Foto: Manuel Marulanda y Jacobo Arenas en los años 80 | archivo CNAI.

/ Por Luis Eduardo Celis*. A pocos días de que se instale en Oslo, Noruega, la mesa de diálogos y negociaciones entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc, el país recuerda cómo se dio el primer encuentro entre una delegación de un gobierno colombiano y esta guerrilla. La historia se remonta a los inicios del gobierno del presidente Belisario Betancur.
Con la intención de lograr el fin del alzamiento armado, el presidente Belisario Betancur planteó la tesis de que ésta era un conflicto que tenía unas “causas objetivas” y que lo ideal era cerrarlo en una mesa de diálogos y negociaciones. Para explorar el tema, nombró a Otto Morales Benítez como el primer Consejero de Paz y le encomendó la tarea de lograr hablar con las Farc y las otras guerrillas para emprender el camino del entendimiento.
Morales Benítez, un hombre de iniciativa y comprometido con la tarea encomendada, logró el apoyo del Partido Comunista para este propósito, logrando que la dirección, en cabeza de Gilberto Vieira, designara a Alberto Rojas Puyo, para liderar estos contactos con las Farc.
Por los canales discretos entre el Partido Comunista y la guerrilla, se logró ambientar la idea de emprender este esfuerzo y así se concertó la primera cita que se daba entre una delegación de un gobierno colombiano y este grupo alzado en armas que, para la época, no llegaba a los mil combatientes, repartidos el doce estructuras, fundamentalmente en regiones del sur y oriente del país.
El encuentro se dio en la última semana de enero de 1983. La delegación de gobierno estuvo integrada por Otto Morales,  Rafael Rivas Posada, Alberto Rojas Puyo y John Agudelo Ríos. En una crónica de la época, la periodista Olga Behar, narra así los detalles: “Viajaron hasta Colombia, un pueblito perdido del Huila. De allí, a lomo de mula durante tres horas, hasta que llegaron a una vereda, en la que estaba una casita -propiedad de un colono- en la que se encontraron con los miembros del Estado Mayor de las FARC. Estaban los jóvenes y los mayores. Los primeros vigilaban; los segundos daban su versión sobre la paz y preguntaban, ávidos de conocer los planes del Gobierno para llegar a ella”.
Al evocar el encuentro de una delegación del presidente Belisario Betancur con la cúpula de la guerrilla en 1983, Luis Eduardo Celis encuentra que casi 30 años después hay posturas que aún se mantienen y que volverán a surgir en el nuevo proceso de diálogo que se avecina.
Por parte de las Farc, participaron Manuel Marulanda Vélez, Jaime Guaraca y Jacobo Arenas. Para esa época, Marulanda y Arenas eran los jefes más destacados, Guaracas, un campesino vinculado desde el inicio de la esa organización guerrillera, rápidamente se margina de la dirección por graves quebrantos de salud y es muy posible que permanezca en Cuba; Jacobo fallecería en 1990, por muerte natural y con más de 70 años; y Marulanda muere en el 2008, igualmente anciano y con 76 años.
Al final de la reunión de dos días, la delegación gubernamental y los voceros de las Farc suscribieron un memorando conjunto, uno de cuyos apartes dice: “Debemos celebrar la propuesta para que, con la participación de todos los partidos y la de las fuerzas progresistas del país, se establezca el marco de la nueva convivencia y de la paz política nacionales, atendiendo a los nuevos desarrollos democráticos que todos los sectores políticos vienen reclamando y predicando, desde hace varios años”. Un texto escrito hace cerca de treinta años que aún continúa vigente.
Al ser preguntado Otto Morales por lo que pudo apreciar en esos dos días de conversaciones y el interés de las Farc en una salida negociada, respondió: “Les interesó cómo se van a expresar las minorías, cómo van a poder manifestarse, cómo va a ser la reforma política, si va haber o no esa reforma política. Como el Presidente Betancur ha dicho que va a hacer una reforma grande, profunda, ellos estaban convencidos de que van a poder tener expresión todos los grupos nacionales” explicó Otto Morales.
En la agenda recientemente acordada, nuevamente aparece el tema de la participación política, lo cual evidencia que es uno de los temas a resolver y que ha permanecido en las raíces del conflicto armado y uno de los asuntos que explican su larga duración, al considerar la guerrilla que no hay plenas garantías para ese tipo de expresiones.
En ese sentido, el genocidio contra la Unión Patriótica (UP), el principal acuerdo logrado en este proceso en los siguiente años para que las Farc se convirtieran en partido político, los reafirmaría en su desconfianza hacia la imposibilidad de competir y participar del debate en una democracia que no protege a quienes disienten o reclaman derechos, tema que sigue vigente hasta el día de hoy y que será materia de las próximas conversaciones.
El presidente Betancur, en comunicación dirigida a Otto Morales y por su intermedio a toda la Comisión de Paz, donde estaban representados todos los sectores políticos y diversos líderes gremiales, agradeció la gestión desarrollada ante la guerrilla y llamó a la participación de toda Colombia en este propósito nacional.
Las palabras de Betancur en esa época igualmente siguen vigentes hoy: “No dejaremos de escuchar a ninguna hora a quienes tengan una angustia, un interés por la paz. Se trata de que cada colombiano piense que puede hacer por esa paz y cuál es su responsabilidad, puesto que la tarea  no es sólo de quienes gobernamos: la obligación es colectiva. Tomar la posición de indiferentes o simplemente de críticos contra la apertura que estamos haciendo, es fácil manera de no tener identidad con la patria; es eludir la parte de   responsabilidad que a cada uno compete”.
Han pasado tres décadas desde este primer encuentro. La guerra se recrudeció y vendrían nuevos intentos por finalizarla de manera dialogada o buscando la derrota de las guerrillas. Algunas de ellas, lideradas por el M-19, hicieron pactos de paz que han sido exitosos. Ahora comienza un cuarto intento con las Farc, y con una emoción similar a la que embargó a los siete colombianos que se reunieron en tierras del Huila en enero de 1983, las delegaciones del gobierno del presidente Santos y de ese grupo insurgente emprenderán en Oslo la búsqueda de un entendimiento civilizado, que colme las expectativas que se tienen en Colombia, la región y el mundo.
* Periodista del portal ArcoIris.com.co