisis, de la profundidad de nuestra decadencia. Desconocemos si los miembros de la Junta Militar, los directores de los diarios oficiosos y la intelectualidad servil se sintieron aludidos por la irreverencia nihilista del autocrático ministro. Tampoco sabemos si éste funcionario del genocidio fue a buscar en la ESMA o en los 49 campos de concentración y casas de torturas el "fuego regenerador" que antiargentinos de escasísima inteligencia y alma criminal aplican con el fin de cumplir las órdenes de sus amos imperialistas y de una oligarquía apátrida que sólo piensa en salvarse de la ira del pueblo.

Mientras otro ministro promete doce años de torturas, hambre y de destrucción, doce años de muerte, cárcel y exilio de los mejores argentinos para crear lo que llama, con trágica ironía, la "verdadera democracia", de las entrañas fecundas de nuestro pueblo nacen y nacen los arquetipos de la sociedad del mañana, los héroes de la Patria Socialista. El martes próximo se cumple el primer aniversario de la muerte en combate de uno de los más grandes de ellos. Desde esta tribuna del "Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino", de la "Casa Argentina", rendimos emocionado homenaje fraternal al tucumano Mario Roberto Santucho y en él, a los héroes que dieron su vida y a los millares que luchan en todos los rincones de nuestra República, día a día más numerosos, convencidos y combativos por una sociedad soberana y justa.

Santucho nos dejó un ejemplo que perdurará a través de los siglos. El ejemplo de los revolucionarios auténticos, de los que se entregan a su causa con pasión integral, de los que no miden los riesgos, ni esperan que otros se jueguen por ellos en nombre de una falsa superioridad intelectual.

Santucho creyó en la unidad de la teoría y la práctica, y si entre nosotros pudo haber diferencias tácticas o hasta ideológicas, no existen fronteras que nos separen en la guerra contra el enemigo común. Las únicas fronteras son las que aíslan a los oportunistas, a los acomodaticios, a los especuladores. Y de esta raza no era Mario Roberto Santucho. Y de esta raza no son quienes vemos en él un adelanto del argentino que hoy resiste y pronto barrerá de nuestra tierra a los agentes del coloniaje y de la opresión para que reine la paz y pueda la inteligencia desterrada volver para que la Patria querida sea el hogar de la humanidad integrada y superior.

Homenajeamos en Mario Roberto Santucho a nuestros muertos que vivirán eternamente en la memoria de los argentinos. A latinoamericanos de la gloria mundial de los Che Guevara y los Camilo Torres desde cuya altura sentimos lástima por los capitanejos que roban, violan, torturan y matan en los escasos minutos de sorpresa que les dejó nuestro error y nuestra ingenuidad. Y a nuestros muchachos y muchachas que preparan la victoria final sin medir los sacrificios.

A Julio Roqué
Norma Arrostito
R.Ortega Peña
Paco Urondo

Fuente: Rebelión, 2003

Subnotas: Crónica de un día clave, Fernando Vaca Narvaja
         
      El doble discurso del general, Horacio Tarkus
Mario Eduardo Firmenich: "La Patria socialista era inviable"
DE VASALLOS Y SEÑORES

Firmenich fue el máximo jefe de lo que Perón llamó "formaciones especiales" y de una juventud que fue "maravillosa" hasta 1973, cuando las aguas se abrieron.

El peronismo retornó al poder en 1973, tras dieciocho años de persecuciones y proscripciones, de la mano de los sectores juveniles del movimiento. Esta "juventud maravillosa", como gustaba llamarla el General en la época en que le era funcional a su estrategia, provenía en muchos casos de hogares antiperonistas de clase media y había crecido escuchando, en las clases de Educación Democrática impartidas durante gobiernos dictatoriales, denuestos contra "el tirano prófugo". Miles de jóvenes se sumaron a las agrupaciones de base de la Tendencia Revolucionaria, unidades de encuadramiento político surgidas en torno a Montoneros.
Las organizaciones armadas peronistas, surgidas a fines de los 60, recibieron la bendición de un Perón que al calor de las barricadas de París ya no denostaba a los comunistas como en sus discursos de fines de los 40. Ahora hablaba del socialismo nacional, se lamentaba por la muerte del Che diciendo en una famosa carta a Ricardo Rojo: "Ha muerto el mejor de nosotros" y le confesaba a Pino Solanas que "el mejor peronista es el peronista armado" y que "si tuviera veinte años las bombas las estaría poniendo yo".
Perón llamó a las organizaciones guerrilleras de su movimiento "formaciones especiales". En el fragor de la batalla probablemente pocos pudieron detenerse a leer la fuente de la que Perón extrajo este concepto de estrategia militar. Lo había hecho del libro De la guerra, táctica y estrategia, de Karl von Clausewitz. Allí su autor las define como grupos de combate creados para cumplir una misión específica en un espacio y un tiempo determinados. Cumplida esta misión, debían ser disueltas. Agrega que tiene que quedar claro que son un elemento subordinado y que deben carecer de toda autonomía. Es notable la fidelidad de Perón a este punto del pensamiento del gran teórico alemán.
La disputa entre el viejo líder y el ala izquierda de su movimiento estalló tras el triunfo electoral de 1973 y expresaba la puja de intereses entre quienes le exigían el cumplimiento de un programa progresista de reconstrucción nacional plebiscitado en las urnas y los sectores ortodoxos del movimiento, dueños del aparato sindical y partidario, aliados a los factores de poder, que se conformaban con una "comunidad organizada" a imagen y semejanza de sus necesidades.
Analizando los documentos de la época, recordando vivencias personales y a través de reportajes como el presente, a Mario Eduardo Firmenich, quizá podamos entender un poco mejor a aquella generación que no tenía nada de ingenua, salvo que acompañemos al discurso del poder, que confunde maliciosamente ingenuidad con compromiso político. Y también tenemos el derecho y la necesidad de preguntarnos si la dirigencia estaba a la altura de las circunstancias, de aquellas circunstancias probablemente irrepetibles de voluntad de cambios radicales, estructurales, porque, como dice Joan Manuel Serrat en su canción La Montonera, "Con esas manos de enjugar sudores, con esas manos de parir ternura, con esas manos que envolvieron la fe en nuestra primavera bordaba la esperanza montonera. Qué buen vasallo sería si buen señor tuviera".

Mario Firmenich, el número 1 de la organización, cuenta aspectos hasta hoy desconocidos del origen y desarrollo del grupo. El secuestro de Aramburu. Un cuento judío muy premonitorio. El día que López Rega salvó su vida. Ezeiza, la Triple A y el pase a la clandestinidad. Los dirigentes montos que negaban la realidad, el Caso Quieto y la pastilla de cianuro.


ENTREVISTA A MARIO FIRMENICH
Por Felipe Pigna, 2002
¿Cuáles son los orígenes de Montoneros?

La organización Montoneros fue la fusión de grupos que habían militado en la Juventud Peronista de fines de la década del 60, por un lado, y grupos nuevos que tenían un denominador común: la influencia de sectores católicos progresistas, que en esa época se llamaban posconciliares, y el peronismo estrictamente político, por otro lado. Nuestro sector quedó constituido con Fernando Abal Medina, Carlos Ramus, Emilio Maza, Carlos Capuano Martínez y Norma Arrostito, entre otros. En su mayoría provenían de la revista Cristianismo y Revolución y nos habíamos nucleado alrededor del padre Carlos Mugica. Generamos entonces una propuesta que dio lugar a un proyecto político llamado "Comando Camilo Torres", y de inmediato "Comando Peronista de Liberación". Ése es el origen de Montoneros.

También había gente que provenía de la derecha, de Tacuara, como Fernando Abal Medina y Carlos Ramus.

Ellos habían estado en Tacuara y en la Juventud de la Acción Católica, pero para ese entonces revistaban en la militancia política y en el centro de estudios de los jesuitas. Pero recordemos que el jefe de Tacuara era Joe Baxter, que fue el jefe de la Fracción Roja del ERP. Después te decían "eh, estos derechistas de Tacuara...". Les respondíamos: díganselo al ERP, porque su jefe fue jefe de Tacuara. Los otros eran perejiles de Tacuara de 15 años, muchachitos que fueron a una reunión de Tacuara y que en algún acto habían hecho alguna pintada.

¿En qué contexto es que se decide la lucha armada?

La dictadura autodenominada "Revolución Argentina", que presidía el general Juan Carlos Onganía, tenía objetivos pero no plazos. En el nivel de los columnistas políticos de la época se decía que los plazos estaban determinados por la vida de Perón. Es decir que la dictadura tenía que durar hasta que Perón se muriera. No había disposición del establishment a permitir la democratización real del país, de modo que lo que vivíamos era la proscripción sistemática de la mayoría nacional, proscripción política que tenía connotaciones claramente clasistas, claramente raciales, porque los pobres de nuestro país son los cabecitas negras. Era una situación bastante similar a la que se vivía en Sudáfrica antes de que terminara el apartheid y que Mandela accediera a la Presidencia.

¿Cuál fue el objetivo de ustedes al secuestrar a Aramburu?

De carácter histórico. Y yo lo pondría no sólo a nivel de lo que fue el 55 y la desaparición del cadáver de Evita, también lo pongo a nivel del asesinato de Dorrego, porque así lo pensábamos. Nuestra formación política tenía mucho que ver con el revisionismo histórico y nuestra visión de la lucha política tenía la dimensión de la historia, más que coyuntural. De modo que para nosotros, cuando fuimos a organizar el secuestro y la detención de Aramburu, el tema central era -y de ahí la elección del nombre- que nos parecía imperioso que en Argentina desapareciera la impunidad histórica del bando liberal, es decir, la impunidad de la oligarquía.

En los interrogatorios que le hicieron a Aramburu, ¿le preguntaron por la ubicación del cadáver de Evita?

Sí, y no recuerdo si dijo "Italia". Lo que sí recuerdo que dijo fue que la documentación estaba guardada en una caja de seguridad del Banco Nación, y llegó a dar el nombre de Cabanillas, que después, cuando le entregaron el cadáver a Perón, efectivamente apareció.

¿Y no los sorprendió a ustedes encontrarse con un Aramburu distinto al que se imaginaban?

Sí. Era otra cosa, era una persona, no un mito, que estaba negociando con algunos sectores cercanos al peronismo. En un manuscrito nos describió respetuosamente como un grupo de jóvenes peronistas, profundamente equivocados, pero idealistas. Y dijo una frase más o menos así: "Esto confirma mi opinión de la necesidad de una apertura política; en caso contrario, el peronismo entero se volcará a la lucha armada". Su salida no era una propuesta progresista, sino preventiva.

¿Para ustedes Aramburu estaba condenado desde el momento del secuestro?

Nosotros no hicimos un juicio, no constituimos un tribunal, no deliberamos una sentencia. La sentencia estaba escrita y en este sentido, a pesar de que se enojen los gorilas, era una sentencia del pueblo peronista. Y en nuestro fundamento histórico era mucho más que el pueblo peronista, era el pueblo montonero, rosista, federal.

¿Cuándo y en qué circunstancias lo conoció a Perón?

Fue en Roma, en abril de 1973. Yo estaba con el Negro (Roberto) Quieto y Roberto Perdía. Era la primera vez que Perón veía a Cámpora después de que hubiera sido electo. Nos habían dicho que Perón se había ido a Roma a recibirlo a Cámpora porque no quería darle a Francisco Franco el privilegio de que España fuera el primer país visitado por el electo presidente peronista.

Perón no se llevaba muy bien con Franco...

Así como admiraba a Mussolini, no admiraba a Franco.

¿Cómo fue el primer contacto con él, digamos, cuando Perón los recibe?

López Rega nos recibió en la puerta y nos fue hablando pestes de Cámpora, diciendo: "Nosotros tenemos que decirle todo esto al General en presencia de Cámpora". Supongo que pensaría que éramos más tontos de lo que parecíamos. Era evidente que la conspiración contra Cámpora estaba en marcha. Nosotros hablamos bastante bien de Cámpora y el Tío nos despidió con un beso a cada uno.

¿En algún momento Perón reconoció el papel de ustedes en la Resistencia, el papel de "los muchachos"?

Fueron varios días de conversaciones. En realidad, en el último día Perón nos contó un cuento. Nos dijo: "No sé si ustedes saben que las familias judías, cuando los hijos varones cumplen 13 años, les dan una fiesta especial, un regalo especial, porque se considera que el niño se convierte en hombre. Entonces había una familia judía en la cual, en estas circunstancias, el padre le dice al hijo: 'Samuel, andá a buscar las escaleras, subite arriba del ropero porque en el techo del ropero está tu regalo de 13 años'. Y el chico va encantado, con una enorme sonrisa, a buscar la escalera. Se trepa arriba del ropero y cuando está ahí, mira y dice: 'Papá, no hay nada, acá no hay nada'. Entonces el padre, que estaba abajo, mirándolo, le quita la escalera y Samuel se da un brutal golpazo. Cuando el chico está dolorido y, más que dolorido, desconcertado en el piso, el padre lo mira y le dice: 'Samuel, hijo mío, el regalo es que aprendas a no confiar ni en tu padre'." (risas).

Premonitorio...

Premonitorio, sí, y uno podía elucubrar múltiples interpretaciones. ¿Qué habrá querido decir? Montones de conjeturas, hasta que poco tiempo después se produjo la expulsión de Galimberti, y entonces dijimos: muy simple, nos quitó la escalera.

¿Y después del "chiste" siguieron las largas conversaciones?

Sí, largas. Con Perón no entrabas a negociar tan fácilmente, él hablaba y había que escucharlo y esperar a que respirara. Entonces, cuando respiraba, uno largaba su propio discurso hasta que retomaba la palabra. Nosotros llevamos planteamientos políticos a los cuales él no sólo no nos decía que no, sino que sí. Le planteamos que no se podía repetir el 55, que había que profundizar el proceso. Entonces terminaba diciéndonos que iba a mandar una ley al Congreso para que cada obrero tuviera un arma en su casa. Y que nosotros, que ya teníamos experiencia en estos casos, seríamos los encargados de organizar las milicias populares. Nosotros no fuimos a proponerle a Perón las milicias populares, sino que, en todo caso, fue al revés.

O sea que aquella frase de Galimberti sobre la necesidad de armar milicias populares -que le valió la expulsión- no fue una locura suya, estaba citando al General.

Y a Evita. Pero después nos quitó la escalera.

¿Qué papel cumplieron los matones de José Rucci, José Rodríguez, del SMATA, y los de López Rega, respectivamente, en el palco de Ezeiza?

De los grupos armados que estaban desde antes, el más fuerte de todos era el de SMATA, que tenía pretensiones de autonomía con respecto a Lorenzo Miguel. Pero los tipos que aparecen con carabina en los palcos son toda gente de López Rega.

¿Con qué armamento fueron ustedes a Ezeiza?

Fuimos con armas cortas. No hubo ninguna directiva de ir armado... es que normalmente la gente iba armada. El activismo iba armado, el nuestro, el del Comando de Organización, cualquiera. En este sentido, en Ezeiza debió haber muchísima gente armada, pero en proporción poquísima: para dos millones de personas habrá habido 5 mil armados. Nadie fue preparado para esa guerra, los únicos que tenían un arsenal eran los que estaban en el palco.

Perón no tuvo ninguna duda en echarles la culpa a ustedes por los hechos de Ezeiza.

Sí, fue muy claro, dijo "la juventud está cuestionada", nos echó la culpa. Era la información tendenciosa de López Rega y de los medios que tampoco eran muy favorables a nosotros.

Una cosa que llama la atención siguiendo la línea editorial de El Descamisado y las publicaciones de la organización, es cierta negación de la realidad: por un lado los hechos, y por el otro, la interpretación. Le doy dos ejemplos: la movilización de 150 mil militantes a la residencia de Olivos para enfrentar a López Rega, Perón que manda a López Rega a hablar con Dante Gullo y El Descamisado que titula "Rompimos el cerco del Brujo López Rega". ¿Cómo lo ve usted?

Bueno, había ahí dos líneas diferentes de la realidad: ambas coexistían, y había una dinámica de la realidad. Por un lado, nosotros sabíamos que Perón nos había sacado la escalera pero no lo podíamos decir así como así.

¿Por qué no lo podían decir?

Porque no era creíble, había que hacer un proceso político, de discusión política, para que toda aquella masa militante comprendiera la nueva situación.

¿Y no hubiera sido más sano eso?

Hay dos famosos boletines internos posteriores a Ezeiza que plantean que el objetivo de Perón era aniquilarnos y están las charlas a los frentes que doy yo en el 73, en el mes de septiembre, una de las cuales se desgrabó y se distribuyó como boletín interno muy profusamente. Yo planteé los ejes de contradicciones que teníamos con Perón. A raíz del boletín interno número dos, Perón citó a Juan Manuel Abal Medina y lo puso en conocimiento de esto y le dijo: "Lea esto usted, donde me están tratando a mí como enemigo". Nosotros no lo tratábamos a Perón como enemigo sino que él nos trataba como enemigos a nosotros. Por un lado, estaba esto, y por otro lado, había una línea que negaba la realidad políticamente o quería disimularla.

¿Pero la quería disimular porque no le gustaba y le dolía, o porque no era políticamente correcto en ese momento?

Creo que por las dos cosas, con argumentos de las dos cosas. Y esta línea tiene nombre y apellido propios: Gullo y Obeid.

¿Pero hasta qué punto los jefes de la JP Regionales tenían autonomía frente a usted y a la conducción de Montoneros?

Digamos que no tenían jefatura, pero tenían autonomía.

Hay otra tapa famosa de El Descamisado, tras un discurso muy crítico del General contra ustedes, con el título: "Perón fijó el objetivo, guerra al imperialismo yanqui". ¿No era una forma de negar la realidad, una negación que hizo mucho daño y costó muchas vidas?

Bueno. De ninguna manera era negar la realidad, era una actitud política... Formaba parte de la discusión política, es verdad que existía en muchos compañeros el mecanismo del pensamiento mágico, del razonamiento mágico.

¿Perón los quería aniquilar?

Yo no le adjudico a Perón la estrategia de querer exterminarnos físicamente porque era demasiado inteligente para hacer eso.

¿Hasta qué punto a alguien como Perón se le puede pasar por alto la existencia de la Triple A y que su secretario privado sea su jefe?

La composición que me hago es de un hombre que analiza el mundo y retorna a su gobierno evidentemente con negociaciones con los poderes establecidos de por medio. Por ejemplo, el lugar donde Perón nos recibió a nosotros en Roma era frente a la embajada yanqui; años más tarde trascendió que eran las oficinas de Licio Gelli. En todo caso, la Triple A era una organización que respondía a un poder con el que Perón había negociado y sobre el cual no tenía capacidad de control. De ahí a que Perón formara la Triple A, es otra cosa. No es que no lo supiera.

Pero ya estaba muy activo el CdeO, que era una especie de ensayo de la Triple A.

Bueno, pero es distinto, porque desde ese punto de vista Perón lo que podía entender es que había fracciones ideológicas del movimiento enfrentadas y que todas eran combatientes y todas armadas. Que es otra lógica de la cuestión. Tengo a los Montoneros, tengo al CdeO, tengo a las patotas sindicales, tengo a la Guardia de Hierro, distintos sectores, los caudillos provinciales y todos armados, acá son todos beligerantes. Y Perón esto lo trataba en los discursos, hablando de no sé qué emperador de Prusia...

Federico El Grande, que tenía que desarmar a los ejércitos después de la guerra...

Claro, entonces Perón trataba así esta problemática de que había llegado al poder con una fuerza beligerante, heterogénea, multitudinaria, con distintas fracciones ideológicas y todos armados, y que después cada uno quiere conservar su poder y ninguno está dispuesto a dejar las armas, y siguen enfrentados ideológicamente. O sea, ésta es una dinámica política distinta de lo que es la Triple A, que no es ningún sector político del movimiento. López Rega no es esto, es otra cosa. López Rega es un eslabón de negociación con la CIA.

¿López Rega nunca fue un blanco militar para ustedes?

Sí, pero era imposible.

¿Hubo atentados contra él?

Hubo intentos, planificaciones... Era un blanco: el día que se fue del país estaba planificado un atentado. Esto venía de antes, se logró montar un operativo, pero cambió de ruta.

Por aquel entonces se cantaba "Perón, Evita, la Patria Socialista". ¿Perón evitó la Patria Socialista?

No, yo creo que la Patria Socialista era inviable por la voluntad social. Creo que la sociedad argentina es muy conservadora. O sea que hasta el modelo más light de socialismo, si uno pudiera haberlo considerado y no digo la estatización total de la economía ni mucho menos, no tenía consenso social en Argentina como para ejecutarse. Perón no era socialista, esto está claro.

¿Qué pasó el 1º de mayo del 74?

Como Perón sabía cuál era nuestra posición, pretendía impedir por vía administrativa la expresión de nuestros planteos. Tomó la disposición de que no se podía ir con banderas políticas a la Plaza de Mayo el 1º; en cambio sí se podía ir con banderas sindicales, lo que era una manifiesta parcialidad a favor del sector ortodoxo. Nosotros recurrimos a la vieja imagen del caballo de Troya. Dentro de los grandes bombos con los que se accedía a la Plaza de Mayo llevamos banderas, aerosoles, letras de las insignias que queríamos poner y concurrimos con grandes banderas argentinas sin inscripciones. De modo que los de la valla policial tuvieron que dejarnos pasar porque nuestra única identificación eran banderas argentinas. Pero una vez adentro de la Plaza, cuando Perón salió al balcón, las banderas argentinas súbitamente se convirtieron en banderas con las inscripciones políticas que habitualmente llevábamos a todas las movilizaciones. Esto enardeció a Perón y reaccionó emocionalmente, reaccionó con insultos que no forman parte del discurso político. Esto desencadenó una tragedia, una batalla campal entre la media plaza que decidió retirarse con los compañeros que eran de nuestro sector y la media plaza que quería quedarse, que era el sector ortodoxo. O sea que el acto duró escasos minutos y en buena medida este hecho fue tomado por la estrategia represiva sobre la cual se desarrollaría el "Proceso de Reorganización Nacional" para profundizar el aislamiento político de los militantes montoneros, con el objetivo de procurar consenso social para el exterminio físico. Incluso hubo un documento reservado del senador Martiarena, que era el presidente del Partido Justicialista en aquella época, donde exhortaba al exterminio físico de nuestro sector, adelantándose a la Triple A.

¿El pase a la clandestinidad fue un error político y estratégico?

Lo único que podíamos esperar con la muerte de Perón y con el poder en manos de Isabel y López Rega era que llegara el golpe de Estado en donde nosotros seríamos las principales víctimas. Cualquier hombre de la calle decía que el golpe llegaría en tres meses. De modo que antes de esos tres meses nosotros, que veníamos siendo violentamente atacados, con compañeros muertos todos los días, decidimos preservarnos y pasar a la clandestinidad. Y ése fue un grave error estratégico y político porque nos privó de consenso y de apoyo político, lo que agudizó el aislamiento.
¿Qué pasó con Roberto Quieto?

Roberto Quieto era el máximo referente de las FAR, que fue la última organización que se fusiona dentro de la organización Montoneros y llegó a ser el número tres, pero públicamente era el número dos, por ser el jefe de las FAR. En 1975 fue detenido, desapareció y no hubo más cómo ubicarlo. Fue sometido a las peores torturas que uno se pueda imaginar. Nosotros no tuvimos nunca más información de él, pero sí tuvimos evidencia de delaciones de él durante la tortura. Cayeron en casas conocidas por él y éste fue un impacto político y emocional muy fuerte para nuestra fuerza. Nuestra fuerza proponía una sociedad que construyera un hombre nuevo y ese hombre nuevo era el futuro de la sociedad. Y se suponía que los militantes revolucionarios tenían que aproximarse o ser casi ese hombre nuevo. De modo que la evidencia de un quiebre en la tortura de un cuadro de la jerarquía de Quieto ponía en crisis estos conceptos. Cómo era posible que aquel que tenía que ser el hombre nuevo pudiera cantar en la tortura. Nosotros establecimos un juicio en ausencia a Quieto, que fue condenado por cantar en la tortura, condenado por delación.

¿A partir de este episodio comienza la utilización de la pastilla de cianuro?

Entonces, a raíz de ese proceso, nosotros decidimos establecer que los medios de conducción no tenían que ofrecer el margen de la delación en la tortura y la única forma de evitar eso, pues nadie puede garantizar antes de pasar por la tortura que no va a hablar, era morir antes de la tortura. Y allí fue que se estableció para los miembros de la conducción la obligatoriedad de la pastilla de cianuro, para no entregarse vivo. Porque uno podía estar armado y combatir, pero eso no garantiza que no caigas vivo. De modo que establecimos la pastilla de cianuro. La conducción recibió una crítica generalizada de la organización. Y la crítica consistía en decir que se establecía un privilegio para los miembros de la conducción. Los miembros de la conducción teniendo pastillas de cianuro tenían el privilegio de no ir a la tortura y el resto de los militantes no tenían esos privilegios. Y entonces se decidió generalizar la pastilla de cianuro para evitar la delación en la tortura.

A usted se lo acusa de haber mandado al matadero a lo mejor de una generación de argentinos.

Es la teoría del flautista de Hamelin según la cual yo era una especie de flautista de Hamelin ideológico y los demás eran ratas que seguían la flauta y se suicidaron. Esto es absurdo e injusto para con nuestros muertos. Una organización clandestina debe contar con el consenso explícito de sus militantes, minuto a minuto. No hay nada más fácil que desertar de una organización clandestina: con no concurrir a una cita y separarse de la organización, eso es todo lo que hay que hacer.

A veces no era tan fácil. ¿Por qué la organización no invirtió más recursos humanos y económicos en preservar la vida de sus militantes?

La estrategia nuestra no era salvar gente. Si hubiésemos tenido esa estrategia, directamente no empezábamos. La estrategia era transformar la estructura del poder en Argentina, no salvar gente. Desde el punto de vista de la preservación se hizo todo lo posible. Pero una cosa es el punto de vista de Amnesty International, que es una organización humanitaria, y otro el de una organización revolucionaria.


EL TESTIMONIO DE FERNANDO VACA NARVAJA

CRÓNICA DE UN DÍA CLAVE

Ciertos relatos históricos tienen un valor relevante cuando lo producen sus protagonistas. Es el caso de esta columna escrita por Vaca Narvaja, uno de los máximos dirigentes montoneros, sobre el día que el General Perón los expulsó de la Plaza de Mayo.

"El 1º de mayo de 1974 es una fecha muy importante, clave para entender muchas cosas que ocurrieron después. Creo que nosotros fuimos a ese acto conscientes de que la relación con Perón estaba rota y de que debíamos evitar un enfrentamiento civil. Cuando sale Isabel y lo anuncia a López Rega, la gente empieza a gritar: "No queremos carnaval, asamblea popular". Además se generó un hecho político inédito en la historia: no conozco a ningún líder de la envergadura de Perón al que se le vaciara la mitad de la Plaza. A punto tal que cuando habla Perón nosotros estábamos justo al lado de lo que era el Comando de Organización (CdeO) y empezamos a recibir los primeros palazos y piedras e hicimos como una especie de grupo de contención. Nosotros, que veníamos bien estructurados, logramos contener el primer hostigamiento. Cuando Perón dice "imberbes, estúpidos", la gente se nos va, se empieza a retirar. Nosotros teníamos un carnecito color rojo o rosado, que era de los jefes de columnas, y tengo que empezar a mostrarlo para poder ponerme a la cabeza, porque ya estábamos con la mitad de la Plaza vacía, para volver a asumir el mando de nuestra gente. Cuando estábamos bajando por Callao hacia el Bajo, hago parar la columna para que los compañeros vean la dimensión de los que nos estábamos yendo, que era impresionante. Y al mirar hacia arriba veo a la gente de los balcones de Callao y Alvear contenta, sonriendo. Digo: "Si estos tipos están contentos, es porque está todo mal". Bueno, nos fuimos muy precavidos porque de hecho teníamos una emboscada en la Facultad de Derecho, que era donde estaba el punto de concentración de todas las columnas del interior. Cosa que era efectivamente así, y eso lo paró Perón. Luego, hablando con Oscar Alende, nos cuenta que después de que Perón concluye su discurso y entra a la Casa de Gobierno, Alende le dice: "Pero, General, ¿qué pasó con la juventud?". "Bueno -le dice Perón-, de vez en cuando hay que darles un tirón de orejas a los jóvenes, pero no es nada." Y lo agarra a López Rega y le dice: "No quiero que ocurra absolutamente nada y usted es el responsable". Si Perón no le hubiese dicho eso a López Rega, nos esperaba una masacre... se repetía en la Facultad de Derecho la masacre de Ezeiza. Yo creo que Perón no conocía los movimientos de López Rega, pero sí podía conocer la tendencia de lo que estaba haciendo López Rega. Y si lo conocía no lo quiso ver, lo intuía pero no lo quería ver. Esto no significa que López Rega no hubiera tenido autonomía para determinadas cosas. Perón siempre se movía en la conducción sobre hechos producidos, concretos. No es que especulara en eso. Y tenía una gran facilidad política y una capacidad como para conducirse sobre los hechos. Entonces, creo que debe haber sobrestimado su propia capacidad para manejar la situación, porque de hecho los acontecimientos se le fueron de las manos."

EL DOBLE DISCURSO DEL GENERAL 
Entrevistado para la serie de documentales Historia Argentina, el Director del Centro de Estudios y Documentación de la Izquierda Argentina, Horacio Tarkus, analiza el surgimiento de las organizaciones guerrilleras en el país y la relación de Montoneros con Perón.

El surgimiento de las organizaciones político-militares en Argentina no debería sorprender. Yo diría que ha sido el resultado necesario de un prolongado proceso de crisis de legitimidad, producto de la sucesión de gobiernos ilegítimos, proceso que se acentuó con la proscripción del peronismo hasta 1973. Esos gobiernos se vieron obligados a recurrir a las fuerzas de represión, lo que dio a las Fuerzas Armadas un poder creciente. Entonces este elemento de crisis de legitimidad, de recurrencia crónica a la violencia va a desembocar en un proceso de luchas obreras, cuyo pico más alto lo representó sin dudas el llamado Cordobazo, junto con toda una cantidad de luchas que se gestaron a fines de la década del 60 bajo el gobierno de la llamada "Revolución Argentina", con la dictadura del general Juan Carlos Onganía. Muchos sectores de la izquierda llegaron a la conclusión de que la única forma de romper esta trampa de los regímenes constitucionales ilegítimos o los gobiernos militares era a través de la lucha armada. "Responder a la violencia de arriba -como se decía en la época- con la violencia de abajo." Para los sectores dominantes la única forma de frenar este proceso de radicalización de masas, de sectores estudiantiles, de la intelectualidad, de la pequeña burguesía hacia las organizaciones de izquierda y en buena parte hacia las organizaciones de lucha armada, era el retorno de Perón. De algún modo el retorno de Perón le va a poner el primer cierre a este proceso de radicalización. Este General Perón que desde el exilio había dado su visto bueno, su guiño a la emergencia de organizaciones armadas como elemento de presión sobre los distintos gobiernos argentinos, va a volver con un discurso de desarme, de reconciliación nacional, de pacificación. Va a abandonar su vieja jerga antipartidista y antipolítica y a rehabilitar las instancias políticas, las instituciones, la defensa de la Constitución, la defensa de los partidos políticos, y de algún modo intentará instrumentar un pacto social, un proceso de unidad nacional y enfrentará a una izquierda tremendamente radicalizada. Paradójicamente, buena parte de la izquierda comprometida en la lucha sentida por muchos sectores y vivida como una reivindicación democrática que era el retorno de Perón, comprobó que ese retorno significaba una derrota política para estas opciones radicalizadas que se venían gestando desde el Cordobazo hasta el 73. No es casual que las organizaciones de izquierda se vieran ante el dilema de subordinarse a la política peronista o presentar candidaturas propias sabiendo que iban a ser proyectos políticos a contracorriente y que iban a ser expresiones políticas minoritarias. De algún modo la izquierda peronista queda atrapada dentro de la lucha interna que se empieza a desatar en el frente peronista. Al mismo tiempo, las distintas expresiones de la izquierda más radicalizada, digamos de la izquierda clasista, acompaña un proceso de radicalización de la clase trabajadora, que presiona por izquierda el pacto social y termina rompiéndolo. Pero que se ve siempre limitada en sus luchas por la acción de una poderosísima burocracia sindical. Es muy claro cómo a partir del año 74, y llegando a las huelgas de junio y julio de 1975, con el Rodrigazo, hay un proceso de desbordamiento por izquierda por parte de una nueva camada de dirigentes sindicales que cuestionan a la vieja burocracia sindical. En este punto corresponde decir que la emergencia de fenómenos nuevos como las coordinadoras interfabriles intenta poner en cuestión este orden, pero los procesos son muy precipitados. A partir de 1976 se produce una recomposición profunda de la sociedad argentina, semejante, en cuanto hito, a la que se había producido a partir de los años 30. Otra vez las izquierdas se instalan en la nueva realidad de los años 80 con el viejo paradigma nacional populista y otra vez pagan cara su incomprensión de la nueva realidad que se había instalado, porque en esas circunstancias históricas el propio peronismo se había transformado en algo muy distinto. Menemismo mediante, había ido dejando atrás todo su viejo nacional populismo. Todavía hoy nos encontramos con una izquierda que sigue pensando en los viejos términos nacionalistas estatistas.

Roberto Quieto, fue secuestrado el domingo 28 de diciembre -día de los santos inocentes- por la tarde, sin resistirse ni combatir, mientras tomaba mate con su familia en el balneario de Martínez. Se lo llevaron una docena de policías de civil que escondía sus ametralladoras bajo lonas y toallas. Su esposa, Alicia Beatriz Testai, fue dejada en libertad. A las pocas horas de su secuestro empezaron a caer casas clandestinas de distintas estructuras y decenas de militantes del Norte, Capital y Córdoba. Cayó hasta el pozo donde pocos días antes había estado secuestrado Metz, el empresario de Mercedes Benz, por el cual se había pedido un rescate de 4 millones de dólares. El resto de los miembros de la Conducción se enteró de su desaparición al sintonizar radio Colonia, por la noche. Era una de las pocas emisoras que informaban sobre secuestros y detenciones, de modo más rápido y completo que los comunicados que las fuerzas de seguridad entregaban a la prensa. El alerta lo dio un militante: había presenciado el secuestro y llamó por teléfono a la emisora uruguaya para que lo difundiera.

Ver: La “traición” de Roberto Quieto: Treinta años de silencio. Por Lila Pastoriza. Ver también: http://www.desaparecidos.org/arg/victimas/quietos/

 


Miradas sobre los setenta: una polémica 20 años después*

María Sondereguer** / Renata Rocco‑Cuzzi***, 1997
Los revolucionarios aman la época que les tocó vivir, porque es su patria en el tiempo. León Trostsky

Durante los años de la dictadura, como consecuencia de la violación de los derechos más elementales en un régimen generalizado de terror, la resistencia planteada desde los organismos de derechos humanos y su reclamo por los desaparecidos, por el derecho a la vida, articuló un espacio desde donde se reconstituyó la idea de un sujeto de derecho que fue luego sostén de la refundación política en la Argentina. 1 La reivindicación de la existencia misma de ese sujeto, operando como el más claro índice de discontinuidad con la dictadura, colocó toda otra reivindicación en el lugar de la repetición del pasado, legitimó así un discurso sobre lo posible, y obturó con el relato del horror todo otro relato de unos hechos ‑la experiencia social y política de la primera mitad de la década del setenta‑ que, en ese entonces, pertenecían todavía al presente.

Pero cuando el domingo 7 de abril de 1996, el diario Página/ 12 publicó dos artículos firmados por Miguel Bonasso y Gabriela Cerruti 2 –a raíz del estreno de "Cazadores de Utopías", de David Blaustein- con el objetivo de participar de un "debate sobre la memoria, los montoneros y el futuro", las primeras grietas en este dispositivo de interdicciones ya habían comenzado a manifestarse. Ambas notas, situadas dentro de la trama de legalidades y tabúes que los últimos años fueron tejiendo, actuaron como disparadores de una polémica que superó los límites de la crítica a una producción artística. Las respuestas de Susana Viau y Ernesto Villanueva el 16 de abril; las de Uriarte, Forn, Schapces, Nora Cortiñas el 21, y las de Baschetti y Lipscovich el 28 del mismo mes profundizaron ese gesto. 3

Con la polémica, y con las inquietudes que revela: con sus luchas, victorias, azares, restricciones, intentaremos dialogar en estas páginas. Ciertos discursos valen como signo o manifestación de adhesión -de clase, de interés, de rebelión, de resistencia- y muestran las posiciones de quienes los enuncian. 4

Al iniciar su nota, entre los muchos modos en que se puede plantear un comentario, Bonasso elige la figura de la hipérbole:

[...] En la vereda de Carlos Pellegrini al 600 –escribe- frente al cine Maxi, donde exhibían "Cazadores de Utopías" de David Blaustein, hubo escenas que parecían arrancadas de "Veinte años después": antiguos mosqueteros y mosqueteras se reconocían pese a las arrugas y las canas, saltando en un abrazo reparatorio un abismo de años cavado por las cárceles, los destierros y la diáspora que engendra toda derrota, Pocas horas más tarde, el fenómeno se multiplicaba y alcanzaba el éxito de los grandes números, en la Marcha del 24. 5

Construyendo su reverso -el relato ya tiene sus héroes y, porqué no, también su moraleja- Gabriela Cerruti invierte los sentidos de la metáfora: "Toda una proeza" –dice- y sus palabras proponen una refutación. Suponen una réplica y anticipan una réplica. No sólo cuestionan aquello que se dice sino a quienes lo dicen, A través del sarcasmo intenta una desmitificación, pretende una suerte de desocultamiento. "Toda una proeza: una película de más de dos horas sobre la historia de los montoneros sin nombrar ni una sola vez a Mario Eduardo Firmenich, ni a Rodolfo Galimberti, ni a Roberto Perdía o Fernando Vaca Narvaja". 6

Los comienzos demarcan posiciones, instituyen lugares. Si para Bonasso, veinte años después del golpe del 24 de marzo de 1976, "ese formidable impulso colectivo, negador del fin de la historia y de las teorías bidemonológicas que oscurecieron los años de la democracia, sigue allí", para Cerruti, el documental encierra "proezas" varias, y "jeroglíficos para iniciados", y en el mismo movimiento, el sarcasmo interpela con signo negativo y plantea un desafío: "El mito de los años dorados [...] es la forma de escapar a la discusión verdadera de errores y aciertos".

Cerruti utiliza la ironía para descalificar esas voces que, en el film, enuncian su verdad de protagonistas, aquello que Bonasso designa ‑y legitima‑ como "epopeya montonera" y que Blaustein constituye en estrategia básica de su relato. Es que si Cerruti señala sarcásticamente que es toda una proeza que en una película de más de dos horas no se nombre ni una vez a Firmenich, Vaca Narvaja o Perdía, interpretando esas omisiones como un silencio vergonzante destinado a falsear la historia, y algo de eso puede ser cierto leído desde los noventa, sin embargo, nos parece más atinado entender ese gesto como la táctica más globalizadora de la película: otorgar la voz a los cuadros medios es darle la palabra al pueblo, un pueblo que cuenta su historia. El film se propone, entonces, como una epopeya que, en el polo opuesto a lo que entiende Cerruti, lejos de falsearla, cuenta la verdad de la historia.

Pero volviendo a la ironía de Cerruti, en esa doble voz desnuda una ambivalencia que recorre todo el texto y que quizás en ninguna otra frase queda tan claramente explicitada como cuando dice: "Toda nuestra veneración y envidia a esa historia", y la afirmación no es en absoluto inocente. Como en toda ironía, "veneracion y envidia" pueden leerse en la línea del sarcasmo pero también al pie de la letra, Entre la adhesión y el rechazo, el texto delata un malestar: no haber pertenecido a la generación que aparentemente interpela.

El artículo delimita un blanco doble: "ellos" son los iniciados. El haber pertenecido los distingue, instala una disimetría respecto de un nosotros" inclusivo que señala a los otros, los excluidos; los que desconocen las referencias: la contraofensiva, la píldora, las células, Taco Ralo; 7 los que no estuvieron ahí, y no saben si era "maravilloso" o "insoportable".

Ese nosotros atraviesa el texto y contiene una autorrepresentación generacional: "Los gloriosos años setenta son el karma de las generaciones posteriores" afirma Cerrutti‑. Pero la discordancia léxica produce un deslizamiento de sentido que recoloca el valor asignado a los distintos interlocutores.

"El peso de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos" (y aquí no te cito, cito a Marx)", responde Viau, y la réplica legítima a los "otros" y permite cifrar una genealogía: son ellos, "los más viejos" (Villanueva). Los lugares desde donde se habla determinan la "moral" de los enunciados. Si la polémica reposiciona aliados y adversarios, la constitución de un "ellos" y un "nosotros" logra condensar en sus desplazamientos los puntos de fricción y de encuentro, las vacilaciones y las certezas.

"No se puede plantear ningún debate sin dejar sentado que ellos eran mucho mejores que los que vendrían después" -continúa Cerruti. Y concede: "Desde el dolor o la compasión, todos querríamos que esos jóvenes valerosos e idealistas estuvieran vivos. Quizás este país sería distinto".

Sin embargo, ese todos compasivo -que nos implica en el texto con toda su fuerza persuasiva- es también artificio retórico en Cerrutti cuando, en la conclusión de la nota exaspera su argumentación; 8 la descalificación por el absurdo expulsa a "ellos" de toda posibilidad de comunión: "Visto desde hoy, cualquiera tiene derecho a preguntarse si no es legítimo discutir cómo hubiera sido un país con Mario Firmenich de presidente y Rodolfo Galimberti de jefe de la SIDE". 9

Otras colocaciones, otros nosotros fundan significados opuestos. A propósito, es posible armar tres grandes lugares de enunciación: el de los protagonistas (Bonasso, Villanueva, Viau, Uriarte); el de los no protagonistas (Cerruti, Schapces, Baschetti, Forn) y el de los que no se proponen como ni una ni otra cosa (Cortiñas, Lipcovich). La pertenencia a un grupo no presupone puntos de vista homogéneos; el discurso de Uriarte es el revés de la trama de los discursos de los protagonistas, en tanto pone en negativo todo lo que resulta positivizado en los otros. "Los Montoneros no eran 'cazadores de utopías' -cualquier cosa que sea lo que quiere decir esto- sino una banda de irresponsables violentos a los que me tocó ver disolver a cadenazos las asambleas universitarias que les eran hostiles". Uriarte es juez que dictamina sin el menor asomo de problematización. Nada hay para ser revisado: "En el clima ideológicamente exasperado de esa década -que no fue gloriosa sino una carnicería-, "una época en la que todo se dirimía a tiros", él posee todas las respuestas que reclama Cerruti (obviamente no sobre la película, sino sobre el período histórico), Pero, además, sostiene esas respuestas con un plus; él no es hijo ni hermano menor, en el "me" se define como coetáneo, él vio, él no reclama -como Cerruti- que los sobrevivientes le den una respuesta que no puede alcanzar por sí mismo.

Entre los setenta y los noventa, entre jóvenes y viejos, entre los chicos actuales y los revolucionarios de dos décadas atrás, se trazan algunos ejes de la disputa: solidaridad vs. individualismo; pasión vs. facilismo. Pero no sólo eso. Si la injuria en Uriarte fractura el topos generacional e instala un "yo" que pronuncia su sentencia: "Los Montoneros eran un movimiento del desborde que llevaba incorporada en su propia mecánica la cláusula de su destrucción", la respuesta de Nora Cortiñas explícita un nosotros que integra a ese todos y se sitúa por fuera de aliados y adversarios: la reconstrucción de la historia, de cualquier historia –afirma- no es patrimonio de nadie, se hace con el aporte de todos los que buscan la verdad, la hayan vivido o no". "Entender esa historia", es decir, narrarla, otorgarle un sentido, es la única certidumbre que soporta las réplicas de los distintos interlocutores. Entre los setenta y los noventa, el artículo de Pedro Lipcovich lo coloca por fuera de la polémica a la que, además, pretende clausurar. Como un historiador -en el sentido en el que lo entiende Hayden White-,10 él rechaza cualquier construcción de un "nosotros", pero en cambio, dibuja dos "ellos": el de un presente abigarrado de "grupos solidarios donde caben travestis, amas de casas suburbanas, organizaciones de discapacitados, habitantes de asentamientos precarios..." en fin, vecinos que "no creen que su vecindario es más valioso que otro"; el segundo "ellos" es el de los miembros de grupos militantes de los setenta. La duplicación en sí es una toma de partido que salda la polémica al ubicar en el pasado a los "compañeros o militantes [...] de los tiempos que fueron". Si el tema es el de la solidaridad, en la narración de los hechos que hace Lipcovich ninguno de los dos grupos es mejor que el otro, sino simples protagonistas de las distintas épocas que les tocó vivir.

¿Algo para recordar?:

Quizás ahora que ya saldaron esa deuda con ellos mismos haya llegado por fin el momento de encontrar una manera un poco menos apasionada y parcial de que nos ayuden -a nosotros, a los otros- a entender esa historia, dice Cerruti al cerrar su texto. Y Viau es la que más abiertamente recoge el guante del desafío, cuando al final del suyo retorna las palabras de Cerruti y las califica de "atinada exigencia final". Sin embargo, en un doble movimiento impone sus propias condiciones para ser una de las tantas Beatrices que reclaman las nuevas generaciones:

Con una salvedad ‑dice‑, no fue el exceso sino la falta de pasiones la que ha ido transformando esa pequeña historia en algo incomprensible: el haber tenido que descifrarla, repensarla o padecerla (según se vea) desde las aguas turbias de un lugar (y un momento) en el que los grandes edificios que se conocen son ‑como decía Bertolt Brecht‑ los que un hombre puede construir por sí mismo. Y en esa sola frase sintetiza dos de los presupuestos setentistas más importantes: la pasión como disparadora de la acción y la solidaridad como isotopía de época, contrapuesta al individualismo de los tiempos presentes.

Como en los discursos sociales que van emergiendo a partir del corte histórico que se produce con el fin de la dictadura, la palabra "memoria", "el intento de reconstruir una historia", afloran una y otra vez en los contenidos de la polémica, en los títulos, volantas y copetes que enmarcan ese corpus desde la acción de uno de los tantos "otros", el editor, que a su modo participa en su constitución.

Sin embargo, pese a tanta proliferación, la primera y más elemental pregunta que cabría hacerse es si los textos admiten que hay algo para recordar, más allá de que su sola existencia es la prueba más contundente de una respuesta por el sí. Porque no se puede obviar que quien abre el fuego (Cerruti) lo hace desgranando una serie de preguntas que bien cabe calificar de certeras:

¿Valió la pena? ¿Era maravilloso o era insoportable? ¿O lo valioso duró apenas dos años? ¿Cuánto tiempo vamos a pasar añorando aquellos dos años sin pensar en el costo que hubo que pagar por esos veinticuatro meses de gloria?

Porque si todas las primeras preguntas citadas tienen un tufillo a interrogación vicaria o retórica, la última tiene un poder de condensación increíble: acota el tema de la nostalgia (que en la explicación de la experiencia setentista no se agota en la respuesta de "que todo tiempo pasado fue mejor") y lo hace a un punto tal que la propia Cerruti se incluye al utilizar la primera persona del plural, y formulando nuevamente la primera pregunta acerca de sí la experiencia valió la pena, que es, en definitiva, la que se hicieron todos aquellos que creen haberla respondido al tachar a los militantes setentistas de "enamorados de la muerte" con todas sus variantes posibles, Los mismos que intentaron poner el punto final no sólo mediante las dos decisiones parlamentarias, sino en su coronación máxima: la teoría de los dos demonios. 11
Entonces, les preguntamos nosotras a cada uno de los protagonistas de la polémica: ¿vale la pena hacer este ejercicio de la memoria? y se la hacemos no ya a una sociedad, que si no en su conjunto, respondió con una plaza de 100 mil personas haciendo un ejercicio inédito de recuperación de la memoria en la historia de nuestro país.

La memoria es una estratega. Tiene su economía de recuerdos y olvidos, incertidumbres y certezas. Conlleva tambien una inquietud: desde los interrogantes posibles del presente puedo significar los contornos del pasado y volver más visibles, o menos, las siluetas.

Sin embargo, la pregunta acerca del por qué recuperar la memoria de un tiempo pasado parece imposible de responder sin dar lugar a otra que interpela sobre el cómo hacerlo.

Al respecto, en el cuerpo de la polémica hay por lo menos dos ejes absolutamente enfrentados que elaboran sendas teorías acerca de cómo se recupera la memoria: la reconstrucción de los setenta se hace desde las subjetividades de sus actores (que no sólo es la hipótesis de varios de los participantes de la polémica, sino también de la propia película de Blaustein), o plantándose en una reconstrucción que debe anclar en los noventa, como propone Cerruti.

Como ya demostró Borges en el Pierre Menard‑ por más que se quiera volver atrás sobre los hechos tal como fueron, el momento de ejercitación de la memoria deja sus huellas, más o menos, pero siempre las deja. Y esto es bien claro ya desde la operación que hace Blaustein con el nombre de su película: nadie en los setenta hubiera hablado de utopía. Como dice Villanueva "Era el mundo de la juventud y de los sueños cumplidos, era la época de la razón puesta al servicio de la voluntad: todo debía transformarse y era justo que lo hiciéramos ya".

De los setentas se habla como actor de los hechos o como observador. En este punto es bueno recordar que tal dicotomía no se construye en los textos que estamos leyendo, sino todavía con mucha mayor virulencia en los primeros años de la post dictadura, en los que haber sido protagonista o no haberío sido autorizaba o prohibía el uso de la propia voz.

Después, y sobre todo a partir de la consolidación del presupuesto bidemonológico, los setenta son demonizados a un punto tal que sobre ellos empieza a pesar una interdicción que los sepulta, lanzándolos a un tiempo tan remoto sobre el que no existe discurso ni recuerdo viable, sólo hay espacio para uno y sólo un discurso hegemónico. Tal vez sea en este panorama en el que alcanza toda su dimensión la frase "era algo que nos debíamos" y que Cerruti, apropiándose quizá del voluntarismo con el que tantos caracterizaron a la generación de los setenta, interpreta como el "saldo" suficiente que hará posible la comprensión de esa historia para las generaciones posteriores.

Es dentro de este contexto, al que se suma una fecha tan emblemática como los 20 años (el tiempo necesario para que se haga posible una generación de hijos de desaparecidos) que resuena como tan sintomática una polémica como la que estamos analizando.

En toda sociedad la producción del discurso ‑dice Foucault en los comienzos de "El orden del discurso" 12 está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y terrible materialidad [...] Se sabe que no se tiene derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa,

En el ejercicio de la memoria, algunas interdicciones ejercen su coacción y ensucian, como manchas de origen, la narración de una historia sobre cuyo significado se pretende debatir. Pero por detrás del conjuro, la palabra prohibida asoma su poder: la legitimidad de la lucha armada como opción política en el horizonte ideológico setentista, su racionalidad histórica para la construcción de una sociedad igualitaria, Y la legalidad del presupuesto revolucionario frente a los límites de la "democracia liberal" -en palabras de la época-.

Sólo la alusión: "sí uno equipara los centuriones a los seguidores de Espartaco" (Villanueva) o la cita: "Los revolucionarios aman la época que les tocó vivir porque es su patria en el tiempo" (Viau) permiten, de algún modo, la referencia a ambas.

Quizás sea la pregunta por la solidaridad, por la justicia, la que se inscribe en las fisuras presentes de ese dispositivo de prohibiciones, Quizás sea ese interrogante uno de los que pueda devolverle a ese pasado su significación. Tal vez también sean aquellos límites -los de la democracia liberal-, los que atraviesan de inquietud los discursos que se proponen entender la historia de los setenta. y sean esas indagaciones las que sostienen, recién a fines de los noventa, la voluntad de explicarla.

Notas
* Ponencia presentada en el Coloquio Internacional "DeClínio da Arte/Ascensao da Culture, organizado por el Nueleo de Estudos Literarios e Culturais de la Universidade Federal de Santa Catarina (Floriaínápolis), los días 5, 6 y 7 de marzo de 1997
** Docente del Departamento de Ciencias Sociales de la UNQ.
*** Docente e investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA.
1 Una interesante reflexión sobre la reconstitución de la idea de un sujeto de derecho en la cultura política se encuentra en el artículo de Inés González Bombal "Nunca más: el juicio inás allá de los estrados", en Juicios, castigos y memorias, Buenos Aires, Nueva Visión 1995,
2 Miguel Bonasso fue secretario de prensa del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) que llevó a Cámpora a la presidencia en 1973. Exiliado en 1977, integró el Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero.
Gabriela Cerruti pertenece a una generación de periodistas más jóvenes, Escribió El jefe. un libro crítico sobre la figura de Menem.
3 Susana Viau es periodista; en los años setenta militó en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Ernesto Villanueva fue rector de la Universidad de Buenos Aires en 1973 y 1974; 1975, estuvo en prisión hasta fines de 1982. Claudio Uriarte es periodista; escribió una biografía "no autorizada" sobre Massera: Almirante CerO. Juan Forn es escritor y periodista, actualmente edita el Suplemento Cultural Radar de Página/12; forma parte de la misma generación de jóvenes que Cerruti. Marcelo Schapces fue asistente de dirección de David Blaustein en "Cazadores de Utopías". Nora Cortiñas pertenece a la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo. Roberto Baschetti es investigador, autor de Documentos de la Resistencia Peronista (1955‑1970); Rodolfo Walsh, vivo; Documentos 1970‑ 1973. de la guerrilla peronista al gobierno popular, militó en la Juventud Peronista en los setenta. Pedro Lipcovich es periodista, editor de la página de psicología del diario Página/12.
4 Véase Foucault, Michel, El orden del discurso, Barcelona, Tusquets, 1981
5 Al cumplir veinte años del golpe militar en la Argentina se realizó una marcha de repudio que reunió a más de 100mil personas en Plaza de Mayo.
6 Mario Firmenich ocupó la jefatura de Montoneros: Roberto Perdía y Vaca Narvaja integraron la Conducción Nacional, Rodolfo Galimberti fue líder de la Juventud Peronista en los años setenta y conductor de la Columna Norte de Montoneros,
Sobre el surgimiento y desarrollo de Montoneros puede leerse la Investigación reallzada por Richard Gillespie: Soldados de Perón, Buenos Aires, Grijalbo. 1987, uno de los estudios más completos sobre la historia de la organización.
7 La contraolensiva fue una operación militar decidida en 1979 por la Conducción Nacional montonera en el exilio. Según su particular evaluación de la situación en Argentina, había condiciones para una rebelión popular. Pero los servicios de información del estado estaban al tanto del operativo, la mayoría de los cuadros que retornaron a combatir fueron muertos y los Montoneros -con excepción de dos tendencias que se escindieron: la liderada por Galimberti y Montoneros 17 de octubre- estimaron de todos modos que la contraofensiva había sido "correcta y oportuna".
Taco Ralo es uno de los primeros intentos de constituir un foco guerrillero en Tucumán, en 1968, llevado adelante por las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas).
8 Para analizar los recursos retóricos utilizados por los distintos polemistas, seguimos la sistematización de las figuras de la agresión realizada por Marc Angenot en La parole pamphlétaire París, Payot, 1982.
9 La dudosa trayectoria política y personal de estos dirigentes montoneros en los años que siguleron al golpe de estado de 1976 es lo que sustenta la descalificación de Cerruti.
10 Véase Hayden White, "El valor de la narrativa en la representación de la realidad", en El contenido de la forma‑ Buenos Aires, Paidós, 1992.
11 La llamada teoría de los dos demonios explica la experiencia de la violencia dictatorial en Argentina como resultado del accionar de dos sectores con igual responsabilidad criminal: las organizaciones guerrilleras y las Fuerzas Armadas. De este modo homologa la opción por la violencia de los grupos políticos armados con la metodología represiva basada en la toma del poder político y el terrorismo de estado.
La llamada Ley de Punto Final de 1986, (que fijó una fecha tope para el llamado a prestar declaración indagatoria de los presuntos implicados en violaciones a los derechos humanos): la Ley de Obediencia Debida de 1987, que especificaba grados de responsabllidad; y el indulto otorgado por Menem en 1989 a militares comprometidos con la represión y civiles sancionados por actividades guerrilleras, operan dentro del presupuesto bidemonológico.
Para un análisis rnás detallado, puede verse -entre otros- el estudio de Carlos Acuña y Catalina Smulovitz: "Militares en la transición argentina: del gobierno a la subordinación constitucional", en Juicios, castigos y memorias, Buenos Aires, Nueva Visión, 1995.
12 Foucault, M., op. cit.
NOTA: El Descamisado, publicación vocero de la organización Montoneros, en 1973 -con la dirección de Dardo Cabo- llegó a vender 250.000 ejemplares.

La unidad y el sectarismo

Dardo Castro*

La construcción de la memoria también requiere detenerse en la significación que a la distancia adquieren los acontecimientos. Una noche de marzo de 1974, en la ciudad de Córdoba, una veintena de militantes armados del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), de Montoneros y de Poder Obrero montaba guardia en los techos del SMATA, el sindicato de los trabajadores de la industria automotriz. Su secretario general, René Salamanca, públicamente conocido como dirigente del Partido Comunista Revolucionario, había ganado el gremio con una lista de unidad en la que estaban representadas casi todas las tendencias políticas con inserción en el gremio. El local era un hervidero. Afuera, nos sitiaba medio centenar de hombres con escopetas Itaka que habían arribado a la ciudad comandados por miembros de las Tres A y de la conducción nacional del SMATA. Los obreros habían votado ese día la renovación de la comisión directiva cordobesa; el triunfo de Salamanca era un hecho. De esa noche tengo el recuerdo nítido de Salamanca en la penumbra del techo, angustiado por un enfrentamiento que suponíamos inminente, no quizás en ese momento sino al otro día, cuando se transportasen las urnas desde las plantas. Pero en la mañana siguiente unos 40 ómnibus cargados de trabajadores salieron de las fábricas trayendo las urnas. Los fascistas del ministro López Rega sólo pudieron mirar esa caravana triunfal desde lejos.

Salamanca había ganado el gremio por primera vez en 1970. No pudo con él, ni entonces ni después, la denuncia de que había opuesto inútilmente la consigna "Ni golpe ni elección, revolución" al alud popular del ‘73. Es que, en una situación profundamente transicional, los trabajadores votaban mayoritariamente al peronismo pero elegían conducciones gremiales que, ante todo, fueran consecuentes en la lucha por sus reivindicaciones de vida y de trabajo. Desde la epopeya clasista de los sindicatos cordobeses de Fiat, Sitrac y Sitram, en 1970, el movimiento obrero combativo había recorrido un largo camino. Los mecánicos cordobeses en 1974, los metalúrgicos de Villa Constitución y, poco después, en 1975, las Coordinadoras de Gremios en Lucha de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe, redefinieron el clasismo incorporando el carácter pluralista de la lucha reivindicativa y democrática. Después de todo, el Cordobazo fue fruto también de la alianza entre un socialista, Agustín Tosco, y un astuto vandorista, Elpidio Torres, que por entonces jugaba al recambio del dictador Onganía propuesto por otro general, Alejandro Agustín Lanusse.

Esa unidad en la acción se vio, incluso, a pocos meses de la asunción de Héctor Cámpora en 1973, cuando trabajadores de todo el país rompieron el techo salarial impuesto por el plan Gelbard. La lucha de clases estallaba en el propio seno del poder político y, de algún modo, los trabajadores intuían que, pese a la brecha democrática abierta de hecho por el triunfo peronista, el movimiento popular carecía de fuerza suficiente para ganar la hegemonía política, a la vez que los grandes grupos de poder se recomponían rápidamente.

A partir del Cordobazo, la utopía socialista había ido ganando las conciencias y, por abajo, la izquierda marxista y el peronismo revolucionario confluíamos en los organismos de lucha del movimiento obrero, cuyo punto más alto fueron las Coordinadoras en 1975, que con mayoritaria presencia de Poder Obrero, Montoneros, PRT y el Peronismo de Base, fueron verdaderos órganos de transición entre la acción reivindicativa y la acción política independiente de los trabajadores. Ese proceso impactó fuertemente en el interior de Montoneros y, acaso tardíamente, su conducción aprobó en 1976 la propuesta de la unidad de todos los revolucionarios por el socialismo. De allí nació la Organización por la Liberación Argentina (OLA), de efímera vida, que se proponía conformar un estado mayor conjunto de las fuerzas de Montoneros, Poder Obrero y PRT. Sólo hubo dos encuentros; en el último, a mediados del ‘76 en Rosario, cuando Roberto Santucho y Domingo Mena ya habían caído, fue evidente el abatimiento de los compañeros del PRT. Nos sorprendió entonces el desdén de Montoneros y su actitud claramente hegemonista. De quienes allí estuvieron, ignoro si hay otros sobrevivientes; de los nuestros, el secretario general de Poder Obrero, Carlos Fessia, murió en un enfrentamiento en 1976.

Ni el amor ni el espanto, la derrota de todos acabó con ese esbozo de unidad. Hacia fines de 1975, después del Rodrigazo, grandes capas de trabajadores peronistas se retraían, desconcertadas por la clausura del horizonte político, en tanto que los sectores populares que habían sido el núcleo dinámico comenzaban a aislarse, así como las organizaciones revolucionarias, que nos empeñábamos en redoblar la apuesta aún sabiendo que el camino de la revolución era ya un corredor sin salida. El militarismo, que la movilización incesante había perdonado, cobró mayor fuerza en todas las organizaciones armadas. Ocurre que todo partido político es portador de una propuesta de orden, más aún cuando se trata de un grupo revolucionario de los ‘70, dos décadas antes de Chiapas y la encantadora sabiduría del subcomandante Marcos. Lo saben largamente los dirigentes gremiales que sufrieron la contradicción entre la espontaneidad del movimiento, su desorden natural, y la propuesta partidaria, siempre al filo del autoritarismo. Y una operación armada es la máxima tentación de orden. Su perfección exige menos creatividad que resolver una crisis política, donde se está obligado a tener en cuenta no ya las fuerzas propias sino las tendencias profundas del movimiento social. No fue en 1973 cuando esa impotencia nos arrastró al holocausto, sino hacia finales de 1975, cuando nuestro tremendismo revolucionarista quedó al desnudo a un costo terrible. En nuestro descargo, cabe alegar que poquísimos dirigentes superaban los 30 años de edad.

Esta historia es, de cabo a rabo, irrepetible. Lo que aquí se ha dicho sólo pretende contribuir a la comprensión de una etapa que todavía se dispersa en los recuerdos individuales de quienes la vivieron y sumar uno más a la diversidad de relatos con que se está construyendo la memoria colectiva.

*Codirector de la revista "Política, cultura y sociedad en los ‘70.

Firmenich economista - Eutopía 

Equipo de Investigaciones Rodolfo Walsh, 2004

Estando en prisión a fines de los ochenta, el autor de este trabajo profundizó sus estudios e investigaciones económicas en la búsqueda de una alternativa al neoliberalismo. Así metido en estas lides, en 1996 obtuvo la licenciatura en Economía en la Universidad de Buenos Aires y en 1999 el doctorado en la de Barcelona. Su tesis para este último escalón académico -origen y núcleo del libro que presentamos- fue apadrinada por el Premio Nobel en Economía Joseph Stiglitz.

Como economista y hombre político, Firmenich registra en esta obra reveladora la crisis internacional de los modelos keynesianos y socialistas tradicionales; hunde luego su mirada en el neoliberalismo que los reemplazó -con sus desastrosos resultados sobre el Estado y la calidad de vida de las mayorías-, para construir finalmente una propuesta que enfrente los principales problemas latinoamericanos, con especial énfasis en los de Argentina.

Por este último aporte titula a su libro Eutopía, que es "la tierra del bien"; es decir, porque propone y debate cuestiones posibles y no meros sueños. Así, expone un modelo compuesto por un conjunto de reformas para el desarrollo sostenible en los planos social, económico, político y ecológico, apoyadas sobre fundamentos teóricos más sólidos que los presupuestos de la economía neoclásica (verdadero "pensamiento único" de los noventa). Todo ello "mediado" por un sistema de democracia participativa, justicia social y diversidad cultural que lo garantizará en el tiempo.

Por lo expuesto, el lector podrá pensar que se trata de un libro "difícil". Nada más alejado de la realidad: su exposición es llana y didáctica, fácilmente entendible aún para los no habituados a lecturas de Economía. Eso sí, quien espera un libro político polémico y "de barricada", con planteos y alusiones al pasado del autor y de la generación que lo reconoció como unos de sus protagonistas, saldrá defraudado. Firmenich se presenta aquí como un hombre dispuesto a mirar hacia delante y aportar con enjundia a las cuestiones del presente.

Mario Eduardo Firmenich nació en Buenos Aires en 1948. Inició su militancia política durante la dictadura del general Onganía. Saltó a la notoriedad pública en 1970, tras la ejecución del general Aramburu por Montoneros, organización de la que fue dirigente destacado. Tras su doctorado en España se ha desempeñado como profesor invitado a diversos trabajos de investigación acerca del MERCOSUR y como profesor asociado en el Departamento de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona. También ha colaborado con diversas organizaciones no gubernamentales en modelos alternativos de organización social, desarrollo sustentable y socioeconomía solidaria.

Entrevista a Mario Eduardo Firmenich

"Es necesario un contrato social explícito donde el sujeto social es la nación entera"

Por Katy Garcia, Prensared, julio de 2005

Prensared dialogó con Mario Eduardo Firmenich acerca de la propuesta política contenida en su libro "Eutopía, una alternativa al modelo neoliberal", que presentó en Córdoba invitado por el Seminario Iberoamericano de Estudios Sociales y Económicos (Siese).
La tesis doctoral del ex jefe montonero fue apadrinada en 1999 por el Premio Nobel en Economía, Joseph Stiglitz y está contenida en el libro "Eutopía", publicado por Editorial Colihue. Firmenich, quien se define como "un excluido de la política", explicó su propuesta de cambio basada en la construcción de consensos que permitan desarrollar políticas de Estado a largo plazo. Proyecto nacional, integración latinoamericana, y una perspectiva diferente en torno al concepto de sujeto histórico, fueron algunos de los temas abordados en la entrevista.

-El stablishment y la corporación mediática impugnan tu figura. ¿Sigue vigente la Teoría de los dos Demonios?

Creo que la Teoría de los dos Demonios es la incapacidad de encontrar, con racionalidad política, respuestas a las crisis estructurales que ha vivido la Argentina. ¿Que rol tiene la Argentina en el mundo, qué perfil productivo, demográfico, tiene este país?. Hubo un modelo estructurador el de la generación del 80, el modelo oligárquico. Después vino el modelo industrial peronista que, con variantes de desnacionalización, sigue el desarrollismo con el modelo industrial. Nos hemos criado escuchando hablar de la guerra agroindustrial y este es el origen de la cuestión: Qué clase de país tenemos. La resolución de esa crisis implicó para el país una guerra civil sui generis, porque no todas tienen que ser iguales a la guerra Civil Española. Pero una guerra civil es un proceso, como dice Von Clausewicz, "la guerra es la continuación de la política por otros medios" donde el núcleo central del enfrentamiento es la inexistencia de un proyecto de país, la inexistencia incluso de un marco jurídico consensuado que es la Constitución Nacional. En definitiva, la inexistencia de un contrato social. Esta es la cuestión.

- ¿El gobierno de Kirchner, al menos desde lo discursivo, habla de salvaguardar intereses nacionales. ¿Cuál sería una propuesta política que permita avanzar en el diseño de un proyecto nacional?
Creo que el gobierno de Kirchner puede considerarse dentro del mismo plano en que se han movido los demás, mejor que los demás. Pero dentro del mismo plano. A saber: ningún gobierno desde el inicio de la transición democrática hasta ahora ha convocado a redefinir el proyecto nacional. Esto no lo puede definir un ministro. Esta es una cosa que deben debatir todos los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil y que debe aprobarse en el congreso. En definitiva, es una asamblea constituyente, un pacto constituyente. Un modelo de desarrollo de perfiles: industrial, social, cultural y por décadas. Esto no existe en la Argentina y esta es la crisis que está debajo de la crisis de 2001. Estalló la convertibilidad que fue un baño que tapó la inexistencia de una estructura productiva financiando el consumo con deuda externa. Cuando se adoptó eso, se puso en evidencia que la Argentina no tiene un perfil productivo, demográfico, cultural; en definitiva, no hay políticas consensuadas a desarrollar en el largo plazo.

- Ahora, la sociedad ante la crisis ha ido creando nuevas formas de organización. A los trabajadores se sumaron los desocupados y se organizaron en cooperativas de trabajo. Por otro lado las empresas recuperadas, ¿Cuál sería el nuevo sujeto histórico que va a conducir el cambio?

Vos me estás hablando de un paradigma sociológico marxista en donde se supone que una clase social tiene las condiciones estructurales para liderar el cambio. El estudio que yo he hecho y que fundamenta el libro - esa parte he omitido publicar porque es la más teórica-, he partido de criticar y replantear el paradigma marxista. Éste parte de la idea de la hipótesis fundamental de que hay un modo de producción estructurado básicamente en torno a un criterio que es propiedad de los medios de producción y que hay una sucesión histórica de los modos de producción. Ahora, la evidencia empírica demuestra que ese paradigma no se cumplió en ningún lugar. La revolución rusa no es la consecuencia del levantamiento y agotamiento del desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas en Rusia. La revolución China y la cubana tampoco.

- Entonces...

Entonces, podríamos decir que por lo menos representa el paso del feudalismo al capitalismo. Bien, pero entonces ocurre que en esa metodología de análisis, la crisis de la revolución de la fuerzas productivas o sea la revolución industrial que es un proceso social es lo que destruye la superestructura del Estado feudal. Pues bien ocurre que en donde hubo revolución industrial no le cortaron la cabeza al rey hasta el día de hoy -que fue Inglaterra-, y donde le cortaron la cabeza al rey no hubo revolución industrial. La teoría marxista como interpretación general de la historia no se sostiene en la evidencia empírica. Yo parto de otro concepto. Es cierto que los intereses económicos están en el trasfondo de la historia política. Esto es obvio. Pero yo sustituyo el concepto de modo de producción donde hay un sujeto histórico encargado de pasar al modo de producción siguiente, esa es la base de la teoría marxista, por lo tanto la clase obrera industrial era el sujeto histórico del cambio del capitalismo al socialismo, como la burguesía lo era del cambio del feudalismo al capitalismo, esto que como teoría encuadra una coherencia atractiva, por eso ha tenido tanta vigencia, la realidad histórica en ningún caso lo demuestra. Hay cosas parecidas pero esa teoría no se ha realizado en ningún lugar. La revolución en Alemania o en Inglaterra no se produjo nunca y era el lugar donde tenía que producirse por la evolución del desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas. Además, esta teoría nunca pudo explicar la realidad latinoamericana que no seguía el patrón de esclavitud, feudalismo etc, Entonces, las distorsiones políticas que han tenido los partidos políticos comunistas y no comunistas marxistas en general en América Latina han tratado de encajar la historia dentro de un molde que no cuadraba.

- ¿Cuál es tu idea en contraposición a ese paradigma?

Yo parto de un concepto distinto. Lo que determina la evolución de las sociedades no es el modo de producción sino el modo de asignación y uso de los excedentes. Y esto es un proceso que se decide básicamente en el poder del Estado, no en la infraestructura. Es la regulación que el Estado establece sobre la economía, sobre la distribución de la renta, lo que moldea el poder de compra de los distintos sectores sociales y esto es lo que determina quién acumula excedentes y para qué. Entonces, el tema central es que no hay un sujeto histórico necesario de cambio, no hay un ningún cambio necesario en ninguna dirección. La evolución histórica no está predeterminada, depende del proyecto a construir. Hay una libertad significativa de los seres humanos y tan es así que estamos destruyendo el ecosistema. No necesitamos definir con lupa un sujeto social inexistente, nos hace falta definir un proyecto consensuado para la acumulación de excedentes. ¿Quién es el sujeto social de eso? En el caso de América Latina que no tiene una historia de acumulación de consensos entre todos sus sectores, porque no hay una construcción secular de consensos, necesitamos un contrato social muy explícito. No podemos dar por supuesto nada.


Homenaje a Sabino Navarro, el "Negro" Navarro

Hace 35 años que venimos charlando sin vernos, Negro. Nos ha pasado de todo durante mucho tiempo y sin embargo te veo como si fuera ayer.

Es difícil explicarles a otros este grado de intimidad. En aquellos tiempos quizás hubiera sido más fácil. Cuando todos sabíamos que muchos moriríamos para que la Patria viva, cuando todos creíamos que morir no era desaparecer, cuando sentíamos que morir por la Patria y el Pueblo no era dejar de existir, cuando morir de amor por los más humildes y explotados no era “perder”.

Es que nuestra intimidad está basada en la trascendencia. Hoy es difícil de explicarles a otros porque se han acostumbrado a vivir sin trascendencia, se han acostumbrado a afanarse por causas intrascendentes.

La verdad, Negro, no creo que seamos anticuados. Las cosas hoy han cambiado, pero no son más modernas, sino que simplemente son más degradadas. No creas que te lo digo para consolarte; la verdad es que no creo que hayamos jugado nuestras vidas por error. Vos no moriste por un tonto idealismo, Negro. Creo profundamente que nuestros valores trascendentes sobrevivirán en muchísimos siglos a los rastreros principios del oportunismo político y el descompromiso.

¿Cómo podría entenderse nuestra intimidad trascendente si no fuera porque nos hermanamos para siempre en eso que llamábamos “el compromiso”? ¿Cómo podrían entender hoy esta hermandad esencial quienes buscan “triunfar” sin comprometerse con nada que les ponga en juego la vida? ¿Cómo van a entender lo que es el compromiso si tienen terror de lo que llaman “quedar pegado”?

No sé me ocurre cómo podría homenajearte alguien que no tiene un compromiso a muerte con la justicia y la dignidad de los oprimidos. ¿Qué intimidad podríamos tener con quien “hace política” bien remunerada cacareando sobre el pasado sin comprometerse para que nada cambie en el futuro?

Lo más importante de tu ejemplo, Negro, es que los pibes comprendan lo valioso de un compromiso existencial con la justicia social y con la independencia económica de la Patria, de un compromiso del alma con la integración liberadora de la Patria Grande.

Mi sencillo homenaje, Negro, es decirte que seguiré caminando junto a vos, como siempre.

Mario Eduardo Firmenich, julio de 2006

Fuente: www.uniondeargentinosencatalunya.com
- Una de las propuestas expresadas en el libro habla de "refundar la república". ¿Cómo es esto?

Es necesario un contrato social explícito donde el sujeto social es la Nación entera. Hay que refundar una Nación. La democracia representativa, la partidocracia ya no va más, ya no es suficiente. No es una herramienta apta para canalizar el consenso de un contrato social y una democracia participativa. Creo que las organizaciones sociales, la sociedad civil en su conjunto, deben participar en esto.
Instituciones gremiales, patronales, religiosas, cooperativas, mutuales, incluso los sectores excluidos se han organizado y tienen sus representantes válidos que hace cuatro años no los tenían. Entonces, creo hace falta que alguien convoque a debatir.

-¿Quién debería convocar a este gran debate?

En mi opinión y por la cultura política de este país - presidencialista-, la persona más indicada para hacerlo es el presidente. Cualquiera sea. Tiene la autoridad institucional suficiente para convocar, en una misma mesa, y generar una agenda de discusión. Y bueno, creo que hay que discutir casi todo. Y luego iniciar un proceso participativo que no es la Asamblea Constituyente de 1994 (Pacto de Olivos) que no ha servido para nada y que la gente terminó rechazando y cuestionando el statu quo de la clase política en 2001 y 2002.
Por supuesto que habrá que darle un marco jurídico, una nueva constitución, pero eso será al final de un proceso participativo donde los partidos políticos solos no tienen la autoridad moral ni la representación social para hacerlo. En cambio, hay muchas instancias de participación, de organización de la sociedad donde están tanto excluidos como incluidos.

- Pero está la lista sábana, el clientelismo...

Tenemos una historia, una tradición de participación que va más allá de los partidos políticos. Además no pueden tener el monopolio de la representación social porque la gente no les delega esa función. A la democracia participativa hay que ampliarla. Incluso hay algunos mecanismos legislados que no se aplican como el plebiscito y el referéndum. Y otras instancias de participación que no son ir a votar, sino a hablar, a discutir. No hace falta ser diputado para proponer una idea. Las asambleas vecinales han funcionado en ese sentido y muchísimas instancias de organización social funcionan así. Somos un país de cabildo abierto que ha nacido con vocación participativa. Tenemos una larga historia de pueblo en las plazas, expresándose. Tenemos que abrir cauces institucionales nuevos y lograr un contrato social por los siglos de los siglos.

- ¿La correlación de fuerzas, permite cristalizar este proyecto?

Creo que nadie, ningún presidente, ningún ejército, ninguna guerrilla, ningún sindicalismo, ni ningún partido político tendrá la fuerza necesaria para imponerlo. Se debe consensuar. La relación de fuerzas impone. Por supuesto que hay circunstancias más propicias que otras para la concreción. Pero hay algo previo que son las ideas. Tiene que existir la convicción de que si no tenemos un contrato social de largo plazo, no somos una nación. Y si no somos una nación no habrá gobierno estable. Como no lo ha habido. Y no lo ha habido porque no hemos sido una Nación. Pensemos en políticas de Estado seculares, en consensos de desarrollo social. Para eso, es imprescindible sentarse a negociar y firmar todos algo.

- ¿Cuando decís todos, quiénes serían?

Todos los sectores interesados en un proyecto nacional basado en políticas de Estado claras. El plazo depende de la voluntad política de los actores. Europa lleva 60 años. El asunto es que el consenso de integración no tiene alternativa. O somos una Nación o la correlación de fuerzas para enfrentarnos no nos resuelve el problema. Ahora, si no tenemos intereses comunes y no hay posibilidad de construirlos pues desapareceremos. Entonces, la correlación de fuerzas pasa a ser un tema secundario. En todo caso sería de ideas. Qué idea es más poderosa para producir esa aglomeración. Porque no hay alternativa al consenso. Esta es la cuestión. Si no se logra, habrá desintegración.

- ¿De acuerdo al actual mapa político; Venezuela, Uruguay, Brasil, Chile, Argentina. Es posible articular una estrategia de integración latinoamericana?

No conozco la estrategia. Hay un discurso de integración y tenemos una oportunidad histórica cuando hay varios gobiernos que tienen el mismo discurso de integración. Pero ¿cuál es la estrategia de integración? Qué le proponemos nosotros a Uruguay. Está bien, apoyamos a Tabaré Vásquez, muy bien, lo aplaudimos, somos compañeros. ¿Pero qué le dejamos producir en el Mercosur? ¿O solamente están para que nos compren la industria Argentina y de Brasil? ¿Qué le proponemos a Paraguay? Qué le ofrecemos a Bolivia para que se integra al Mercosur. ¿Por qué lo va a hacer? Porque la patria grande, los libertadores, ese es el discurso. Vamos a los hechos. Qué va a ganar Bolivia en los próximos 40, 50 años, si se integra al Mercosur. ¿Va a ganar algo o nada? Si no hay una estrategia de integración, el discurso pasará a la feliz coyuntura política de coincidencias de gobiernos: de signos más o menos parecidos, de distintos orígenes, más o menos nacionalistas, democráticos, populares, que abarca desde Chávez hasta Lagos, pasando por Tabaré, Lula, Kirchner y demás. Esta feliz coincidencia, al menos desde mi punto de vista, necesita de una estrategia que por lo menos se concentre en dos puntos. Podrían ser más, pero por lo menos estas dos. La integración monetaria y la integración política en el parlamento latinoamericano.
La integración no se hace en reuniones de jefes de Estado, de tanto en tanto. Eso es para ir avanzando en las negociaciones, pero hacen falta instituciones permanentes.

- O sea que estamos en pañales en este tema...

Sí, esa es mi opinión. Estamos en pañales. tenemos una buena posibilidad una buena perspectiva, una buena coyuntura. Y debemos aprovecharla para hacer un cambio de estructuras. Si nosotros seguimos con los sistemas monetarios fragmentados, vamos a seguir sometidos a las crisis financieras de movimientos de capitales. Una vez golpeará a Brasil, otra en Argentina, en Uruguay y en Venezuela. Europa ya demostró la experiencia para salir de esa crisis especulativa financiera. Hay que avanzar en la integración monetaria y eso es posible. No es una teoría. Es algo que está demostrado en la realidad. Bueno, nosotros necesitamos plantear urgentemente como agenda de integración económica: la integración monetaria. Para que las crisis financieras de las movilidades de capitales en la globalización no destruyan nuestra unidad.
Además necesitamos avanzar en una integración política. Va muy bien que haya cumbres de jefes de Estado. Pero no alcanza. Hay que buscar estructuras permanentes donde la estructura básica de una democracia continental sea un parlamento latinoamericano.

El compromiso militante de Walsh

También fue posible evocar la figura de Rodolfo Walsh miembro de Montoneros durante los años setenta. Ante el planteo de Prensared acerca de la figura de Rodolfo Walsh quien desde lo periodístico y literario es valorado a niveles superlativos pero negando u ocultando su identidad política, Firmenich opinó:
"Para mí, fue un gran militante antes que periodista. Consagró gran parte de su vida a luchar por un país más justo".
Recordó además que se juntaban en reuniones de discusión política.
"Participábamos todos en rueda y opinábamos sobre el discurso, los proyectos de prensa, la línea editorial. Sobre todo durante la experiencia del diario Noticias, mientras estábamos en la legalidad. Por supuesto nos juntábamos a discutir la línea periodística, la línea editorial. Él era más grande que nosotros y con toda su experiencia confluyó en la organización".

2005 - www.rodolfowalsh.org

[Imágen: Mario Firmenich y familia, 2004]

Mario Montoto: entre Massera y Firmenich

(por Viviana Gorbato) De tanto ir a cancillería para visitar a su amigo, Rafael Bielsa, según la revista Poder, lo llaman "Marito". Pero cuando fue secretario y guardaespaldas de Mario Firmenich, su nombre de guerra era Pascualito.

Su apellido mueve a risa: Mario Montoto, pero su historia no. "Un hombre con mi pasado nunca puede ser feliz" me confesó una vez en el Open Plaza mientras yo hacía mi libro "Montoneros, soldados de Menem ¿soldados de Duhalde?".

Feliz puede que no, pero rico y poderoso sí. "No se hagan la película con Yabrán. Mario Montoto hizo sus negocios pidiendo de prestado de a mil pesos a sus amigos" me explicó Carlos Bettini ex montonero, apoderado de Isabel Perón , director de Aerolíneas y actual cuestionado futuro embajador argentino en España.

La última actividad política de Mario Montoto fue representar al peronismo revolucionario en la campaña electoral Menem Presidente, en la cual se negoció el indulto de Mario Firmenich.

De a mil o cien mil, la cuestión es que Montoto dejó la política y se convirtió en un hábil lobbysta. "Los primeros meses que pasé alejado de la actividad política me sentía perdido, desorientado , casi vacío. Experimentaba que mis dolores, angustias y principalmente mis afectos me impedirían desarrollar otra actividad que no fuera la política. Estaba recién casado y mi mujer no provenía de la actividad política" reflexionaba.

En 1994, junto a Sergio Taselli participó de la privatización de Yacimientos Carboniferos Fiscales en Río Turbio, precisamente en la misma mina en la que se ha producido recientemente el accidente que terminó con la vida de tantos mineros.
En 1998, después de varios fracasos económicos, llegó a ser presidente de Trainment Ciccone Systems, SA. Esta companía líderó la producción de máquinas expendedoras de boletos de colectivo. Montoto aseguraba que Ciccone Calcográfica, la empresa madre, nada tenía que ver con Yabrán como le endilgaba Cavallo.

La relación con Taselli, sin embargo, continuó y llegó a ser director de la empresa de ferrocarriles Metropolitano "En el Roca no hay ninguna ventanilla rota " solía decirle a los periodistas cuando ellos le preguntaban acerca de las quejas de los usuarios.

Pero hace poco Mario Montoto dejó de ser director del Metropolitano para emprender un nuevo ambicioso negocio.Su contacto clave en la marina , según la revista Poder, es su socio Hugo Darío Miguel , capitán de corbeta retirado de la Armada que se dedica al negocio de Internet.

Quizás fue Miguel el que interesó a los hijos del almirante Massera en el proyecto de una empresa de nombre rutilante "Corporación para la Defensa del Sur" fundada el 20 de junio del 2003.Con su ánimo y habilidad de lobbysta, que no se inmuta en hacer alianzas con los verdugos del ESMA, se dedica ahora – entre otras cosas. "al desarrollo , implementación, operación y comercialización de la infraestructura, servicios, sistema para la seguridad, defensa civil y comercial". El "monto management", como lo calificó la revista Poder.

No se arredra ante la "tecnología espacial" y la "ingenieria nuclear". La misma revista Poder dice que "Montoto no perdió mucho tiempo. En noviembre de 2003 inscribió su empresa en el registro de Proveedores del Estado, un requisito indispensable para participar de las licitaciones y las compras directas encargadas por el mayor comprador de la Argentina".

La pintura que hace de él el actual diputado Miguel Bonasso en su libro "Recuerdos de la Muerte" no lo beneficia. "Bip-bip. Mario Montoto solía comunicarse con los militantes montoneros en México utilizando un radiollamada, toda una novedad en los 70". Bonasso lo describe "con una voz castrense y juguetona" y que "con anteojos negros parecía una pelota". Agrega que "era un gran pibe, pero lo convirtieron en policía. Claro que un policía de los nuestros". Sin embargo, Bonasso no podría saber en ese momento que Mario Montoto, llegaría a ser uno de los principales representantes del "montomanagement" en la década del 90 y en la actualidad.

Fuente: www.weblog.com.ar
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"Yo no me rindo. Yo no colaboro. Mi nombre es Norma Esther Arrostito. Mi nombre de guerra es Gaby. Mi grado es capitán del Ejército Montonero. Esta es la única información que les pienso brindar"
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Vida cotidiana en los 70: morir dos veces 

Por Pablo Makovsky / El Ciudadano


La noche del lunes 7 de setiembre de 1970 la policía encerró a Fernando Abal Medina, buscado por la ejecución del ex dictador Pedro Eugenio Aramburu –tres meses antes–, junto con Carlos Ramus en un bar de William Morris, en el Gran Buenos Aires, y lo mató a tiros. Desde entonces Norma Arrostito, una de las fundadoras del grupo inicial de Montoneros, quedó viuda. Nacida en un hogar humilde, antiperonista y marxista, Arrostito ocupó un lugar destacado en la agrupación guerrillera por su formación política y por su relación sentimental con Abal Medina, siete años menor que ella y por quien rompió su anterior matrimonio, tal como lo releva Gabriela Saidón en La montonera. Biografía de Norma Arrostito. En el libro, la autora tampoco dejar pasar ciertos matices en los que se cruzan, antes que el testimonio mismo de quienes sobrevivieron a la biografiada, la dimensión privada y la histórica. El efecto final es un relato en el que, tras la severa investigación histórica, resplandece algo así como la escena mítica de la época: entre 12 apóstoles, Arrostito y su pareja fundan un movimiento que pocos años más tarde llenaría la Plaza de Mayo, y entre el año 1976 y el domingo 15 de enero de 1978, cuando es asesinada en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), donde estaba secuestrada, es ostentada como trofeo de los torturadores, quienes la exhibían a los recién caídos para quebrarlos.
Norma Arrostito, "Gaby", según el apodo con el que la recuerda su amiga Antonia Canizo, fue dada por muerta el 2 de diciembre de 1976. "Esther Norma Arrostito de Roitvan. Nació en la Capital Federal el 17 de enero de 1940. Cédula de identidad 4.714.123. Casada con Rubén Roitvan. Separada. Luego compañera de Fernando Luis Abal Medina. Profesión: maestra". Con esos datos la revista Gente de esa época informaba la falsa muerte de la montonera. Como para que no quedaran dudas de que la publicación no se contentaba con la mera información, la nota –tal como transcribe Saidón– cerraba: "Entre el 24 de marzo y el 6 de diciembre de 1976, fueron muertos 624 guerrilleros. Llegar a esa cifra, a ese umbral de la victoria, no fue fácil. Costó mucha sangre de oficiales, de soldados, de policías. El país no debe olvidarlo". Menos enfáticos, desde el Buenos Aires Herald hasta Clarín, la mayoría de las publicaciones de la época celebraron la farsa de la muerte de Arrostito, condenada por la confesa ejecución del ex dictador en el recordado número de la revista La causa peronista del 3 de setiembre de 1974 (el título de tapa era: "Mario Firmenich y Norma Arrostito cuentan cómo murió Aramburu"). Pero no estaba muerta y en el difundido episodio sobre su final (una emboscada en Lomas de Zamora), la mujer que fue fusilada a modo de carnada para los vecinos había sido otra.

Norma Arrostito en la lista de la Triple A.
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Desde ese día Arrostito comenzaba a vivir sus cuatrocientas diez noches en la Esma. Era el final de una mujer que había conocido la clandestinidad y se había tragado con el estoicismo militante y militar que imponía su condición la muerte de su pareja, la soledad y el aislamiento.
Antonia Canizo era una de las 15 jóvenes que entre varios nombres propuestos eligieron "Montoneros" para su agrupación. "En general era coqueta –cuenta Canizo de Arrostito en el capítulo 4 del libro–. Le gustaba estar bien vestida. Era sencilla pero se arreglaba". En estos detalles, en la descripción de la reticencia a los gestos cariñosos en público con su pareja, en el préstamo casual de una camisa de mujer, La montonera gana también cierto espesor que acaso no es ni melodramático ni testimonial, pero alumbra sobre ese cono de sombra que proyecta una época en la que, según se ha entendido, hasta los deseos más privados eran traducidos a la escena social o comunitaria.

La misma Canizo desmiente la imagen de una Arrostito acosada sexualmente por los líderes montoneros ("¿Qué otra cosa podías decir de ella?" para "ensuciarla") e, incluso, por el segundo al mando de la Esma, Rubén Jacinto Chamorro, el Delfín, quien la visitaba ostentosamente en su "camarote" y mantenía largas charlas con ella, "cosas de la vida", tal como recuerda en el libro otra sobreviviente.

Pero en los últimos meses en la Esma, aquella mujer que asomó a la vida pública de la mano de unos proclamados visionarios, se convirtió al catolicismo y "se volcó al estudio y la práctica del Tarot", según lo recuerda Juan Gasparini en La montonera. Así, como una Sherezade proletaria de unas tétricas Mil y una noches, Arrostito demora la muerte a la que todos la ven condenada con profecías y adivinanzas que van a pedirle sus propios verdugos.

Los libros que ofician de marco, y en algunos casos Saidón pone a "dialogar" con esta biografía, son muchos y variados, desde la semblanza de Galimberti de Marcelo Larraquy y Roberto Caballero, el intenso y lúcido Ese infierno, Munú Actis, Cristina Aldini, Liliana Gardella, Miriam Lewin y Elisa Tokar; las inevitables páginas de Martín Caparrós y Eduardo Anguita en La Voluntad; las reflexiones de Beatriz Sarlo en La pasión y la excepción, entre otros, y los conceptos de Hannah Arendt sobre "la banalidad del Mal". El material bibliográfico le sirve a la autora para arriesgar las mejores páginas, fundadas en interpretaciones que el esquema testimonial del volumen a veces opaca.

Fuente: www.elciudadano.com.ar


Gaby: La Montonera - Director: César D'Angiolillo (2008)




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A 30 años del asesinato de Norma Arrostito

El 15 de enero de 1978 asesinaban a la militante Norma Arrostito, una de las fundadoras de la organización Montoneros. Desde principios de diciembre de 1976 permaneció secuestrada en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), aunque los medios habían difundido la versión montada por las fuerzas armadas de que había sido acribillada en Lomas de Zamora. A 30 años de su asesinato y desaparición, su historia sigue albergando mitos.

Por Luciana Bertoia (ANRed)

Su nombre empezó a resonar antes del invierno de 1970. Su cara comenzó a ser reconocida para esa época también. Innumerables carteles poblaban la ciudad señalándola a ella, única mujer, y a otros compañeros por el ajusticiamiento del general golpista Pedro Eugenio Aramburu. Así el nombre de Norma Esther Arrostito comenzó a hacerse popular en la vida política argentina. Era, ni más ni menos, la primera mujer que participaba de una acción de la guerrilla urbana.

Desde ese 29 de mayo de 1970, día en que un comando que luego se dio a conocer como Montoneros secuestró al dictador de la Revolución fusiladora- como la nombraría Rodolfo Walsh-, hasta el 15 de enero de 1978 cuando era cobardemente asesinada en la Escuela de Mecánica, Arrostito fue tenazmente perseguida por las fuerzas represivas como una presa más que valiosa.

Militancia
Norma Arrostito nació el 17 de enero de 1940 en Capital Federal. Como en toda familia no escaseaban las paradojas: El padre era anarquista y la madre, una católica devota. Tenía una hermana menor, Nora Nélida. Para sus veinticuatro años Norma se había casado con Rubén Roitvan con quien compartió la militancia en el Partido Comunista (PC), especialmente en la Federación Juvenil Comunista, la "Fede". En 1965, Arrostito dejó el PC e ingresó a Acción Revolucionaria Peronista (ARP), la organización fundada por John William Cooke y Alicia Eguren. A través de diferentes contactos empezó a acercarse a un grupo de jóvenes vinculados a Cristianismo y Revolución, la publicación de Juan García Elorrio. De allí surgirá el comando Camilo Torres que adquirirá notoriedad al irrumpir en 1967 en la Catedral Metropolitana. Aunque Arrostito no sería parte de esa acción. "Ella no participa en el Tedeum, eso le tocó a los cristianuchis del elenco. No participó toda la multitudinaria fuerza del Camilo Torres en ese hecho", bromea Graciela Daleo.
Para esa época ya había quedado atrás su matrimonio con Roitvan. Ya en esos días, Norma era la compañera de Fernando Abal Medina, el primero en la conducción de Montoneros. "Primero, lo conozco a Fernando por este acercamiento a la revista Cristianismo y Revolución. Aparte, porque él estaba vinculado a los pibes con los que yo había estado en la misión en el norte de Santa Fe. Y a Norma la conozco como Paula ya en el comando Camilo Torres, sabiendo que era la novia de Fernando", recuerda Daleo. Paula, primero; Gaby, después serían los nombres con que la actividad militante bautizaría para siempre a Norma Arrostito.

En 2009 se estrenó Gaby, la montonera, film que narra la vida de Norma Arrostito
"Gaby no tenía formación religiosa. Tenía formación marxista. Ella decía que era atea. Yo le decía que era atea, gracias a dios. Ella siempre fue muy respetuosa de nuestras posturas creyentes. Nosotros- incluido Fernando- llegamos a posturas políticas a través del evangelio, en última instancia", aporta Antonia Canizo- quien también participaba del Comando Camilo Torres. Y agrega: "Ella no hablaba de Carlos Marx. Ella tenía las herramientas del marxismo para el análisis de la realidad, que es un poco lo que nos enseñó. Más que con la teoría, lo enseñaba con el modo en que ella analizaba los hechos y las circunstancias".
De esas reuniones de formación y actividades de agitación se fue cerrando lo que sería el grupo fundador de Montoneros, la organización que se daría a conocer con el ajusticiamiento del general de la autodenominada Revolución Libertadora. Para ese momento, la organización estaba compuesta por poco más de una docena de militantes y de esa acción participaron diez. Aramburu fue condenado y ejecutado. Sin embargo, a pesar del éxito inicial de la operación- ese hecho sirvió como detonante de una etapa en la que se entremezclaron persecuciones, clandestinidad, asesinatos y - más tarde- desapariciones. Sin lugar a dudas, el golpe más brutal que le tocó padecer a Arrostito fue el asesinato de su compañero, Fernando Abal Medina, y de Carlos Gustavo Ramus el 7 de septiembre de 1970 en una pizzería de William Morris.

"Después del hecho de Aramburu, yo lo veo a Fernando dos veces. Él tenía la llave de mi casa, él ha pasado por allí varias veces. Lo dejo de ver una semana antes de que caiga. Después de la muerte de Carlos y Fernando pierdo todo el contacto y cuando lo retomo, lo hago con la hermana de Norma y, después, con ella", relata Canizo. "Sé que estuvo muy mal los primeros días después de la muerte de Fernando. Porque aparte no se podía mover". No sólo porque era la guerrillera más buscada sino porque era la única mujer que había participado de la acción: "En ese momento, aparece un cartel en el que hay cuatro varones y una mujer. Entonces, era mucho más difícil esconder a la única mujer. Por eso, a ella durante dos meses largos la mantienen en un encierro preventivo".

El asesinato de Ramus y, especialmente, el de Abal Medina golpearon a Arrostito. "Estuvo muy mal porque no solamente era la muerte de Fernando, una cuestión de pareja sino que era un golpe muy fuerte a la organización", explica Canizo. Sin embargo, la certeza de que la lucha que se había emprendido continuaba y más fuerte aún, volvió a ponerla de pie. "Cuando yo la reencuentro, compruebo que sigue con la firmeza de siempre y consustanciada con el proyecto de su militancia, de su lucha". Arrostito seguía a pesar del dolor "cargándose la primavera", como canta Joan Manuel Serrat. "Cayéndose y volviéndose a levantar, la montonera".

Llegó el fin de la autoproclamada Revolución argentina, el luche y vuelve estaba dando sus frutos. "En los años 71, 72 y 73- que era la época en la que estaba muy fresco lo de Aramburu- yo me encontraba en la pizzería Las carabelas de Lomas con ella. Y puedo asegurar que el que la quería reconocer, la podía reconocer porque estaba con su pelito de siempre. Era una persona sencilla y prolija", afirma Canizo. Para esa época, Arrostito ya estaba desempeñándose en la columna sur de Montoneros, tal como apunta: "Ella comienza a trabajar con la gente de zona sur antes de la euforia camporista". Sin embargo la "primavera" fue más efímera que nunca. Al tiempo, las persecuciones se agudizaron y la noche se volvió infranqueable. Los desencuentros con Juan Domingo Perón y el asedio lanzado a la izquierda peronista devolvió a Montoneros a la noche, una noche que se presumía y se comprobó muy larga.

La caída

Corría el año 76. Las caídas de militantes se daban por doquier. Pero el 3 de diciembre los titulares daban un anuncio escalofriante. Los principales diarios argentinos destacaban ese día en sus primeras planas que una de las líderes de la organización revolucionaria Montoneros, Norma Arrostito, había sido "muerta durante un procedimiento" en el partido bonaerense de Lomas de Zamora.

Nada parecía contradecir la información de la que se hacían eco los matutinos. Un parte militar proveía datos precisos: "El Comando de la Zona 1 informa que como resultado de las operaciones de lucha contra la subversión en desarrollo, fuerzas legales llevaron a cabo una operación el día 2 de diciembre, a las 21 horas, en (Manuel) Castro y Larrea, de la localidad de Lomas de Zamora. En esa oportunidad fue abatida la delincuente subversiva Esther Norma Arrostito de Roitvan, alias Norma, alias Gaby, una de las fundadoras y cabecillas de la banda autodenominada Montoneros."

"Camarote" donde estaba alojada Norma Arrostito dentro de la ESMA
El diario La Razón daba precisiones acerca de los sucesos que habrían tenido lugar en el sur del Gran Buenos Aires. "El escenario del tiroteo fue una pared medianera, que circunda a un taller mecánico, a pocos centímetros de la puerta de acceso al establecimiento. Tan cerca fueron los disparos que varios de ellos pasaron el portón de hierro e hicieron trizas el parabrisa y ventanillas de la camioneta Citröen, estacionada en su interior. Según la misma fuente, desde hora más temprana varias personas que no se identificaron, exhibían en los comercios del barrio fotos de una mujer, preguntando dónde se alojaba. Presumen que era Arrostito".

Sin obviar términos propios de la jerga castrense, el medio gráfico que dirigía Patricio Peralta Ramos agregaba: "La terrorista estaría en alguna casa de las inmediaciones que no fue allanada, porque las fuerzas combinadas sabrían que en el lugar no había reunión de elementos subversivos, sino que se trataría del domicilio de algún familiar de la mujer muerta. Asimismo, indicaron los vecinos, que el foco de la luz de mercurio-único en la cuadra- fue destrozado a balazos poco antes de que se produjera el enfrentamiento".

A casi 32 años, una mujer que vive a media cuadra de los sucesos recuerda aquel día: "Eso fue una noche. Cerraron todas las calles y me acuerdo que mi marido tenía que entrar y no lo dejaban pasar. Hicieron todo ese operativo, pero era todo mentira". La desconfianza que no aparecía en los diarios se esparcía entre los vecinos. Para ellos era claro que algo no cerraba en la versión oficial. "Creo que ni tiraron ningún cuerpo. Porque a la gente que vivía enfrente, los hicieron tirar al suelo para que no miraran por la ventana. Después, llegó una ambulancia; se vieron unas manchas de sangre contra la pared y nada más", narró la mujer a esta cronista.

El 9 de diciembre aparecía en los kioscos de diarios, la revista Gente con una tapa muy elocuente. Una de las fotos de Arrostito publicadas en 1970 tras el ajusticiamiento del general Pedro Eugenio Aramburu llevaba un sello con la leyenda de: MUERTA (2/12/76- 21 horas). La primera plana dejaba en evidencia que el asesinato de los opositores era una mera cuestión burocrática para los militares en el poder. Y, también, que ciertos sectores de la prensa aplaudían esa metodología.

Al igual que Gente, casi ninguno de los diarios argentinos se privó de festejar las "hazañas" logradas en ese mes por las "fuerzas legales". La Razón, se jactaba de los "golpes a la subversión"; La Opinión se enorgullecía: "Algo huele mejor en la Argentina".

Mientras los medios de comunicación resaltaban los logros de las fuerzas represivas, los militantes sufrían la peor de las cacerías. "Por esos días, Norma estaba muy preocupada con las caídas, como todo el mundo. Trataba de cuidarse lo más posible. Era muy prudente, no era un cuadro que no le daba bolilla a las cosas de seguridad", comenta Antonia Canizo cómo Arrostito vivía los tiempos previos a su secuestro. "Era muy loca la situación porque ella se estaba mudando permanentemente, cambiando de casa. Porque cuando caía una casa, había despejar todo y pasar a otro lado y ella era una de las primeras que tenía que dejar todo siempre limpio. En el último tiempo, andaba muy errante".

La noticia de que había sido abatida Norma Arrostito dio los resultados que los militares se habían planteado. "Cuando ella cae yo estaba en un ámbito donde estaba su compañero. Él se entera de la caída de Gaby porque lo escucha por la radio. Y cuando llega al local donde compartíamos el trabajo, ya había llegado otro compañero antes y ya venía desencajado porque se había enterado", recuerda Graciela Daleo. Por su parte, Antonia Canizo cuenta: "Yo tenía una cita con ella al día siguiente de que cayó".

El intento de hacer creer que Arrostito había muerto tenía varias aristas, tal como explica Graciela Daleo. "El primer objetivo era desmoralizar a los compañeros porque era la caída de una compañera conocida, que era una referencia importante de la militancia. Y el otro objetivo era, como ya lo habían hecho en otros casos, hacer aparecer en los medios que determinados compañeros se habían muerto porque la apuesta de los represores era hacer que el resto bajara la guardia. Si un compañero caía vivo y conocía lo tuyo, tenías que levantar la cita y mudarte; si lo que se suponía era que había caído muerto no te mudabas porque ya no le podían arrancar ningún dato por la tortura".
Nota en Evita Montonera Nº 15, febrero 1977. Clic en la imagen para agrandar. Descargar Evita Montonera Nº 15 completa
Elisa Tokar explica también el operativo que era casi moneda común para los marinos: "Ellos pensaban que probablemente con el tema de la picana, Norma iba a delatar. Entonces, mejor tenerla por muerta para que los otros, los que pudiesen caer, estén tranquilos porque estaba muerta y no iba a poder cantar nada. Era una maniobra militar. Pero ella los cagó: no delató absolutamente nada. Gaby se empastilló, ellos le sacan la pastilla. Ella tenía otra pastilla en el corpiño, se toma la otra pastilla en enfermería y ellos se la vuelven a sacar. Le dan sin asco, pero no cantó nada". Con el cianuro, Arrostito intentaba obtener una última victoria sobre la barbarie.

La ESMA

Desde que la Marina "chupó" a Arrostito no dejó de jactarse frente a las otras fuerzas de su hazaña. "Había visitas guiadas y parte del tour del horror era mostrar compañeros de relevancia, sobre todo en el caso de Gaby", apunta Graciela Daleo. Arrostito no era una prisionera más: era probablemente la guerrillera más conocida y estigmatizada de la Argentina. Además, era todo un emblema para los militantes que estaban secuestrados en la Escuela de Mecánica, a quien se la mostraban- cual trofeo de guerra- para minar sus resistencias.

"La veo en la segunda noche en que caigo. En realidad, cuando a mí me están torturando el milico me dice que tenían a Norma Arrostito, que en la ESMA estaban todos. Yo le dije que no, que a Norma la habían matado. Aunque ya afuera había bolas de que Gaby estaba viva. Pero eran bolas como tantas otras que había", revive Daleo. "Cuando me preguntaban a quién quería ver yo, yo no quería ver a nadie pero dije que la quería ver a Gaby. Yo estaba segura que Gaby no había colaborado. Entonces, me dicen: 'No, no, no, ahora no puede bajar porque está con ruleros'. Entonces, dije: 'No está Gaby porque no usaría ruleros'". Daleo se reencontraría con quien ella había conocido como Paula. Arrostito se acercaría a la capucha donde estaba Daleo y le daría un beso. En ese encuentro, "Gaby" reforzaría con una frase lo que Daleo no dudaba: "Yo no colaboro".

Elisa Tokar, quien no había conocido personalmente a Arrostito antes de que la Armada la secuestrara, relata que en la sala de torturas vio a quien daba por muerta. "En el interrogatorio, los milicos me preguntan: `¿Qué sabés de Norma Arrostito?'. Y el subprefecto Héctor Antonio Febres- recientemente asesinado para sellar el pacto de impunidad de los represores- o el capitán de corbeta Francis William Whamond ordena: `Que traigan a Gaby'. Me la hacen ver, con grilletes, con esposas y con la capucha. Gaby estaba harta de que la expongan de esa manera: la lleven, la bajen, la traigan. Por eso cuando le sacan la capucha, les contesta muy mal a ellos".
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En el libro Recuerdo de la muerte, el escritor Miguel Bonasso narra el instante en que el militante montonero "chupado" en la Escuela de Mecánica Jaime Dri ve con vida a Arrostito. " El `Pelado' nunca la había conocido personalmente, pero notó inmediatamente un contraste en esa figura espectral que todos observaban. Un contraste que provocaba un malestar soterrado. Si el examen empezaba por la cabeza, se notaba que iba bien peinada y arreglada, que su vestido gris estaba limpio y planchado, como el de los detenidos libres. Si la mirada bajaba hasta los pies descubría la causa del lento caminar: como los galeotes de Capucha, tenía los tobillos aherrojados por grilletes".

Graciela Daleo confirma: "Ella estaba con grilletes. Los guardias la llevaban y la traían del baño. Tenía autorización de que algunas horas por la tarde podía estar en la pecera, donde teóricamente no tenía que hablar con el resto de los prisioneros". Era clara la intención de mantenerla alejada, así como la tenían recluida en su camarote en uno de los extremos de la capucha, en el tercer piso del campo de concentración. "Ella si bien mantuvo contacto con el resto de los compañeros, los represores buscaron tenerla en un grado de aislamiento mayor que el que tuvieron otros prisioneros que efectivamente habían sido seleccionados para el proceso de recuperación".

Elisa Tokar también recuerda que no había un trato cotidiano con Norma, no la veía con frecuencia. "En las esperas de los baños y ella me preguntaba cómo estaba yo. Me acuerdo que una vez yo salía de la pieza de las embarazadas, tratando de que no me viera nadie y justo me tropiezo con ella, que salía del baño con la capucha medio levantada y me preguntó cómo estaban las compañeras." También, Tokar relata cuando los represores le plantearon realizar trabajos como mano de obra esclava, tareas que no implicaban ningún tipo de colaboración con los genocidas sino que iban dando algunas pocas garantías de supervivencia. "A mi me preguntaron y en eso Gaby, que circulaba por ahí, escuchó y me dijo: `Vos sos una perejila, decí que escribís a máquina' ". Escuchar esas palabras en el cautiverio, era - sin duda- corroborar que la resistencia seguía dentro de la ESMA. "Para mí Gaby era todo un símbolo. No era una compañera de militancia, era un símbolo de mi militancia".

La presa que buscaba el Ejército y halló la Marina

Revista El Descamisado, número extraordinario, 14 de marzo 1973, contiene una nota sobre Norma Arrostito. Clic para descargar
Arrostito no sólo era exhibida como una valiosa pieza de caza frente a las otras fuerzas represivas sino que también ejercía una fascinación en la oficialidad de la Escuela de Mecánica. "El director de la ESMA, Rubén Jacinto Chamorro, la iba a visitar seguido. Son esas cosas que sucedían ahí. Primero, porque Gaby era una rehén importante. Creo que había una admiración de parte de él: no era una mujer común. No tenía cara tampoco porque la verdad es que él sabía perfectamente que iba a terminar muerta. Si alguno de los de ahí iba a sobrevivir, Gaby no iba a ser. El ejército la pedía. Era un personaje emblemático. Era la fundadora de la organización enemiga para ellos. El Ejército la pedía y ellos la presentaban como un baluarte", resume Elisa Tokar. "Tampoco es casual- agrega Daleo- que Chamorro con quien buscara establecer ese diálogo fuera con una jefa montonera".

Pero Arrostito también provocaba admiración en algunos de los alumnos de la ESMA que oficiaban de guardianes de los detenidos-desaparecidos, los "verdes". Elisa Tokar recuerda que había uno de los verdes que mantenía largas charlas con Gaby. "Era un verde muy jovencito, muy enamoradizo. Él me contaba que le proponía escaparse. Totalmente loco. No hubiesen podido. Él hubiese muerto en el intento, si la ayudaba".

Asesinato

Había pasado más de un año desde que los diarios anunciaron que Norma Arrostito había sido "abatida" en Lomas de Zamora. Fueron largos meses desde que una patota de la Armada la secuestrara en una cita en la Capital Federal. El cautiverio tenía que llegar a su fin. "Creo que la decisión de ejecutar a Gaby estuvo desde el momento en que la secuestran. En el caso de ella, la decisión era que no iba a sobrevivir", afirma Daleo.

Tokar recuerda que cuando se llevaron a Arrostito de la ESMA fue terrible para los detenidos porque sabían que no iba a volver. "Estaba con problemas circulatorios graves. Creo que los milicos aprovecharon la situación para darle la inyección. Pero que la inyección se la dieron, se la dieron", revive el 15 de enero de 1978.
Susana Ramus fue una testigo privilegiada de los hechos. Ella había podido hablar dos o tres veces con "Gaby", cuando las guardias más permisivas la dejaban acercarse al "camarote". Como siempre, para los genocidas era necesario que existieran testigos para que el horror se expandiera. Ramus estaba en el salón dorado actualizando unas fichas cuando entró Jorge "Tigre" Acosta, alborotado: "Qué le pasa a Arrostito que está mal. Se muere. ¿Por qué no la acompañás, Jorgelina?", gritaba.

Ramus relata los últimos momentos de Gaby: "La traen, como agonizando, y a mí me ponen en la parte de atrás de una camioneta junto con ella. Estaba consciente pero más o menos. Me agarraba la mano, como que sabía todo lo que estaba pasando". Pero Arrostito no aportó certezas sobre su estado ni sobre el plan criminal: "No me dijo: `Me mataron', ni nada".

Cuando llegaron al Hospital Naval, bajaron a Arrostito y le golpearon el corazón, como si intentaran resucitarla. Era todo parte de una misma farsa. Ramus ya no pudo observar más porque la llevaron nuevamente a la ESMA. Pero la actuación del "Tigre" siguió. "Al rato me llama y me dice: 'Vos sabés que Arrostito no quería colaborar. Hubo que hacer esto' ".

Por su parte, Graciela Daleo también fue testigo de la actuación infame del "Tigre" Acosta. "Yo recuerdo que estábamos en la pecera absolutamente anonadados porque ya sabíamos lo que había pasado y entra el "Tigre" y se manda para la oficina del fondo preguntando qué había pasado con Gaby".

En los gritos de Acosta se escondía la intención de mostrar la muerte de Arrostito como producto de causas naturales. Sin embargo, para los sobrevivientes no caben dudas de que la sentencia de muerte de Norma Arrostito ya estaba firmada desde el día en que ingresó en el campo de concentración de la Armada. "Pero toda esta parodia de estos hijos de puta era eso, era parodia. En la ESMA, la decisión de traslado o la ejecución de un compañero no la tomaba un oficialito así nomás. Esa era una decisión que se tomaba con el director de la ESMA, Chamorro, del jefe del grupo de tareas y los oficiales de mayor rango. Fue una decisión institucional del grupo de tareas. Aunque lo más probable sea que Emilio Eduardo Massera haya participado de la decisión también", confirma Daleo.

El asesinato y la desaparición de Norma Arrostito fue uno más de los aberrantes crímenes que se cometieron dentro de las paredes de la ESMA. "Era una persona que para los represores era casi una pieza de caza, un trofeo importante porque había sido la fundadora de Montoneros por su participación en el secuestro y ejecución de Aramburu, una tipa que era una militante, una revolucionaria", tal como la define Daleo. "El represor decide muchas cosas sobre las personas de los compañeros, no todas, por suerte. Porque el espacio de libertad que Gaby conservó para decidir su conducta, eso permaneció". A 30 años de su asesinato, aún parece resonar como mandato, como legado, como imperativo: "Yo no colaboro ni me rindo". Frente a esa afirmación se hace presente la frase del escritor desaparecido Haroldo Conti: "O estamos con ellos, es decir, otra vez en la lucha, que es el mejor homenaje que les podemos rendir en esta fecha, o estamos con los traidores. Ya no hay vuelta que darle".

Fuente: lafogata.org
 


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Cerca de la revolución
Por Soledad Vallejos (2005)
[Foto del diario Noticias]

En cuestión de semanas, dos novedades recogen e investigan las historias de mujeres relacionadas con la lucha armada: Buscada, la biografía que Laura Giussani hizo de Lili Massaferro, y La montonera, donde Gabriela Saidon hizo lo propio con Norma Arrostito. Qué se cuenta, cómo se cuenta, cómo contar a esas mujeres a las que la Historia, todavía, no narra.
Había mujeres en la lucha armada, sí. No es la primera vez que se dice. Había, también, mujeres que en la lucha armada tenían poder de decisión, ambición, capacidad de acción y, en ciertos casos, hasta una aplicación tal en la vida militarizada que algunos hombres resultaban sorprendidos.

Las compañeras, convertidas en compañeros. Eso también se dice. Pero no mucho más, y debe ser por eso que sorprende que, con diferencia de unas semanas, hayan aparecido dos libros tan distintos y, en algún punto, tan parecidos: Buscada. Lili Massaferro: de los dorados años cincuenta a la militancia montonera (ed. Norma), de Laura Giussani, y La montonera. Biografía de Norma Arrostito (ed. Sudamericana), de Gabriela Saidon.


De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Lili Massaferro en 1984, en su puesto callejero de Madrid. Manolo Belloni, el hijo mayor de Lili asesinado por la policía. Lili y su hermana Adela, de pequeñas. Norma Arrostito, en una de las fotos que se usaron para sindicarla como prófuga.
Empecemos por lo similar: el rescate, el gesto de recuperar una parte del rompecabezas que suele quedar oculto bajo el manto de las generalidades, los relatos ajenos y en ocasiones como complemento (necesario, pero complemento al fin) de otra historia. Digamos: buscar a Massaferro no (solamente) como la enamorada abandonada por un Paco Urondo comprometido en las FAR o la compañera en el exilio de Juan Gelman, y buscar a Arrostito no (solamente) como la enamorada de Fernando Abal Medina que participó del secuestro de Aramburu. He allí el primer gesto importante a la hora de toparse con estas dos biografías que, tal vez, sean el inicio para devanar el ovillo que enlazó a las mujeres con la guerrilla. Tanto Giussani en Buscada... como Saidon en La montonera... declaran su firme voluntad de encontrar en sus biografiadas nombres, momentos, rasgos, narraciones propias en las que estuvieran actuando, pensando, viviendo. "La historia, al fin, no es más que la sucesión de infinidad de historias personales", escribe Giussani. Pero llegar allí no es fácil. En el camino mismo van emergiendo los escollos, como ese brillante momento del testimonio que Saidon recoge de Amanda Peralta, amiga y también ex compañera de lucha de Arrostito: "No se hablaba mucho de cuestiones personales (...) Tenés que ubicar cómo se funcionaba en esa época, todo pasaba un poco por la cuestión política, trabajo, amigos, salidas. Todo".

Bucear en ese mundo, entonces, todavía hoy es esforzarse por horadar un hermetismo unificador tal que invade el recuerdo, el relato, la memoria y, aun, que protege de preguntas capaces de hacer trastrabillar (en su lógica perenne) lo que, poco a poco, va adquiriendo ribetes de incuestionable. ¿Por qué, por ejemplo, empeñarse en repetir narraciones que repiten una imagen sin resquicios? (La pasión militante como un fuego purificador, el debate ideológico en estrictos términos de estrategias.) ¿Por qué convertir la historia de la lucha armada meramente en la sucesión de afirmaciones y contraafirmaciones? La historia oficial de esa historia, a veces, desplaza la complejidad, ese territorio en el que, aún, queda todo por decir. Inclusive, una lectura de género.

Pepa

Desde los estertores de los ‘90, Giussani rescata la voz de Lili Massaferro antes de que se extinga. Ella ha pasado los 70 años, está enferma, ambas saben que morirá pronto, y sin embargo podría decirse que en esa despedida de preguntas y respuestas tiene un último gesto de resistencia: dejar que el grabador se encienda y hablar. Si el objetivo es registrar una historia que Giussani quiere leer como modélica de cincuenta años de historia argentina, afortunadamente los resultados exceden la meta, pero curiosamente en la partida hay una declaración de principios de biografiada y biógrafa que, tal vez –sólo tal vez–, permitan explicar los límites a los que, de a ratos, arriba Buscada...: "En los noventa la Argentina nos resulta por completo ajena. Un mundo sin ideas ni placer, cuyo único mandato es el trabajo y el éxito entendido como mercancía (...) ‘No sé qué le pasó a la gente (es Massaferro quien habla), en qué andan,qué piensan, creo que les ha agarrado un ataque de boludez imposible de sobrellevar’".

Desde esa distancia, desde esa incomprensión, es que se realiza la lectura del pasado. El retrato de una trayectoria política es vasto. Massaferro, niña de clase media ilustrada, alumna aplicada de un colegio de monjas, maestra normal, estudiante frustrada de Medicina (su padre no le permitió cursar, aunque ella hubiera aprobado el ingreso), ingresante feliz en Filosofía y Letras, amiga inseparable de Pirí Lugones y Julia Constenla, con las que fue descubriendo la adrenalina de extender los límites de sus vidas más allá de sus barrios: hacia la ciudad, los claustros, la política partidaria en su versión juvenil, pero también los círculos intelectuales más bien elitistas y sofisticados. La liberación de un padre ofuscado por la creciente liberalidad de su hija casi veinteañera fue, para Massaferro, el casamiento: un breve matrimonio, del cual resultaron dos niños de cuya crianza encargó, tras la separación, a cualquiera menos a ella. Lili Massaferro como una mujer que, poco a poco, fue descubriendo el significado de la emancipación gracias a los vericuetos de su vida: el matrimonio mal avenido la arrojó de lleno a una sociabilidad compulsiva en la que era reina indiscutida de cenas con Bioy, Murena, Borges, Babsy Torre Nilson y belleza codiciada por cierto mundillo rector del mundo cultural. Amantes, muchos amantes: Massaferro como una mujer liberada de los prejuicios de clase media que cifraba la respetabilidad en la pareja estable y la vida regulada por los rituales de cortesía y honorabilidad.

Y sin embargo, una ruptura se produce, un quiebre, una transformación feroz que –postula Giussani– terminó convirtiendo a Massaferro-madre doliente (por el asesinato de Manolo, su hijo mayor, en medio de un operativo guerrillero) en cuadro político: la amiga y luego mujer (al dejar al marido que había sabido darle estabilidad, el periodista Marcelo Laferrere) de Paco Urondo, la de la militante comprometida que formó parte de las FAR y transformó el dolor en lucha, para reivindicar, al apropiarla, la memoria de su hijo. "Yo –dijo durante un homenaje a su hijo– no sé nada de política pero tengo los mismos deseos que ustedes de un país mejor, aquí vengo como una madre, y como madre quiero hablarles, no se queden solos (...) nosotros vamos a estar siempre, los vamos a acompañar, porque la lucha de ustedes es la nuestra." Claro que también hay estrategias, y están las tretas del débil de las que Pilar Calveiro hiciera un análisis minucioso en Poder y desaparición.

Los campos de concentración en Argentina (ed. Colihue), uno de los dos libros que, hasta el momento, logran zafarse del molde de la épica (el otro es Ese infierno, de Munú Actis, Cristina Aldini, Liliana Gardekia, Miriam Lewin y Elisa Tokar). Es allí donde también cabe preguntarse si lo que aparece apenas páginas después no habla, en realidad, de que ese abrazo inicial (la acción como paliativo del sufrimiento maternal) dejó paso a otro hallazgo, egoísta, soberano, de una voluntad plenamente individual, el de un sentido para sí: la recriminación a Paco Urondo por haberle ocultado, durante meses, la participación en una organización. "Mirá, hijo de puta: me estuviste mintiendo hasta hoy, ocultándome la verdad, sabías que estaba desesperada, que necesitaba de los compañeros y no me dijiste nada. Si ahora se te ocurre insinuar que no tengo capacidad para militar, la patada en los huevos que te doy te la vas a acordar para toda la vida."
MILITARISMOEn el año 1978 la Comandancia del Ejército Montonero publicó una resolución sobre "Implantación y utilización de uniforme e insignias del Ejercito Montonero y de las milicias montoneras". En los considerandos de dicha resolución -número 001/78- se expresaba entre otras cosas: "…Que las tareas de preparación de la contraofensiva consisten, para el Partido Montonero y el Ejercito Montonero, en la consolidación ideológica, política, militar y organizativa con el fin interno de clarificar el objetivo, ratificar la confianza en el triunfo y fortalecer aún más el espíritu del cuerpo; y el fin externo de brindar a las masas una corporización mayor de las fuerzas políticas y militares que conducen sus luchas."…

"Que al logro de estos objetivos también contribuyen en un modo importante algunos elementos formales, siendo el principal de ellos el uso del uniforme que distinga a nuestras fuerzas y exprese formalmente el aspecto militar de esta guerra integral de liberación que estamos librando…"

"…Que todos los miembros del Partido Montonero son a la vez, mientras permanezca esta situación de guerra, integrantes del Ejercito Montonero u Oficiales de las Milicias/ Montoneras." (E. Anguita y M.Caparros, "La Voluntad", Tomo III, Pág. 366, Bs. As, 1998)

En el Anexo III de la Resolución N° 08/78 sobre las normas de utilización del uniforme establecía:

"…2) Es obligatorio el uso de uniforme en el transcurso de toda reunión o ceremonia del Partido o Ejercito. 3) Es igualmente obligatoria su utilización para la ejecución de las operaciones militares del Ejército. Los jefes operativos están facultados para efectuar todas las modificaciones necesarias para el camuflaje que de seguridad a la operación, manteniendo siempre la utilización de los colores reglamentarios (aunque por ejemplo, la camisa no tenga charretera) y utilizando las insignias de combate. En casos extremos, el jefe operativo esta facultado a prescindir totalmente del uso del uniforme para la ejecución de una operación. Esto quedará bajo su responsabilidad y deberá fundamentarlo a su superior…" (pag. 368).
Con esa afirmación, Lili Massaferro se convierte en "Pepa" (su bautismo de fuego fue realizar la seguridad para una pintada callejera), la mujer que en menos de dos años organizó la Rama Femenina del Movimiento Peronista Montonero y tendió unas redes que otras agrupaciones no habían sabido lograr. Pepa decidía, organizaba, debatía con distintas instancias de la conducción y, sin embargo, no estaba en condiciones de abordar otro poder: engañada y abandonada por Urondo, su primera reacción es francamente decimonónica. Desde un teléfono público llamó a Murena, le dijo "estoy en Independencia y San José y me quiero matar". El la consoló esa noche, disolvió la idea suicida. Al día siguiente, Lili se reunió con su responsable en la organización y sentó el reclamo. "¡Lindo hombre nuevo estamos haciendo! ¿Para qué? ¿Para que tenga las mismas hipocresías, las mismas mañas, para que sea desleal con su compañera, no pueda dar la cara y corra detrás de la primera pendeja de piernas frescas que encuentre? (...) Si vamos a hablar de nuevos valores, de una nueva sociedad, hablemos en serio. Si no, déjenme de joder con eso de ‘compañeros’, son unos machos cobardes y traidores como cualquier pequeñoburgués." El reclamo se resolvió de una manera sorprendente: con una suerte de decálogo de la moral revolucionaria. De ello, nada más rescata Giussani: he allí un límite, en el preciso momento en que se hubiera podido raspar la pintura de un discurso monolítico. Y es que, tal vez, haya tenido razón María Moreno cuando escribió, a propósito de la sexualidad y los militantes de la izquierda, que "nunca hubo un correlato entre la ideología y las pasiones".

Gaby
"¿Cómo era esa chica?", se pregunta Gabriela Saidon al promediar La montonera, mientras desliza algunos datos para ir trazando el perfil: "Se casa por primera vez a los 24 años, recorre un camino político de ‘salida’ del comunismo con su marido (...) se va abriendo otro camino por el lado del cristianismo, el nacionalismo y el peronismo, con el marxismo como telón de fondo y como continuidad, (...) apenas dos años después de haberse casado se enamora de ese chico nacionalista católico siete años más joven que ella (Fernando Abal Medina), se va a vivir con él y con él participa del nacimiento de una nueva organización que apuesta al camino de las armas". Cómo era Norma Arrostito, entonces, es la pregunta. "Dura" y "tierna", responde Saidon, "prolija" también, "limpia", lectora, matera... A veces, la búsqueda queda perdida en las brumas de un retrato que quizás debe demasiado a la reproducción de archivo y hemeroteca, al tomar a pie juntillas (y reproducir) testimonios valiosísimos que, sin embargo, podrían desmenuzarse a fuerza de interpretación y confrontaciones (pero "no es el objetivo de este libro juzgar"). Norma Arrostito, "Gaby", en el testimonio de su compañera y amiga Antonia Canizo, llevaba su militancia a los gestos mínimos: con Abal Medina, su compañero, "era más seca o más tímida" de lo que él lo era con ella, "porque con todo ese tema de la militarización se cortaba mucho la afectividad". Hubiera, continúa Canizo, querido tener hijos, "pero el compromiso militante" pesaba más: no era posible. Años más adelante, soñó con casarse de blanco. Y aún más: si no logró un lugar aún más destacado en la conducción de Montoneros fue por una cuestión de género: "Ese techo de cristal es real, existe. En las situaciones límite una mujer llega a un grado de poder de decisión. En Gaby creo que primó la decisión del varón, de Mario (Firmenich) y de los que estaban en ese momento", relata Canizo a Saidon.

Su cuerpo se disputaba, en términos simbólicos, como trofeo: lo fue para sus compañeros militantes (que veían en ella, arriesga Saidon en una de las pocas y fructíferas interpretaciones de La montonera, la posta para poseer el prestigio, el poder, el halo del líder muerto) que, como Firmenich y Galimberti, se esforzaron por divulgar supuestas relaciones amorosas con ella; lo fue, también, para los represores que la exhibían como joya invalorable y única en la ESMA. Fue la viuda, la guerrillera que participó de la fundación mítica y shockeante de Montoneros (el secuestro de Aramburu), la eclipsada por la clandestinidad forzada. Y, sin embargo, quién era ella todavía no queda claro, al menos no mientras se la siga reconstruyendo con esos modelos.

La pregunta podría ser: ¿cómo narrar por fuera del molde de la épica (el formato del rescate, pero también de la reivindicación) para poder construir una memoria de lo que, no casualmente, no suele formar parte de las memorias? O bien: ¿cómo plantarse para visibilizar algo que –porconflictivo, por su potencial desorganizador de categorías que (aún hoy) siguen en proceso, por su inmensa capacidad para volver todavía más complejo ese mapa que sigue incompleto– o bien desborda al modelo épico, o bien pierde todas sus aristas si se acomoda a él? Las respuestas cuestan. Y es que el conflicto aquí viste, por decirlo tangueramente, polleras: cuál era el lugar de las mujeres en la guerrilla, quiénes eran ellas, cómo la cotidianidad de las mujeres militantes en organizaciones políticas (de meta y programa totalizadores) que impregnaban la vida social e individual en toda su extensión... He allí la carga que, todavía hoy, cuesta desactivar, a tal punto que en las narraciones de la guerrilla y de la represión hay un gran vacío: el de la cotidianidad. Y es que, detrás del estatuto de la excepción, tiene que haber un más allá.

Fuente: Página/12, 31/07/05

Algunas personas de esta foto: en el centro, de camisa blanca y pantalón claro, Roberto Quieto, a su derecha Dante Gullo y a su izquierda Mario Firmenich,
Norma Arrostito, Fernando Vaca Narvaja y Ricardo René Haidar.


Mil nombres, un nombre 

Gabriela Saidon es la autora de una biografía sobre Norma Arrostito, la única mujer que integró la conducción de Montoneros en sus inicios

Lisy Smiles / La Capital

"La Gaby", "Irma", "Norma", "La Viuda", una "asesina/o", "La Montonera" son sólo algunas de las maneras de nombrar a Norma Arrostito, pero también de hablarla. Porque justamente eso es lo que rastrea Gabriela Saidon en su libro "La Montonera", hacer hablar los silencios sobre la historia de la única mujer que formó parte del grupo que dio origen a Montoneros.

Arrostito cautiva a Saidon más que por sus palabras, por sus silencios. Silencios que, de acuerdo a las palabras vertidas por múltiples testimonios, la ubican en un alias o en otro. Y detrás de cada nombre se construye una historia. Entonces la autora -licenciada en letras, periodista y escritora- usa esas historias relatadas para armar una mujer y en esa construcción, ella también se permite hablar la historia de Arrostito.

El libro (editado por Sudamericana) abre con la reconstrucción del hecho fundacional de lo que luego sería Montoneros: el secuestro del teniente general Pedro Eugenio Aramburu. En ese capítulo, justamente titulado "Aramburu", Saidon incluso deja que Arrostito hable al reproducir sus testimonios publicados en "La Causa Peronista". Allí se muestra a la militante pura acción, detallando cómo se habían llevado a cabo en el plano real las tácticas ideadas por aquel grupo (el comando Juan José Valle) que se lanzó al terreno un 29 de mayo de 1970, a un año del Cordobazo y en el Día del Ejército.
El 1º de junio Aramburu es ejecutado luego de haber sido juzgado por un "tribunal" (comillas de la autora) por su responsabilidad en los fusilamientos de civiles en José León Suárez, en junio de 1956, y por el secuestro del cadáver de Evita, entre otras acusaciones. Pasaría más de un mes para que el rostro de Arrostito se viera en la tapa de los principales diarios como una de las buscadas por la muerte del militar. Y a los pocos días esa foto, junto a las de Fernando Abal Medina, Carlos Ramus y Carlos Capuano Martínez, tomaría forma de afiche para ser pegado en las paredes de las ciudades pidiendo por ella. Allí dicen que había recibido adiestramiento militar en Cuba, que era "una hábil maquilladora" y que usaba pelucas.
Nota de Estrella Roja Nº 89, órgano de difusión del PRT-ERP, del 14/12/77, dando por cierta la falsa noticia de la muerte de Norma Arrostito difundida por la dictadura. El Nº 89 fue uno de los últimos números de Estrella Roja.
Así como ese comando, que "en términos generales no superaba la docena de integrantes", había realizado su acto fundacional, Saidon funda su libro en este primer capítulo donde permite entrever qué vendrá luego. Y así deja traslucir a "esa mujer" (en este caso Arrostito) pareja de Abal Medina, militante proveniente del Partido Comunista, hija de un matrimonio de clase media, que sintió "la fortaleza" de encarar la acción y no sólo palabras, pero también descubrió la profundidad de lo actuado, que la llevaría al límite: la muerte.

La presencia de Arrostito en ese grupo fundador de Montoneros interroga a Saidon sobre la prehistoria de ese momento. Entonces la autora describe el hogar dónde nació quien después sería "La Gaby" para su compañeros, cómo eran sus padres, dónde estudió y su primer matrimonio. Después volverá sobre los hechos cuando la describe como "La Viuda", tras la muerte de Fernando Abal Medina, su gran amor, y a través de testimonios, de búsquedas bibliográficas y de artículos de distintos medios cuenta el silencio de Arrostito cuando debió guardarse y comenzar a alejarse de la estructura de conducción.

Y es quizá una entrevista con Antonia Canizo cuando Saidon disfruta más de dejar que Arrostito se cuele en el libro como "La Amiga". Canizo fue eso, amiga muy cercana de Arrostito. Saidon publica, en forma completa y casi sin edición, una entrevista que le realiza a Canizo, donde se descubren nuevas voces sobre otra vez "esa mujer" (la Arrostito) como compañera, su salud, su relación con los hombres, su inserción en Montoneros, sus supuestos cruces con Galimberti y Firmenich.
Después vendrá Ezeiza, Cámpora, Perón, la Plaza de Mayo, las disputas, Isabel, López Rega y el límite se acerca. Pero Saidon lo desafía también desde el principio, quizá como Arrostito, cuando en la tapa del libro publica como ilustración la foto del supuesto lugar donde matan a la montonera. Supuesto no, fraguado.

Allí, Lomas de Zamora, 2 de diciembre de 1976, no matan a Arrostito como sí se publicó en los medios argentinos. Allí, se monta una escena, otra mujer fue fusilada y no "esa". Arrostito vivía por entonces en Barracas, el sur porteño, y "tenía pautada una cita con una tal «Mercedes» a las 11. Salió hacia ella y nunca más se la vio. Un grupo de tareas de la Marina la capturó y la llevó a la Esma", advierte la autora.

Ese siniestro montaje es reproducido por los medios y el 4 de diciembre del 76 los argentinos empiezan a leer en detalle y hasta por entregas cómo había muerto Arrostito (imperdible cómo Saidon desmenuza la cobertura de la revista Gente, por ejemplo). Mientras, en la Esma capucha y grilletes esperaban a "La Gaby", quien pasó a convertirse en trofeo de los represores para blandir ante las otras fuerzas e incluso ante los demás detenidos. La mostraban como un símbolo, "querían demostrar que si la tenían a ella, habíamos perdido", recuerdan ex detenidos.

A esa altura del libro, Saidon busca el final, y cuenta cómo fueron los días de "La Gaby" en ese "infierno". Para eso echa mano de testimonios de otros detenidos que cuentan hasta con versiones contrapuestas cómo se manejaba y manejaban a Arrostito en ese campo de concentración, la relación con los captores, su vuelco al misticismo y el final. Una inyección de pentotal entró en su cuerpo el 15 de enero de 1978, sujetada por un enfermero, bajo la atenta mirada de un médico y por orden del "Tigre" Acosta, según coinciden los testimonios.

Saidon opina que no sólo el secuestro y ejecución de Aramburu sellaron su muerte, sino que al fraguar su asesinato se ponía en marcha su agonía hasta que llegara nada más que la decisión de desaparecerla definitivamente. Y Arrostito pasó a integrar esa siniestra lista de 5 mil detenidos-desaparecidos de la Esma, porque su cuerpo nunca apareció. Se supone que fue una pasajera más de los vuelos de la muerte.

"No hay dos demonios, hay uno. El mal absoluto, sin filtros ni disimulos. El infierno está en esta tierra", escribe Saidon en un intento de hacer hablar a los sentimientos de Arrostito en su agónica detención. "Sabe, también, que ella no se va a salvar, que en cualquier momento la matarán... Sabe que no hay libertad para Gaby, "La Montonera. Lo sabe desde el infierno. Lo sabe cada amanecer", arriesga Saidon tras dedicar 171 páginas a desmenuzar la historia de vida de esa chica de clase media: Norma Arrostito, "La Montonera".

Fuente: www.lacapital.com.ar

La montonera. Biografía de Norma Arrostito (adelanto)

Por Graciela Saidón
Capítulo 1: Aramburu
1
Aramburu 
El ajusticiamiento de Aramburu era un viejo sueño nuestro. Mario Firmenich

La historia estallaría nuevamente en 1970. María Seoane
Who wants yesterday.s papers Who wants yesterday girl. 
Mick Jagger

Son las nueve y cuarto de la mañana del viernes 29 de mayo de 1970. Una mujer rubia está parada en la vereda, junto a la puerta del edificio de Montevideo 1053, en el Barrio Norte de la Ciudad de Buenos Aires. Lleva un bolso en una mano. A pocos metros, en un garaje de la misma cuadra, dos hombres con uniforme militar esperan en un Peugeot 504 blanco, tapizado de rojo. Mal estacionada sobre la vereda de enfrente, hay una pick-up Chevrolet con el chofer, un cabo de la policía y un cura. Uno de los militares se baja del Peugeot y camina hasta el edificio de Montevideo 1053. No saluda a la mujer rubia. Nadie sabe, salvo los ocupantes de los dos autos, y el capitán y el teniente primero a quienes acaban de abrirles la puerta desde el portero eléctrico del edificio de Montevideo 1053, que lo que esa mujer tiene en el bolso es un arma, que en realidad no es rubia sino morocha y que usa una peluca.

Nueve y media de la mañana. Una mañana soleada y fresca de otoño en Buenos Aires. El capitán y el teniente primero salen del edificio con el teniente general Pedro Eugenio Aramburu. Ese viernes 29 de mayo de 1970 pasará a la historia como el día en que un comando autodenominado Juan José Valle, de una nueva organización hasta el momento desconocida, Montoneros, secuestró al ex presidente de la Revolución Libertadora, que derrocó a Juan Domingo Perón. Ellos, los que esa mañana están apostados en lugares estratégicos en la calle Montevideo entre Avenida Santa Fe y Marcelo T. de Alvear, son: Mario Eduardo Firmenich como cabo de la policía, Carlos Capuano Martínez como chofer, Carlos Maguid como cura, Ignacio Vélez y Carlos Gustavo Ramus como los civiles en el Peugeot, Fernando Luis Abal Medina como teniente primero, Emilio Maza como capitán. Y una mujer, la única del grupo, la montonera Esther Norma Arrostito. Gaby para los amigos.

Yo llevaba una peluca rubia con claritos y andaba bien vestida y un poco pintarrajeada, contará Arrostito más adelante1.

Un local ofrecía pelucas a sólo dos cuadras del lugar donde el 29 de mayo de 1970 la historia estallaría nuevamente. Un aviso en la revista dominical de Clarín publicitaba así el producto: .Pelucas y Minipelucas Fontaine, de Felipe Sinópoli, Arenales 1473: Prepárese a cambiar de la noche a la mañana, o de la mañana a la noche, o en cualquier momento. Un peinado diferente la transforma. Fontaine es la clave para las travesuras más femeninas y los cambios más amorosos. Vale la pena curiosear la última novedad Fontaine: la peluca que se peina con y sin flequillo.

Son las nueve y cuarto de la mañana. Se cumple exactamente un año del Cordobazo, la rebelión en la ciudad de Córdoba donde obreros y estudiantes levantaron barricadas, atacaron con piedras y cócteles Molotov a policías y soldados, y que terminó con la cruenta intervención de las Fuerzas Armadas. El Ejército celebra su día. El capitán y el teniente primero acaban de entrar al edificio de Montevideo 1053. Han atravesado la puerta de vidrio y toman el ascensor hasta el octavo A, último piso al frente del edificio que hasta el sexto tiene balcones redondos con rejas blancas. Apostada junto a la puerta, Norma Arrostito cruza la calle con la mirada, sorteando la cuadrilla de la Municipalidad que repara la vereda, y ve que un Fiat 600 se acerca a la pick-up. Todo el plan puede fracasar. El joven vestido de cabo le hace señas al fitito para que no se detenga. Circule, oye Arrostito. O mejor dicho le lee los labios al joven vestido de cabo y se da cuenta de que, desde su uniforme de policía, Mario Firmenich le está dando órdenes al otro que se paró detrás de la pick-up para que circule, modula Mario, no se detenga. Y cuando el otro arranca puteando porque no entiende (ella no alcanza a oír esa parte), no entiende por qué la pick-up sí puede estacionar y él no, Norma ve que Firmenich levanta apenas la comisura derecha de los labios.

Cuando más adelante la escena se convierta en caso y todos los diarios se ocupen del tema, una empleada de la boutique de Montevideo 1051 va a describir ante los periodistas a los dos uniformados que subieron al octavo A del edificio vecino como dos hombres altos y rubios de entre 26 y 28 años, uno con bigotes, y va a decir:Un detalle que me llamó la atención fue que los uniformes eran flamantes y estaban muy bien cortados. Ahí va a ser Norma la que quizá levante apenas la comisura derecha de sus labios, o se ría con una risa franca. Porque ella misma tuvo que arreglarle el uniforme a Fernando. En esos afiches de "Buscados" por el secuestro del ex presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu que en quince días van a empapelar la ciudad, al mejor estilo Lejano Oeste, además de alias, números de documentos de identidad, edad, estado civil y estatura de Norma Arrostito, Mario Firmenich, Carlos Raúl Capuano Martínez y Carlos Gustavo Ramus, sobre Fernando Abal Medina la policía aportará un dato adicional: delgado. Llamaba la atención lo flaco que era.

Arrostito: Compraron parte de la ropa en la casa Isola, una sastrería militar en la Avenida de Mayo, al lado de Casa Muñoz. Fernando Abal tenía 23 años, Ramus y Firmenich, 22, Capuano Martínez, 21. Cortándose el pelo pasaban por colimbas. Así que allí compramos las insignias, las gorras, los pantalones, las medias, las corbatas. Para comprar algunas cosas, hasta se hicieron pasar por boy-scouts. Un oficial retirado peronista donó su uniforme: simpatizaba con nosotros, aunque no sabía para qué lo íbamos a usar. El problema es que a Fernando le quedaba enorme. Tuve que hacer de costurera, amoldárselo al cuerpo. La gorra la tiramos "era un gorrón", le bailaba en la cabeza, pero usamos la chaquetilla y las insignias.

De pronto, Norma Arrostito los ve salir del edificio. Fernando Abal Medina y el gordo Maza llevan al mismísimo Pedro Eugenio Aramburu, que parece no entender del todo lo que está pasando. Emilio lo abraza, como palmeándolo. Parecen milicos de verdad, hasta en el porte y en la manera de caminar. Practicar sirvió para algo, al margen de que Firmenich decía que el gordo tenía algo de milico, que de veras le gustaba. Además conocía los gajes del oficio: había sido liceísta en Córdoba. El mismo Maza fue quien le enseñó a Abal las poses y las actitudes. Y Fernando tenía esa cualidad de ir siempre al frente, no importaba qué. El porte, la indiscutible pertenencia de clase de Emilio Maza y Fernando Abal Medina, sumados a esa seguridad que mostraban los dos y, obviamente, los uniformes "bien cortados" jugaron a favor. Por eso la mujer de Aramburu los hizo pasar, por eso los trató con amabilidad y le indicó a la empleada que les sirviera café mientras su marido terminaba de vestirse, por eso salió a hacer los mandados. Por eso seguramente también Aramburu no desconfió cuando le ofrecieron protección. Claro, ya era demasiado tarde cuando los jóvenes oficiales mostraron sus verdaderas cartas: las armas que tenían escondidas entre la ropa, y Abal Medina le dijo, sin demasiada explicación:

Mi general, usted viene con nosotros.
Desfachatado, va a decir Firmenich de Abal Medina, cuatro años después (Era bastante desfachatado, dirá). Norma Arrostito prefiere pensar que es un hombre de acción. Fernando nunca se detiene a pensar. Ni dos segundos. Va y ejecuta.
Ahora se lo ve algo duro dentro del uniforme, debe ser por la metralleta que lleva debajo del pilotín verde oliva. Incluso parece como que empuja a Aramburu levemente con el arma, hasta que llegan al Peugeot. Lo sientan entre los dos en la parte trasera. Arrancan y Arrostito sube a la pickup, junto con Firmenich y los otros. Doblan por Charcas, Rodríguez Peña2 y van hacia Libertador. En el camino, los muchachos se sacan los disfraces. Cuando llegan al bajo, cerca de la Facultad de Derecho, los que estaban en el Peugeot se pasan a la pick-up y se apretujan atrás. Aramburu queda sentado sobre la rueda de auxilio.

En los bosques de Palermo cambian de autos. Dejan tirada la pick-up y Arrostito, Maza, que ahora tiene puesto un pilotín para disimular el uniforme, Vélez y Maguid se suben al Renault 4L chapa C 184540, propiedad de Arrostito, que dejaron en el lugar. Allí cargan los bolsos con los uniformes y parte de las armas. Abal, Carlos Ramus y Firmenich entran en la Gladiator, llevándose a Aramburu. Capuano Martínez sube al taxi Ford Falcon que hará de apoyo. Se comunican con walkie-talkies entre los dos autos, y entre la cabina y la caja de la Gladiator. En todo el trayecto Aramburu va a permanecer callado. Solo dirá dos palabras, pero lo hará después de que hayan cruzado la General Paz. Será cuando alguien pregunte quién vio el bidón de nafta. Entonces Aramburu va a decir:

Aquí está.

Ésos son los autos con los que han partido esa misma mañana temprano, desde Parque Chas. Cuenta Arrostito: La casa operativa era la que alquilábamos Fernando y yo, en Bucarelli y Ballivián, Villa Urquiza. Allí teníamos un laboratorio fotográfico. La noche del 28 de mayo, Fernando lo llamó a Aramburu por teléfono, con un pretexto cualquiera. Aramburu lo trató bastante mal, le dijo que se dejara de molestar o algo así. Pero ya sabíamos que estaba en su casa. Dentro de Parque Chas dejamos estacionados esa noche los dos autos operativos: la pick-up Chevrolet y un Peugeot 404 blanco3, y tres coches más que se iban a necesitar: una Renoleta 4L blanca mía, un taxi Ford Falcon que estaba a nombre de Firmenich, y una pick-up Gladiator 380, a nombre de la madre de Ramus.

En realidad, la casa operativa que menciona Arrostito, un PH en ochava, en Bucarelli 1752, queda en Parque Chas, en el límite con Villa Urquiza. En realidad, además, no es la casa que alquilaban Norma Arrostito y Fernando Abal Medina sino Nélida (su hermana) y Carlos Maguid (su cuñado). De todos modos, en el barrio circulan algunas leyendas en relación con esa casa. Algunos vecinos aseguran que a Aramburu lo tuvieron allí. o que a la Arrostito la agarraron en esa casa. Después del secuestro de Aramburu, la propiedad en la zona llegó a devaluarse por las molestias que generaba en el vecindario la constante presencia policial.

Si bien Norma había ocupado un cuarto de esa casa por un tiempo, en mayo de 1970 estaba viviendo con Abal Medina en un departamento en la calle Dorrego 169, a pocas cuadras del cementerio de la Chacarita. ¿Por qué, entonces, la confusión? Imposible pensar en un error de la memoria. Lo más probable es apuntar a un gesto de protección hacia su hermana y su cuñado (hipótesis que se apoya además en que Maguid sólo es mencionado en ese texto como "otro compañero"). Por otra parte, como ella realmente ha vivido ahí, el dato no es del todo falso. En ese sentido, falsear levemente la realidad es uno de los tantos recursos de la ficción desparramados en el texto de La Causa Peronista.

La casa de Bucarelli tiene una ventana que asoma a la calle Ballivián y una escalerita para llegar a la puerta de madera que recientemente fue reforzada con una reja. En ese mismo año, 1970, alrededor de la mesa, en la cocina comedor de esa casa solían reunirse el grupo Córdoba y el grupo Buenos Aires, que conformaron el núcleo fundador de Montoneros. Allí, probablemente, hablaron por primera vez del secuestro de Aramburu. Tal vez incluso fue en ese comedor donde planearon la operación. Norma Arrostito participaba de las reuniones como un compañero más. Hablaba lo necesario, y siempre apoyando las decisiones orgánicas. No era, en ningún caso, la encargada de servir el café. A veces, cuando Abal Medina se mostraba incontenible para la acción, ella hacía un gesto como diciendo: "Así es él". Para 1970, ya hacía más de dos años que estaban juntos. Ella le llevaba siete años.

La mañana del 29 salimos de casa (insiste la narración de Arrostito). Dos compañeros se encargaron de llevar los coches de recambio a los puntos convenidos. La Renoleta quedó en Pampa y Figueroa Alcorta, con un compañero adentro. El taxi y la Gladiator cerca de Aeroparque, en una cortada, el taxi cerrado con llave y un compañero dentro de la Gladiator. En el Peugeot 404 subieron Capuano Martínez, que iba de chofer, con otro compañero, los dos de civil pero con el pelo bien cortito, y detrás, Maza con uniforme de capitán y Fernando Abal, como teniente primero.

Y Firmenich: Ramus manejaba la pick-up Chevrolet y la "flaca" (Norma) lo acompañaba en el asiento de adelante. Detrás iba un compañero disfrazado de cura, y yo con uniforme de cabo de la policía.
Son las doce y media de ese viernes 29 de mayo de 1970 en la República Argentina. La temperatura alcanza su pico: 19,3 grados. La policía recién se entera de que Aramburu fue secuestrado por el comando Juan José Valle, como se consignará en el primer comunicado. Entonces montan un operativo sin antecedentes, que en el transcurso de esos días llegará a movilizar a 1.600 hombres, además de 100 patrulleros de comisarías y 136 del Comando Radioeléctrico. Hubo, además, 1.200 inspecciones diarias de promedio en domicilios particulares de la Capital, más 2.000 controles de autos por día, 721 procedimientos originados en denuncias anónimas y
1.200 en pensiones, galpones, hoteles, etc.., según informa, en la conferencia de prensa que dará la policía (y los diarios reproducirán el 21 de julio de 1970), el director de Seguridad, inspector general Horacio Héctor González Figoli. Un despliegue apabullante, que también incluirá helicópteros y embarcaciones, para que Firmenich diga: En toda mi vida operativa no recuerdo una vía de escape más sencilla que ésta. Fue un paseo. El único punto que nos preocupaba era la General Paz, pero la pasamos sin problemas: no estaba tan controlada como ahora. Siguiendo con la contabilidad de Figoli, las 50 comisarías porteñas, Comando Radioeléctrico, direcciones generales, jefatura y regionales de la Policía Bonaerense y sus estaciones de radio, así como las 32 delegaciones regionales de la Policía Federal en las provincias, tuvieron conocimiento del secuestro del ex presidente provisional recién tres horas y diez minutos después de haberse producido. Tiempo de ventaja para los secuestradores. Para decirlo en criollo: "Los madrugaron". Una buena razón para no encontrarlos.

A la una y media, todas las radios del país cortaban sus transmisiones para informar, por cadena nacional, que habría sido secuestrado el ex presidente provisional de la Nación, el teniente general Pedro Eugenio Aramburu. El rotativo del aire de Radio Rivadavia detallaba: El ex presidente se retiró de su domicilio esta mañana, poco después de las nueve, escoltado por dos hombres que vestían uniformes militares. Desde entonces no hay noticias del paradero del teniente general Pedro Eugenio Aramburu. En medios generalmente bien informados se habla de la posibilidad de que haya sido secuestrado por un grupo comando....4.

Era la una y media de la tarde. Esquivando puestos policiales y evitando caminos transitados, una pick-up Gladiator avanzaba desde hacía cuatro horas rumbo a Timote.

En la caja, escondido tras una carga de fardos de pasto, viajaba "el fusilador" de Valle escoltado por dos jóvenes peronistas. Lo habían ido a buscar a su propia casa. Lo habían sacado a pleno día, en pleno centro de la Capital, y lo habían detenido en nombre del pueblo.

A las cinco y media de la tarde, Aramburu y sus secuestradores llegan a la estancia La Celma, que la familia Ramus tenía en Timote, Carlos Tejedor, sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Los recibe el cuidador, el vasco Acébal. Carlos Ramus se dedica a distraerlo.

A las ocho y media de la noche, asegurado el éxito de la primera fase del "Operativo Pindapoy", en una confitería de la avenida Cabildo al 700, aparece un primer comunicado del grupo comando. Aramburu será sometido a juicio revolucionario, dice la hoja que está encabezada con la leyenda Perón vuelve y la palabra Montoneros, nombre de la organización5.

Después del secuestro, entonces, mientras Firmenich y los demás tomen el camino más largo para cubrir, en ocho horas, los 379 kilómetros que separan La Celma de la Capital, Norma Arrostito y compañía harán tareas de prensa: se dedicarán a escribir los comunicados que presenten en sociedad a la hasta ahora desconocida organización. En los cuatro días siguientes escribirán en total cinco comunicados6, en papel Witcel Bond, en una Olivetti que, según las pericias policiales, sería la máquina autora de esos textos y que habría comprado en 1969 el padre de Arrostito, Osvaldo Luis, en un negocio de la localidad de San Martín, en el noroeste del conurbano bonaerense. En esa misma máquina Arrostito también habría redactado un permiso para que Emilio Maza se llevara el Renault 4L a Córdoba y que, como se verá más abajo, será un gran hallazgo para la policía. La autorización tiene el sello de la comisaría 49 y la fecha: 29 de mayo de 1970.

Esa misma noche, allá en Timote, comenzaba el juicio a Aramburu. Sentado en una cama, el teniente general de la Revolución Libertadora oye las palabras de Fernando Abal Medina, ese joven oficial con quien compartió un café en su propia casa:

General Aramburu, usted está detenido por una organización revolucionaria peronista, que lo va a someter a juicio revolucionario.

El condenado sólo atinará a decir:

Bueno.

Al día siguiente, los diarios daban la noticia en tapa. "Fue secuestrado ayer el ex presidente Aramburu", tituló La Nación a cinco columnas. Las otras tres las dejó para informar que "Se celebró el Día del Ejército: .El comandante en jefe del Ejército, teniente general Alejandro A. Lanusse, pronuncia su discurso en el acto central de la celebración del Día del Ejército, que fue presidido por el jefe de Estado"7.

Son las tres de la tarde del domingo 31 de mayo. Los montoneros que juzgan a Aramburu, erigidos en tribunal popular, han apagado el grabador. Ya le han leído al reo los cargos, que consisten en (obviando su condición de "cerebro y artífice" de la Revolución Libertadora8 que en 1955 derrocó a Juan Domingo Perón, lo obligó al exilio y resultó en la proscripción del peronismo) su responsabilidad en los fusilamientos de civiles en José León Suárez, en junio de 1956 9, el secuestro del cadáver de Evita y el conocimiento de que Aramburu planea un golpe contra Onganía, para luego pactar una fuerza gubernamental con un "peronismo domesticado" o "de corbata".

Sobre los fusilamientos de José León Suárez, Aramburu reconocerá: Y bueno, nosotros hicimos una revolución, y cualquier revolución fusila a los contrarrevolucionarios10. Sobre el cadáver de Evita, sólo dará algunos datos: Revela que el cadáver de Evita está en un cementerio de Roma, con nombre falso, bajo custodia del Vaticano. La documentación vinculada con el robo del cadáver estaba en una caja de seguridad del Banco Central a nombre del coronel Cabanillas. Más que eso no podía decir, porque su honor se lo impedía. Entonces, como no puede decir nada más, no hay retorno.

Al anochecer, Aramburu pide papel y lápiz. En la soledad de su cuarto, el teniente general escribe. A la mañana siguiente, los secuestradores encuentran pedacitos de papel en el inodoro. Luego aparecerá una nota en un bolsillo de su traje.

Habiendo juzgado a Aramburu, el tribunal comienza a deliberar la noche del 31 de mayo. A la madrugada del 1° de junio, el jefe del operativo, Fernando Abal Medina, le comunica al reo la sentencia de muerte. Aramburu pide afeitarse y que le traigan un confesor. Las dos cosas le son negadas. Pregunta cómo van a hacer para sacar el cadáver, entonces. Igualmente, el tratamiento que se le da al reo es el de "general", lo que implica la conservación de un grado militar que no le ha sido retirado como parte de la sentencia (en este punto, Montoneros inaugura una tradición de trato con los militares, en la que presos de un campo de desaparecidos siguen usando como vocativo el grado, como se puede leer en Recuerdo de la muerte, de Miguel Bonasso)11.

(...) se lo había atado a la cama y sigue atado durante la media hora siguiente a la comunicación de la sentencia, ese plazo que, clásicamente, se otorga a los condenados a muerte para que arreglen sus cuentas en la intimidad de sus conciencias.

Con las manos atadas a la espalda, lo llevan al sótano, un lugar pequeño que obliga a una adecuación del ceremonial militar del fusilamiento. Como no se pueden usar las armas largas que indica la tradición, se lo ejecutará con pistola (...)

Con las manos atadas a la espalda, Aramburu bajó con dificultad las escaleras. En el sótano, sus secuestradores le ponen un pañuelo en la boca; ni ofrecen ni intentan vendarle los ojos; Aramburu no lo pide ni se ve en la situación de rechazarlo. En ese momento, el relato se bifurca. Firmenich, que está contando, es enviado arriba, a golpear .sobre una morsa con una llave para disimular el ruido de los disparos. (de noche, en el medio del campo, sólo había que disimular frente al Vasco, cuidador de la casa). Firmenich, entonces, no presencia la ejecución. Fernando Abal Medina, como cuadra a un jefe, se hizo cargo. Él pronunció las palabras rituales y él oyó la respuesta: ..General dijo Fernando, vamos a proceder. Proceda, dijo Aramburu. Y procedió con un tiro de una 9 mm y tres tiros de gracia, uno de ellos con una 45 12.

Quizá, como dice Beatriz Sarlo, haber disparado cuatro tiros podría responder a un ritual militar, de la división entre primer tiro y tiro de gracia. Pero también, atando el episodio con otros datos, como que a Abal Medina se le ha trabado la cámara de fotos, que es un desfachatado, un "mandado", poco proclive al pensamiento previo a la acción, lo opuesto al arquero zen que practica durante años el movimiento y que sólo lanza su flecha una certera vez, podría suponerse que cometió una torpeza al disparar, y que falló con la puntería.

Tampoco sería descabellado pensar que ese 1° de junio a las siete de la mañana, cincuenta minutos antes de que afuera saliera el sol, en ese oscuro y frío sótano, solo frente a su víctima, en el momento de disparar a Fernando Abal Medina le haya temblado la mano.

Años después, en La novela de Perón, Tomás Eloy Martínez le hará decir al General: "Esa palabra es imposible: Proceda". Se trata de un Perón ficticio, de papel, que aparece allí como el primer crítico del texto de La Causa Peronista, sugiriendo el carácter ficcional que tiene, en definitiva, todo relato, marcando sus contradicciones, y que otros, tal vez menos críticos, tomaron al pie de la letra13.

Un día después del asesinato de Aramburu, el presidente de facto, Juan Carlos Onganía, instaura la pena de muerte.

Para los montoneros el Aramburazo ha sido un éxito. Más allá de los detalles truculentos del asesinato, el establishment fue sacudido como si la cal viva que cubrió el cadáver del militar amenazara con corroer su propio futuro, ha escrito María Seoane14. No sólo el factor sorpresa les juega a favor, sino también una minuciosa planificación, que cuatro años después contarán con detalle.

Arrostito: Toda la "organización" éramos doce personas, entre los de Buenos Aires y los de Córdoba. En el operativo jugamos diez.

Lo empezamos a fichar a comienzos del '70, sin mayor información. Para sacar direcciones, nombres, fotos, fuimos a las colecciones de los diarios, principalmente de La Prensa. En una revista, Fernando encontró fotos interiores del departamento de la calle Montevideo. Eso nos dio una idea de cómo podían ser las cosas adentro.
Firmenich: Pero dedicamos el máximo esfuerzo al fichaje externo. El edificio donde él vivía está frente al colegio Champagnat, y averiguamos que en el primer piso de ese colegio había una sala de lectura o una biblioteca. Entonces nos colamos y fuimos a leer ahí. El que inauguró el método fue Fernando, que era bastante desfachatado. Más que leer, mirábamos por la ventana. Nos quedábamos por períodos cortos, media hora, una hora. Nunca nadie nos preguntó nada.

Arrostito: Allí lo vimos por primera vez, de cerca. Solía salir alrededor de las once de la mañana, a veces antes, a veces después, a veces no salía. Lo vimos tres veces desde el Champagnat.
Después fichamos desde la esquina de Santa Fe, en forma rotativa. Llegamos a hacer relevos cada cinco minutos. Teníamos que hacer así porque en esa esquina había un cabo de consigna, uno rubio, gordito, y no queríamos llamar la atención.

Lo que no cuentan es si en uno de esos días de observación desde el colegio Champagnat han visto cuando tres hombres visitaron al teniente general Aramburu en el semipiso de Montevideo 1053, madera, vidrio y mármol en la entrada. Es probable que no hayan visto a Ricardo Rojo, que llevaba un mensaje oral de Juan Domingo Perón para Aramburu, y les había pedido a los otros dos que fueran testigos de sus palabras, que giraron alrededor del regreso. Rojo nos pidió a Manuel Álvarez Pereyra y a mí que lo acompañáramos. Venía de Madrid, de estar con Perón cuenta Rogelio García Lupo15. Le traía la respuesta a una pregunta que Aramburu
también le había enviado en forma oral. El diálogo giraba alrededor de la posibilidad de producir un entendimiento político entre Perón y Aramburu.

Allí, en ese departamento oscuro, que en la planta baja tenía apostado un hombre de vigilancia, desde un gran escritorio de madera, tipo ministerial, con varios libros y un teléfono apoyados sobre el vidrio, Aramburu habló con Rojo y los dos testigos.

Rojo vivía a la vuelta, en Santa Fe 1555, lo fuimos a buscar y de allí fuimos a la casa de Aramburu recuerda García Lupo. Álvarez Pereyra era un diplomático en ese momento sin destino. Cuando Rojo nos presentó, Aramburu dice: Álvarez Pereyra, Álvarez Pereyra, este apellido me suena... Cómo no le va a sonar: usted puso preso a mi padre. El padre de Álvarez Pereyra era un militar yrigoyenista que luego fue diputado peronista. En el '55, Aramburu lo metió preso. Cuando nos fuimos, Rojo le dijo: "Cómo me hacés esto, casi echás a perder la reunión". La entrevista había estado a punto de arruinarse.

Ese acercamiento que Aramburu estaba gestionando con Perón es uno de los argumentos que se esgrimieron en la época para suscribir la tesis de que el secuestro del ex presidente de la Revolución Libertadora fue promovido por los mismos militares, que habrían hecho un arreglo con los montoneros16. Ellos, en el texto de La Causa Peronista, cuatro años después, quieren dejar en claro que no sólo fueron los autores del hecho sino que además el propio Perón los avaló. Para probarlo publican una carta de 1971 en la que el líder manifiesta su apoyo en reglas generales, con frases como "Estoy completamente de acuerdo y encomio todo lo actuado". Y donde, además, les recuerda que ellos no inventaron la pólvora: "Ni es nueva la 'Guerra revolucionaria' y menos aún las 'Guerras de Guerrillas'. Pienso que tal vez la guerra de guerrillas ha sido la primitiva forma de guerra, tan empleada en la afamada 'guerra de los escitas' y de Darío Segundo".

Pero volviendo al tiempo y el lugar de los hechos, además de las tareas de observación y de control del domicilio de Aramburu, los muchachos (y la chica) habían realizado algunos golpes menores para hacerse de armas y de efectivo. Por ejemplo, el robo a un garaje de la calle Emilio Lamarca 3121, en el barrio de Villa del Parque, o el asalto a un par de destacamentos policiales. Igual que en las charlas alrededor de la mesa del comedor de Bucarelli, en los robos Norma Arrostito participará como uno más. Sobre la irrupción del 29 de abril en la comisaría de Villa Devoto, en Avenida General Mosconi casi llegando a la Avenida General Paz, un testigo contará a La Nación del 12 de julio: "Llegaron dos autos: un Rambler y un Ford Falcon verde, y estacionaron uno a corta distancia del otro. Del Rambler descendió una chiquilla que vestía buzo azul marino, pollera pantalón azul de las que se usan para hacer gimnasia en las escuelas, medias y zapatillas blancas. Detrás de ella bajó un joven con barba y melena larga. Vi cómo la chica se acercó al policía y le preguntó algo. Cuando el agente le respondía, la jovencita (era rubia, de pelo largo) le puso su pistola entre las costillas". A la tarde de ese día, el mismo grupo asaltaba el Banco Alemán Transatlántico en Ciudad Jardín en Lomas de Palomar y se llevaban seis millones de pesos moneda nacional17.

A las siete de la mañana del 1° de julio, exactamente un mes después de que Fernando Abal Medina con pulso tembloroso o intención de asegurarse de que el muerto estuviera bien muerto, haya descerrajado los tiros que mataron a Aramburu, los montoneros producen su segundo hecho notorio: el copamiento de La Calera, una pequeña localidad a 17 kilómetros de Córdoba capital. A pesar de que la organización defenderá los objetivos cubiertos en ese hecho militar18, la retirada sale mal y son heridos de gravedad Ignacio Vélez y Emilio Maza, que muere a los pocos días. En el barrio de Los Naranjos, donde Maza estaba parando, encuentran, entre otras cosas, el permiso que Norma Arrostito le había extendido para que Maza manejara su renoleta 4L, y que va a actuar como hilo de Ariadna. Una punta para empezar a buscar: Córdoba se convierte en el mejor camino para llegar a Buenos Aires19. Curiosamente, Aramburu había nacido en esa misma provincia, en la localidad de Río Cuarto, 67 años antes.

El domingo 12 de julio las caras de Norma Arrostito, Mario Firmenich y Fernando Abal Medina, en ese orden, ilustraban la tapa de La Nación. Tres días después, esas mismas caras iban a empapelar la ciudad de Buenos Aires, junto con las de Carlos Ramus y Carlos Capuano Martínez.

Una foto carnet mostraba la cara de Arrostito, el pelo castaño oscuro corto y con flequillo, grandes solapas de una blusa blanca. El epígrafe decía: "Igual que Abal Medina, una mujer, Norma Arrostito (a) Irma, argentina, de 30 años, maestra, estuvo en Cuba donde fue adiestrada para efectuar actividades de carácter terrorista. También participó del asalto al garaje de Emilio Lamarca y, posteriormente, actuó como "campana" durante el secuestro del ex presidente provisional. Tiene cédula de identidad número 4.714.123, y libreta cívica 3.876.285. Es una hábil maquilladora y usa pelucas. Mide 1,62 m de estatura y tiene el cutis blanco".

Justo debajo de esas fotos se anunciaba "La posibilidad de aumentos salariales". Decía la noticia: ....a esta altura del proceso (¿el proceso militar?), un aumento salarial puede considerarse casi un hecho, aun cuando bastante camino hay por recorrer hasta encontrar los medios y las magnitudes adecuadas para concretarlo.
En página 20 del domingo 12 de julio, Clarín titulaba: "Piden la Colaboración de la Población Para Hallar a Tres de los Principales Implicados en el Secuestro".

Un día después, La Nación hablaba en tapa de otro secuestro vinculado con el caso de Felipe Vallese20. Y en su sección En otras columnas informaba la fuga de la cárcel del líder del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Mario Santucho, y la asunción de José Ignacio Rucci al frente de la CGT. Desde su minisección Cien años atrás, el mismo diario recordaba una frase de Lucio V. Mansilla: Toda acción buena o mala tiene un móvil.

El miércoles 15 de julio la ciudad de Buenos Aires amanecía empapelada con millares de afiches impresos por la Policía Federal que, según el epígrafe de Clarín, fueron distribuidos en todo el país, a través de las Delegaciones Regionales. La pegatina se inició anoche, simultáneamente, en esta capital y en el interior. Allí, otra vez, estaban las fotos de Arrostito, Firmenich y Abal Medina, aunque no eran las mismas que las publicadas tres días antes. Arrostito estaba tomada de tres cuartos de perfil, el pelo largo, más oscuro y peinado con las puntas para afuera. Mantenía el flequillo (¿otra peluca?), la solapa del saco era oscura. Los volantes estaban encabezados por la contundente frase: "Por el secuestro del señor teniente general D. Pedro Eugenio Aramburu se requiere la captura de: Esther Norma Arrostito con sus datos, Mario Eduardo Firmenich (alias Manuel.21, argentino, 22 años de edad, soltero. Cutis blanco, 1,66 mts. de estatura. C.I. N° 6.072.024 P.F. L.E. N° 7.794.388.) y Fernando Luis Abal Medina (alias Fernando, argentino, 23 años de edad, soltero. Cutis blanco, 1,85 mts. de estatura, delgado, C.I. N° 5.576.377 P.F. L.E. N° 4.557.175)"

En letras grandes, centrado, destacado, el imperativo DENÚNCIELOS! (así, con el signo de exclamación sólo cerrando, como en inglés), y abajo, A la POLICÍA FEDERAL o al organismo policial más próximo en todo el país.22

El 16 de julio, la policía encuentra el cadáver de Aramburu. Las pruebas dactilares certifican que es él. Dos días después, Clarín publicaba un suplemento extra de doce páginas dedicado a informar sobre la desaparición del teniente general Pedro E. Aramburu. El día es decretado de duelo nacional: en la Recoleta, hoy a las 11.30 inhumarán sus restos mortales. La foto del féretro custodiado por un gendarme, en la iglesia de las Esclavas del Sagrado Corazón, Montevideo 1348 (a tres cuadras de su casa), cubierto por la bandera nacional enlutada, con la gorra y el sable corvo, contrastaba con la que tres días después publicaban los diarios, mostrando la frazada con la que los montoneros envolvieron el cuerpo de Aramburu. Y mayor era el contraste con el estado en que se encontró el cuerpo: Estaba en un sótano, parcialmente cubierto de cal, con las manos atadas a la espalda, los ojos vendados y una mordaza, según informó el jefe de la Policía Federal, general Jorge Cáceres Monié23

El epígrafe decía: Una multitud impresionante se congrega en el lugar para rendir su homenaje al hombre que una vez dirigió los destinos del país, y cuya vida se perdiera en el absurdo de un crimen que enluta a todos y agravia a la Nación.

El día del entierro llueve. Los diarios mostraban en tapa fotos de una muchedumbre con paraguas en el cortejo fúnebre. La Nación reproducía las palabras de Lanusse, diciendo que Aramburu fue cruelmente inmolado por el odio ciego e irracional de un grupo de individuos cuya sola existencia constituye una afrenta para la dignidad e hidalguía del pueblo argentino. Agregaba Lanusse una frase en tono profético: El peso de la justicia habrá de caer inexorable sobre los autores materiales del hecho, sobre sus instigadores y sobre sus cómplices.

El lunes 7 de setiembre de 1970 a las ocho de la noche, en la confitería La Rueda de la localidad de William Morris, provincia de Buenos Aires, Fernando Abal Medina y Carlos Ramus son muertos a balazos por la policía. Han llegado a la cita antes de lo acordado, junto con otros dos montoneros, Luis Rodeiro y Sabino Navarro.Rodeiro cae preso, Navarro logra huir. El tiroteo ha durado veinte minutos. Norma Arrostito y Mario Firmenich están retrasados, llegan a las ocho y veinte. Ven los cuerpos tirados en la calle y escapan. El peso de la justicia de Lanusse había empezado a caer, inexorable.

NOTAS
1 La Causa Peronista, N° 9, 3 de setiembre de 1974, pp. 25 a 31. La nota de tapa se publicó con el título Mario Firmenich y Norma Arrostito cuentan cómo murió Aramburu, junto al logotipo peronista con la P dentro de la V (de vive). Después de ese número, la revista cerró. En adelante, en este capítulo, todos los textos tomados de esa fuente aparecen en bastardilla, y no se la vuelve a mencionar.
2 En 1970, Rodríguez Peña corría hacia Libertador. Posteriormente, al hacerse Callao doble mano, el sentido de la calle se invirtió.
3 Todos los relatos publicados en los diarios, tanto de la policía como de testigos y del dueño del garaje de Emilio Lamarca donde lo robaron, además de la foto que publica la revista Gente del 16 de julio de 1970, indican que el modelo del Peugeot es 504, por lo cual podría haber una errata en el texto de La Causa Peronista. El modelo de Gladiator, mencionado más abajo, no era 380 sino T80. Podría pensarse, entonces, que se trata de errores 'femeninos'.
4 Eduardo Anguita y Martín Caparrós, La voluntad, Norma, 1997, p. 362.
5 Mónica Deleis et al., El libro de los presidentes argentinos del siglo XX, Aguilar, 2000, p. 240
6 Tres de esos comunicados, el 3, el 4 y el 5, son transcriptos en el número de La Causa Peronista mencionado. Aquí transcribimos el 3 y el 4, que corresponden a los cargos y la sentencia del juicio a Aramburu, y a la comunicación sobre su ejecución.
COMUNICADO Nº 3
31 de Mayo de 1970
Al PUEBLO DE LA NACIÓN:
En el día de la fecha, domingo 31 de mayo de 1970, la conducción de nuestra organización, constituida en Tribunal Revolucionario, luego de interrogar detenidamente a Pedro Eugenio Aramburu, declara:
I-Por cuanto Pedro Eugenio Aramburu se ha reconocido responsable:
1º) De los decretos 10.362 y 10.363 de fecha 9 de junio de 1956 por los que se legaliza la matanza de 27 argentinos sin juicio previo ni causa justificada.
2º) Del decreto 10.364 por el que son condenados a muerte 8 militares, por expresa resolución del Poder Ejecutivo Nacional, burlando la autoridad del Consejo de Guerra reunido en Campo de Mayo y presidido por el General Lorio, que había fallado la inocencia de los acusados.
3º) De haber encabezado la represión del movimiento político mayoritario representativo del pueblo argentino, proscribiendo sus organizaciones, interviniendo sus sindicatos, encarcelando a sus dirigentes y fomentando la represión en los lugares de trabajo.
4º) De la profanación del lugar donde reposaban los restos de la compañera Evita y la posterior desaparición de los mismos, para quitarle al Pueblo hasta el último resto material de quien fuera su abanderada.
II-Por cuanto el Tribunal lo ha encontrado culpable de los siguientes cargos, que no han sido reconocidos por el acusado:
1º) La pública difamación del nombre de los legítimos dirigentes populares en general y especialmente de nuestro líder Juan Domingo Perón y nuestros compañeros Eva Perón y Juan José Valle.
2º) Haber anulado las legítimas conquistas sociales instauradas por la Revolución Justicialista.
3º) Haber iniciado la entrega del patrimonio nacional a los intereses foráneos.
4º) Ser actualmente una carta del régimen que pretende reponerlo en el poder para tratar de burlar una vez más al pueblo con una falsa democracia y legalizar la entrega de nuestra patria.
5º) Haber sido vehículo de la revancha de la oligarquía contra lo que significaba el cambio del orden social hacia un sentido de estricta justicia cristiana.
El Tribunal Revolucionario, Resuelve:
1º) Condenar a Pedro Eugenio Aramburu a ser pasado por las armas en lugar y fecha a determinar.
2º) Hacer conocer oportunamente la documentación que fundamenta la resolución de este Tribunal.
3º) Dar cristiana sepultura a los restos del acusado, que sólo serán restituidos a sus familiares cuando al Pueblo Argentino le sean devueltos los restos de su querida compañera Evita.
¡PERÓN O MUERTE! ¡VIVA LA PATRIA!
MONTONEROS..
1º de Junio de 1970
COMUNICADO Nº 4
AL PUEBLO DE LA NACIÓN:
La conducción de MONTONEROS comunica que hoy a las 7.00 horas fue ejecutado Pedro Eugenio Aramburu..
El comunicado número 2 dará la pauta de la veracidad del secuestro, porque en él se enumeran las pertenencias de Aramburu a la hora de ser secuestrado.
7 En la foto, todos los micrófonos apuntaban a Lanusse, quien asumiría el gobierno el 23 de marzo de 1971, y tras las caídas sucesivas, primero, de Onganía (el 8 de junio) y de su sucesor, el general de brigada Roberto Levingston.
8 'Revolución fusiladora' dirán en el artículo Montoneros. Comunicado, en la revista Cristianismo y Revolución, n° 26, noviembre-diciembre de 1970, pp. 13 y 14.
9 Sobre el tema, véase el clásico de Rodolfo Walsh, Operación masacre, publicado por primera vez en 1957. Hay reedición de Planeta, 1998.
10 Una frase que, como bien señala Beatriz Sarlo en su libro La pasión y la excepción (Siglo XXI, 2003, p. 139 y ss.), podría aplicarse al mismo Aramburu en su condición.
11 Sarlo, op. cit. El respeto por las jerarquías militares será relevante en el futuro de Arrostito, como se verá en el capítulo 8.
12 Sarlo, op. cit.
13 Novela significa licencia para mentir, entrevista con Tomás Eloy Martínez por Juan Pablo Neyret, en Espéculo, Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid, 2002.
14 María Seoane, Todo o nada. La historia secreta y la historia pública del jefe guerrillero Mario Roberto Santucho, Planeta, 1991,
p. 18. 23
15 Ricardo Rojo es autor de Mi amigo el Che, un testimonio invalorable y el primer libro publicado sobre Ernesto Guevara después de su muerte, el 9 de octubre de 1967. Rojo perteneció a la UCR y como abogado defendió a presos políticos en América Latina. Vivió exiliado en Venezuela y España desde 1976. El 2 de agosto de 1968, Perón le escribió una carta desde Madrid, elogiando el libro y valorando la figura del Che. Rogelio García Lupo es uno de los grandes referentes del periodismo argentino y de la industria editorial independiente, además de ensayista. En 1970 trabajaba como redactor en la revista Primera Plana, pero como su aparición pública estaba prohibida firmaba con el seudónimo Benjamín Venegas.
16 La tesis fue abonada por actores de la Revolución Libertadora. El primero en ponerla por escrito fue un civil amigo del ex presidente de facto, Próspero Fernández Alvariño, alias Capitán Gandhi, en su libro Z Argentina. El crimen del siglo (1973). Siguiendo esta línea, el capitán de navío Aldo Molinari denuncia la falsedad de la documentación de La Causa Peronista y asegura que Aramburu murió el 30 de mayo de 1970 en el Hospital Militar (La Semana, 25 de mayo de 1984). Molinari refuerza y desarrolla esta teoría en su libro Aramburu. La verdad sobre su muerte, edición de autor, 1993, que además incluye el facsímil del texto de La Causa Peronista, los cinco comunicados de Montoneros y la carta de Perón. La teoría de la conspiración es abonada por Martin Andersen en Dossier secreto, el mito de la guerra sucia, Buenos Aires, Planeta, 1993. El título más completo en esta línea es el de Eugenio Méndez, Aramburu. El crimen imperfecto, Grupo Editorial Planeta, 1987, que además contiene información de primera mano de fuentes policiales y militares. Un artículo de Ernesto Salas, El falso enigma del Caso Aramburu (Revista Lucha Armada en la Argentina, año 1, Nº 2), da por tierra con estas hipótesis.
17 Contado por Araceli Bellotta en su artículo Norma Arrostito. Vida, pasión y muerte de una guerrillera. En Todo es Historia, N° 342, enero de 1996, p. 42. El texto de Bellotta da por sentado que la 'chiquilla' es Arrostito.
18 Cristianismo y Revolución, número citado. Allí, los montoneros enumeran los objetivos de la toma de La Calera: a) Recuperación de dinero, b) Recuperación de armas, c) Desarrollo de la propaganda armada, d) Dar testimonio concreto de nuestra solidaridad combatiente con los mecánicos cordobeses reprimidos por la patronal y el gobierno, e) Demostrar que los hechos militares de envergadura son posibles y que el enemigo es vulnerable, y f) Poner a prueba la capacidad, disciplina y responsabilidad de los militantes en operativos de volumen.
19 A la parte no programada parecen referirse los propios montoneros en el número de Cristianismo y Revolución citado, escrito en homenaje a los compañeros caídos, después de las muertes de Abal Medina, Ramus y Maza, cuando dicen, a modo de extraño mea culpa relativizado en el mismo acto de escritura: A estos hechos siguieron una serie de graves inconvenientes de los cuales nos hacemos responsables, pero cuya autocrítica no corresponde hacer en este documento, ya que afecta elementales normas de seguridad, y no modifica en lo más mínimo la concepción general estratégica de la guerra popular.
20 Felipe Vallese, militante de la JP, es el primer detenido-desaparecido de la historia contemporánea argentina. Fue secuestrado el 23 de agosto de 1962 y brutalmente torturado en una comisaría de Villa Adelina.
21 Manuel por Manolito, el hijo del almacenero gallego de Mafalda. En 1970, la tira de Quino que criticaba la sociedad con humor desde la mirada de un grupo de chicos cumplía seis años.
22 Los afiches callejeros mostraron a Norma Arrostito en las dos versiones mencionadas: pelo largo y pelo corto. El texto de los dos 'modelos' de afiches variaba levemente. En la versión pelo corto, el mensaje a la ciudadanía decía: Toda información hacerla llegar a la dependencia policial más próxima. (Durán, Chiaramonte et al., Historia y geografía de Argentina, Ciencias Sociales, Troquel, p. 109). En todos los afiches figura el alias 'Irma', que corresponde a la prehistoria de Montoneros.
23 Deleis et al., op. cit.

JOSE SABINO NAVARRO. Nació en Corrientes el 11 de diciembre de 1942. Su padre, ferviente peronista, contagió a su hijo con esa pasión de pueblo. En una oportunidad lo llevó a la Plaza de Mayo, a escuchar uno de los históricos discursos del líder del movimiento. Una gestión directa de Evita permitió que la madre de Sabino pudiera viajar a Bs As para que la operaran.
A los 12 años, la familia lo trajo hasta Buenos Aires. Y todavía era un pibe de 15 años cuando acompañó al viejo hasta los basurales de José León Suárez, apenas se enteraron de la masacre, para buscar algún sobreviviente. El Negro, recordaría para siempre el recuerdo del odio al pueblo de los mismos que pintaban "viva el cáncer" cuando Evita se moría.
En 1959 conoció a Pina, su mujer y madre de sus hijos, fue en la Algodonera Textil, empresa donde ambos trabajaban.
Entre 1962 y 1963 hizo la colimba y recibió su primera instrucción militar.
Al finalizar la conscripción Sabino pasó a trabajar en Deutz Cantábrica y se incorporó a SMATA, llegando a ser delegado, ganando un prestigio entre sus compañeros por sus luchas sindicales, y todavía más, debido a una feroz paliza que le propinó a José Rodríguez, quien había traicionado una huelga.
Ahí empieza a distanciarse del sindicato y comienza a surgir la idea de acompañar la lucha político sindical con el desarrollo de acciones armadas.
Era un fervoroso militante en la Juventud Obrera Católica. Ahí conoce a García Elorrio, director de Cristianismo y Revolución, y comienza a participar en actividades en ese ámbito.
En agosto de 1968 Sabino participó del primer congreso del peronismo revolucionario y, en enero del año siguiente, concurrió al plenario peronista en Pajas Blancas, Córdoba.
Para entonces, ya no quedaban dudas acerca de la necesidad de complementar la lucha político sindical con la lucha armada.
Dos meses más tarde se produjo una de las últimas apariciones públicas de Sabino, cuando fue invitado por los trabajadores de la empresa Renault para intervenir en un conflicto gremial.
A principios de 1969, comenzó a participar en los primeros operativos armados. Con "fierros" en mal estado y sin municiones, encararon los primeros operativos para autoabastecer el grupo. Siempre, convencidos de que el peronismo era revolucionario y debía actuar como tal, para lograr el retorno de Perón al país, y avanzar en la construcción de la patria socialista.
El grupo jamás abandonó su militancia política y gremial, junto a los operativos armados.
Tras el aramburazo, en mayo de 1970, el grupo de El Negro comenzó a identificar sus acciones con un mismo sello: Montoneros.
A mediados de 1970, José Sabino Navarro se transformó en uno de los dirigentes de la conducción de Montoneros. En setiembre, la organización incipiente tiene un enfrentamiento con la policía en William Morris. Caen muertos Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus, él salva su vida milagrosamente.
Fue buscado intensamente por las fuerzas represivas de la dictadura de Lanusse,
Lo detectaron en Villa Ballester, donde se enfrenta con ellos y mata a dos policías a quienes les quita sus armas.
En 1971, Sabino se traslada a Córdoba y queda a cargo de la regional y su reestructuración, tras su debilitamiento después de la Toma de La Calera.
El 21 de Julio de ese año viaja a Rio Cuarto, junto a, el santafecino, estudiante en "la Docta", Jorge Cotone. Van a realizar una operación de apoyo al conflicto de trabajadores de Fiat Con otros compañeros toman un garaje y recuperan 2 vehículos para llevarlos a la ciudad de Córdoba.
La policía es alertada. Monta operativos de control en toda la ruta que va de Río Cuarto a Córdoba. A los 40 ó 50 kilómetros, comienzan los enfrentamientos. El grupo montonero logra superar los primeros cercos. Sin embargo, deben abandonar uno de los vehículos, y en otro combate cae , en Berrotarán, el "Negro" Juan Antonio Díaz. Tenía 28 años, era de Río Cuarto, hijo de obrero ferroviario y peronista, un tipo bien de base, que había comenzado a trabajar desde los 9 años, también peón ferroviario y delegado. Había participado en la toma de La Calera.
El grupo continúa. Ya sin auto, deciden internarse en el monte, que es bastante bajo y, con pocas hojas, ofrece poca protección. Cecilio Salguero, otro de los militantes, se queda cuidando la retaguardia, para que los demás puedan avanzar más. Es detenido al día siguiente.
El Negro Sabino y Cotone siguen, van obteniendo provisiones en las pocas casas que van encontrando. A esa altura son rastreados por helicópteros y por la
infantería. Las fuerzas de la represión ya peinaban todo el monte.
Los combatientes montoneros se movilizan de noche. Ante cada intento de salir a la ruta se ven obligados a entablar combate y deben volver a internarse en el monte. Una noche encuentran el camino que buscaban, conducía al dique Los Molinos. Toman un Citroen, pero son perseguidos y Sabino es herido en un hombro. Para avanzar, "recuperan" un colectivo. El propio Negro maneja, mientras continuaba la persecución y el tiroteo. Chocan y se internan de nuevo al monte. Llevaban más de una semana de combates y persecución, estaban casi sin munición y Sabino Navarro había perdido bastante sangre, sin recibir atención médica. Le pide a Cottone que sigua e intente salvarse, que él va a quedarse. Ante la negativa de Cottone a abandonar al compañero, Sabino se lo ordenó. "Yo no caigo -le dijo-, no quiero caer y me muero". A los 200 metros, contaría después Cottone, cuando ya se alejaba, se escuchó un disparo…
La policía lo buscó durante semanas, hasta que lo encontró, ya muerto. Estaba en una cueva escondido entre las piedras, el revolver 38 todavía en su mano derecha.
Como hicieron con el Che Guevara, le cortaron las manos, se las llevaron como trofeo y escondieron su cuerpo, enterrándolo debajo de otra sepultura.
Recién en 1974, dos de nuestros Gobernadores de la Victoria, Oscar Bidegain y Ricardo Obregón Cano, consiguieron la información del lugar en el que se encontraban los restos del Negro. Arnaldo Lizaso, otro de nuestros luchadores, colaboró con el traslado del cuerpo hasta El Cementerio de Olivos.
Fuente: www.eldesacamisado.org
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